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Por la Residencia Teatral

En el Seminario que debiéramos haber celebrado en Mariñán en 2020, y que finalmente celebramos en 2021, y en el que nos ocupamos de los teatros, su funcionamiento y la dirección de escena, pudimos volver a pensar y analizar algunas experiencias que muestran y demuestran que caben otras formas de organizar el teatro en nuestro país. Experiencias que se asientan en algo tan sencillo como lógico, y es que los teatros sean centros de creación y difusión teatral, animados y mimados desde el interior por compañías residentes que dotan de contenidos al continente, y pueden serlo de teatro pero también de danza.

En el Seminario de Mariñán diferentes personas reclamaron que algunas de las ideas más substantivas allí expresadas, exploradas, comentadas o debatidas, se trasladasen a un documento que justificase, fundamentase, explicase e incluso ejemplificase ese modelo de trabajo que una y otra vez se refirió como “residencia teatral”. Aunque en todo momento se supo y se quiso diferenciar entre la Residencia Teatral, que dota de sentido y contenido a un teatro de forma permanente mediante el trabajo de una compañía residente en el mismo, y esas otras “residencias”, puntuales y/o técnicas, que suelen trufar la programación de tantos teatros y auditorios, pero con una orientación totalmente diferente. En Mariñán se apostó por un modelo que implica convertir el teatro en base permanente de operaciones de una compañía (o asociación de compañías), que, en tanto residente, desarrolla en el mismo un proyecto a un tiempo artístico social y cultural, que mantiene abierto y activo el teatro todos los días del año (o casi).

La Residencia Teatral, supone que las trabajadoras y los trabajadores del teatro tengan acceso a los medios de producción, para, con ellos y desde ellos, prestar un servicio público, cual es el de promover, potenciar y garantizar, mediante las programaciones del teatro y muchas otras actividades, el derecho constitucional de acceso a la cultura. Una idea que venimos defendiendo desde hace tiempo en numerosos artículos publicados en nuestra revista ADE/Teatro, y más especialmente en nuestras Bases para un proyecto de Ley del Teatro, o en las 35 o las 44 propuestas para la gobernación de los teatros en España. A lo cual sumamos ahora dos nuevos documentos, respondiendo así a la petición formulada en el Seminario de Mariñán, y con los que iniciaremos a lo largo de este año de 2022 una campaña de promoción y defensa de la Residencia Teatral como única alternativa para el pleno desarrollo del teatro en nuestro país, para combatir la precariedad, aumentar la estabilidad, y defender nuestro derecho a ejercer nuestras profesiones en unas condiciones materiales dignas.

Una campaña que buscará fortalecer algunos proyectos privados de residencia ya existentes, impulsados en algunos casos por asociados y asociadas y ejemplos notables de buenas prácticas, y para alumbrar nuevas residencias, con la colaboración necesaria de entidades fundamentales como la Federación Española de Municipios y Provincias, y el apoyo de las Comunidades Autónomas y del Ministerio de Cultura y Deporte.

Como viene siendo habitual, la ADE, en su defensa de la Residencia Teatral, jamás asumió una posición corporativa, porque nuestra propuesta busca el pleno desarrollo de todas las profesiones del teatro, en tanto el acto teatral precisa de una acción colectiva a la que cada una de esas profesiones aporta sus saberes y sus formas de hacer. Es por ello que pediremos a otras asociaciones, que agrupan esas otras profesiones tan necesarias, que se sumen a esta propuesta de demandar líneas de fomento de la Residencia Teatral, a partir de proyectos piloto que muestren sus posibilidades y su viabilidad, y que nos permita contar a medio plazo en España con una organización teatral equiparable a la de cualquier otro país de nuestro entorno.

Una acción que esperamos conjunta y coordinada, y en la que, desde nuestra propia Asociación, realizaremos todas aquellas acciones que, estando a nuestro alcance, permitan su desarrollo. Y una de ellas, tal vez la más fundamental, consiste en fortalecernos como Asociación porque la unión nos da la fuerza necesaria para proponer, negociar, deliberar o concertar. El actual estado de cosas en el ejercicio profesional en el campo teatral exige medidas urgentes y radicales para su mejora substantiva. La Asociación está dispuesta a hacer cuanto sea necesario en la defensa del derecho a vivir dignamente ejerciendo la profesión teatral, y por eso sería bueno que cada asociado y asociada de la ADE se plantee qué puede y qué debe hacer para ayudar a lograr ese objetivo compartido. Es hora de luchar, de forma mancomunada, por el presente de todas y de todos. En la unión, podremos.

Junta Directiva de la ADE

Revista ADE-Teatro nº 188 – Marzo 2022