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Angelo Beolco, conocido como “Ruzante”, nombre del personaje más prototípico de los que creó, es uno de los más sugerentes y curiosos protagonistas del Renacimiento teatral italiano. Tanto la temática de su obra como la lengua en que escribió, el paduano, le sitúan lejos del teatro arcádico pastoril y del cortesano que estuvieron en boga en la primera parte del siglo XVI.
Sus comedias, testimonio y crónica del estado del campesinado y de sus frustraciones a comienzos del «cinquecento», se inscriben en un mundo popular, cuyos protagonistas logran sobrevivir a la guerra, la miseria y el hambre gracias a su instinto y su ingenio. Los cuatro textos recogidos por J. A. Hormigón en este volumen son buena muestra de su magnífica producción teatral, impregnada de sátira social.
«Parlamento de Ruzante que vuelve de la guerra», «Bilora»,
«La moschetta» y «Primera oración»
Edición de Juan Antonio Hormigón.
2ª edición. Madrid, 2017. 180 págs.
ISBN: 978-84-92639-98-4
Comedia a la villanesca y Teatro dialectal, bajo esos atributos se presentan estas Comedias de la primera mitad del siglo XVI, que incorporan en su acervo el uso voluntario y consciente de expresiones que marcan la pertenencia a un territorio, circunstancia que dio como fruto en su evolución una serie de personajes prototípicos que consiguieron transcender esos límites geográficos, para inmortalizarse en los famosos y hoy en día universales personajes de la Comedia del Arte, que conquistaron las plazas y patios durante la segunda mitad del siglo.
Angelo Beolco, también llamado Ruzante, nombre de su personaje más famoso, compaginó casi desde el inició el oficio de autor e interprete, incluso consiguió rodearse de un grupo de colaboradores fijos, con los que representar sus comedias. Comprometido con su tiempo, Beolco, no vuelca en sus textos una realidad complaciente, como marcaba el gusto de la época, elige por el contrario convertirse en el narrador de la vida nada amable, cargada de miseria y hambre que padecían los campesinos coetáneos a él.
Ruzante y la comedia del Campesino, así titula Juan Antonio Hormigón, responsable de la edición y traductor de algunos de los textos, el estudio realizado sobre el teatro de Angelo Beolco, estableciendo de una manera rigurosa, interesantes e inseparables paralelismo entre teatro y sociedad, al tiempo que abre guías por donde asomarse a la forma de hacer de este autor, durante largo tiempo olvidado. Además de un copioso material bibliográfico, también nos ofrece en el apartado de Representaciones, una relación de las más significativas puestas en escena que durante el siglo pasado y el presente se hicieron de su obra.
Parlamento de Ruzante que vuelve de la guerra es el título del primer diálogo que nos encontramos, cuatro personajes y una calle en Venecia dan cobijo a Ruzante, que sintiéndose en lugar seguro detiene su huida del campo de batalla y da rienda suelta a su parlamento de antihéroe, amoral, buscavidas, superviviente y que como señala Hormigón en la presentación, a su manera desmitifica y ridiculiza una sociedad, en constante estado bélico, fruto del ancestral oficio de crear imperio por las potencias de turno (liga de Cambrai 1508), en su ficción Ruzante, no entiende porque debe hacer daño al “enemigo”, tan siquiera entiende ese concepto
Ruzante.-… ¿Por qué iba a hacerlos prisioneros? ¿Qué mal me habían hecho a mí? Sin embargo intentaba capturar algunas vacas, o un caballo, pero nunca he tenido suerte.
Lo que sí acredita es el nefasto negocio que supone una guerra con la que pensaba enriquecerse, por considerarla escenario idóneo para llevar a cabo sus latrocinios: nuestro protagonista, a pequeña escala, no deja de intentar en la ficción lo que otros consiguen en la realidad amparados por la “legalidad” de una productiva industria armamentística… Hambre, eso es lo que carga Ruzante en su aciago aspecto, la guerra ni siquiera es capaz de saciar el hambre, objetivo que igual que a nuestro protagonista, movió a una gran parte del campesinado de la época.
En el diálogo, la presencia del otro siempre es una excusa para seguir hablando de él mismo; ante su compadre Menato, Ruzante despliega un sinfín de heroicidades fundamentadas en su gran hazaña de huir y lo hace a través de un divertido juego de absurdas contradicciones.
En la segunda de las tres escenas que componen este diálogo se incorpora el personaje de Juana, su mujer, que abandonada tras su partida a la guerra, ahora habita en Venecia al amparo y protección con una pandilla de bandoleros y matones. El encuentro de los esposos sigue una dinámica de reproches e insultos, que finaliza con una tremenda paliza suministrada por uno de los matones antes de partir con Juana. Presa de su cobardía y miedo, Ruzante cree haber sido atacado por un ejército de más de 100 hombres, e intenta convencer a Menato de ello; al no conseguirlo le termina por reprochar no haberle informado de que solo era uno…
Beolco hace una maravillosa pirueta en este último parlamento dando un valor absoluto al presente y al juego imaginario, los efectos de la paliza se esfuman, dejan de existir frente a la posibilidad de comenzar a imaginar una nueva fantasía, donde solo queda espacio para el disfrute.
Bilora es la segunda de las comedias que con el subtítulo de Segundo diálogo en lengua rústica, sentencioso, ingenioso y ridiculísimo, aparece en esta edición. Dividida en nueve escenas, Beolco repite estructura e, igual que en la anterior, nos adentra en la comedia y presenta personajes protagonistas a través de monólogos.
Bilora, campesino sin tierra, maldice su suerte al descubrir que Dina, su mujer, le ha abandonado y se ha ido con el viejo y rico Andrónico. Para conseguir recuperarla requiere la ayuda de su compadre Pitaro que le confirma la realidad de los hechos y le aconseja un acercamiento inteligente y sin reproches.
En la tercera escena y engatusado por las quejas que Dina dirige hacia el viejo, Bilora recobra la esperanza de recuperarla y al mismo tiempo sacar de esta empresa algo de dinero. El monólogo con el que se presenta Andrónico nos dibuja un anciano rematadamente enamorado de la mujer, que si en un principio fue la lujuria lo que le atrajo hacia ella, ahora fantasea y se deleita al pensarla como compañera y báculo de su vejez. La comedia continua con el plan ingeniado entre Bilora y Pitaro, este último confesará al anciano el engaño del que es víctima por parte de la mujer y le instará a devolverla a su auténtico esposo. Incrédulo de lo que escucha, Andrónico llama a su amada para que desmienta las acusaciones de Pitaro y se defienda: el juego está servido y Dina no hace otra cosa que ser la voz de su amo y decir lo que este quiere oír; la comedia se precipita hacia un final en el que Bilora apuñala al anciano. Es curioso cómo Beolco trasciende la emoción de la acción y nos invita a entrar guiados por la palabra en un juego de preparación y ensayo de la acción que se ejecutará a continuación, sin salpicar emoción, juicio moral o duda, sus personajes son pura acción.
Bilora.-… Primero sacaré el cuchillo. Déjame ver si brilla; mierda, no brilla mucho; no le dará demasiado miedo. Y ahora supongamos por ejemplo que este muro sea él y que yo sea yo, Bilora, que sabe acocear bien cuando quiere…
Después le cogeré la casaca y se la pillaré y lo dejaré en pelotas de pies a cabeza; y después me largo…y le dejo ahí tirado como la boñiga de una vaca. Y después venderé su tabardo y me compraré un caballo y me ire a la guerra. De todas maneras tengo pocas ganas de quedarme en casa.
La Moschetta es de las tres, la pieza más coral y elaborada a nivel de personajes y estructura dramatúrgica; dividida en cinco actos y un prólogo, Beolco sigue utilizando los monólogos para mostrarnos el sentir, las fábulas, deseos de los personajes e inmediatamente dar paso a la acción. En esta ocasión Ruzante y Betia ya han abandonado el campo y habitan en los suburbios de la ciudad, sus hábitos parecen haber cambiado, aunque el hambre y la miseria continúan siendo sus incondicionales compañeros de viaje.
Menato, es quien abre la pieza confesando la añoranza y el amor que siente hacia la mujer de su engañado compadre, en su intento de volver a conseguir los favores de Betia, elabora una trampa y convence a Ruzante para que disfrazado, vaya a su casa y finja ser otro, y así comprobar la lealtad de su mujer. Éste, inocente, acepta el juego, provocando en Betia un simulado y terrible enfado, que utiliza como excusa para abandonar la casa y despechada refugiarse en casa de Tonino, soldado bergamasco con quien la hemos visto mantener también un juego de seducción y conquista.
Entre medias, Ruzante lo mismo festeja el dinero que por engaño ha usurpado a Tonino al fingir que le han robado, como fabula ser víctima de unos bandoleros que le despojan del disfraz con el que su compadre Menato le invita a engañar a su mujer. Mientras el resto de los personajes giran y construyen sus fantasías y expectativas a su alrededor, Ruzante sigue siendo víctima de sí mismo, de su propia fabula, y de la incapacidad de encontrar su espacio en ese mundo, en esta pieza, más que en el primer diálogo, sufre un carrusel de engaños que es incapaz de descubrir, por estar siempre atrapado en sus propias mentiras.
Prima Orazione (Al reverendísimo Cardenal Cornaro el viejo) de la que tan solo se ofrecen algunos fragmentos, es el último de los escritos publicados, a modo de petición como reza su título. En ella una única voz se presenta como representante electo de los más desfavorecidos y solicita de una manera divertida, original y rotunda que los campesinos, la gente llana, puedan gozar de los mismos beneficios y derechos que los ciudadanos, ofreciendo recursos y soluciones para ello.
… Pues con estos excrementos de Padua, siempre prestos a entrar en nuestras mujeres, sucederá que por tener cuatro se harán todos campesinos y todas las ciudadanas harán lo mismo a fin de tener cuatro hombres; y gracias a esta fantasía se restablecerá el orden. La inamistad y la envidia desaparecerán, pues todos formaremos una sola familia; y todas las mujeres estarán embarazadas…
Cuando nos asomamos a estas páginas, de alguna manera sentimos que en ellas se encierran el germen de libertad imprescindibles para la creación de nuevas formas o estructuras teatrales, que derivan de la obstinación por hacer de este lenguaje un espacio de reivindicación y comunicación con… De ahí ese sentimiento de vuelta al origen, de sabor a verdadero teatro; no es casual que nos encontremos después de 26 años -la literatura dramática genera sus propios paradigmas-, con esta segunda edición de las Comedias de Ruzante, ya publicadas en 1991 por la ADE, que nos vuelve a dar la oportunidad de asomarnos a unas magistrales páginas de la historia del teatro, refrescarnos el poderoso concepto de juego escénico y, por qué no, desde ellas, reflexionar sobre nuestro presente, dentro y fuera de la escena.
Rosa Briones





































































































































