Índice de reseñas
Hernández Pino, Emilio: La galera. Martín Recuerda, José: El teatrito de don Ramón (Edición de César Oliva)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2006. (Serie: "Premios Lope de Vega", 5). 208 páginas.
Continuando el proyecto iniciado hace tres años
por las Publicaciones de la ADE y el Ayuntamiento de Madrid, para la recuperación
de las obras galardonadas con el Premio Lope de Vega a lo largo de su historia,
aparece el volumen 5 de esta colección que contiene los textos correspondientes
a las convocatorias de 1957 y 1958: La galera, de Emilio Hernández
Pino y El teatrito de don Ramón, de José Martín Recuerda.
Como señala César Oliva, responsable de la edición,
se trata de dos obras que dan perfecta idea, en términos históricos,
"de una dramaturgia que termina y otra que empieza" (p.11), representadas,
respectivamente, por dos generaciones muy distintas de escritores. Y es
precisamente este contraste uno de los elementos más significativos
de su coincidencia en el mismo volumen.
Emilio Hernández Pino, que consiguió el premio en 1957 con
La galera, es un autor atípico en los escenarios del momento, con
algunas obras publicadas y estrenadas antes de la guerra civil, aunque su
escritura se inscriba claramente dentro de una corriente convencional de
corte conservador.
La galera "responde al modelo habitual de la comedia española
de posguerra" (p. 23), estructurada en tres actos, con un único
espacio y un tiempo que se atiene a la norma aristotélica. Su temática
sigue la estela de los "dramas de tesis", en los que los problemas
morales o de conciencia son el eje central. Fue éste un género
que alcanzaría notable relevancia durante un buen período
de la posguerra española y uno cuyos éxito más recordados
fue La muralla de Joaquín Calvo Sotelo, estrenada en 1954, tres años
antes de La galera de Hernández Pino, en cuyo título no resulta
difícil encontrar ecos de aquélla.
La galera centra su argumento en una serie de personajes de buena posición
social, comprometidos por su presencia en un espacio y circunstancias indecorosas,
que a lo largo de una noche intentan ocultar ante la ley el crimen cometido
por uno de ellos (que, como era habitual en los dramas de la época,
sucede fuera de escena). La llegada del joven Salvador, embargado de un
hondo sentimiento cristiano que le impide aceptar la evasión de la
culpa y de la penitencia que lleva consigo el pecado, dará al traste
con todos los preparativos. Su fe y su "intransigencia con la verdad"
calan en la conciencia de Julia, que finalmente optará por llamar
a la policía, a costa incluso de entregar a su padre a la justicia,
convencida de la necesidad de "confesar nuestras culpas y pagar lo
que debamos por ellas" (p.131).
Como explica César Oliva, "pocas veces como en esta obra se
puede apreciar una mayor identidad entre texto e ideología [...]
Todo se arregla por la fe, es decir por el espíritu religioso de
quien tiene la fe, de quien cumple las normas divinas" (p.33-34). Se
trata, en cualquier caso, de un texto imbuido de voluntad moralizadora y
representativo del panorama ideológico dominante en la época.
En muy diferentes parámetros se sitúa la bien conocida El
teatrito de don Ramón, de José Martín Recuerda, destacado
representante de la llamada "generación realista" surgida
al filo de los años 50. El estreno de Historia de una escalera, de
Buero Vallejo, Premio Lope de Vega 1949, había marcado el "inicio
del cambio de unos hábitos escénicos, propios de la posguerra
española, por otros, en los que se iniciaba cierta idea de contestación.
Muy en esquema fue pasar del conservadurismo a la renovación, de
la intrascendencia a la reflexión, de la comedia al drama" (p.11).
Y aunque la denominación de "realistas" no aparecería
hasta principios de los 60, el término ha quedado como designación
para agrupar a un conjunto más o menos amplio de autores "que
hacía dramas con contenido social, y que sin tener características
comunes demasiado definidas, se unían en la oposición a los
establecido" (p.12).
En el caso de El teatrito de don Ramón, primer estreno profesional
de Martín Recuerda, sus características anuncian "la
mayoría de los temas más queridos por el autor, como es la
incomprensión del hombre y el terror a la soledad" (p.43). La
acción, como pronto señalaron la crítica y los estudiosos
de su obra, es mínima: "la representación que don Ramón
ofrece del Milagro de Teófilo, versión del famoso texto de
Berceo, en la buhardilla de su casa, a amigos y vecinos. La primera parte
de la obra se dedica a los preparativos de dicha representación;
la segunda, a la función propiamente dicha y a las reacciones que
origina" (p.48). Y ciertamente el texto aparece teñido de una
poética personal que se perfila especialmente en presentar al conjunto
de personajes marcados por el halo de la frustración: "Todos
han intentado algo en la vida que no les ha salido; principalmente dedicarse
al teatro, símbolo de sus máximas aspiraciones y de sus máximas
frustraciones" (p. 49)
Más allá de los valores dramáticos de esta obra, que
figura ya como uno de los títulos señeros de la historia de
los Premios Lope de Vega, su inscripción en la realidad teatral de
la época le otorga una resonancia especial. Mas aún si se
la pone en relación con el resto de la producción dramática
del propio autor, que conseguiría otro "Lope de Vega" en
1975 con El engañao. Porque, como acertadamente señala Oliva,
sus protagonistas "con don Ramón a la cabeza, procuran llamar
la atención sobre los pequeños y grandes problemas del ser
humano: la soledad, el amor ausente o el amor incomprendido, los celos,
la ilusión, la intolerancia, la envidia..."
César Oliva ha estructurado su edición a partir de un destacable
estudio preliminar, que presenta y analiza tanto el contexto general como
el sentido particular de las dos obras incluidas. Sendos apartados sobre
la escena española de finales de los años cincuenta y sobre
la "generación realista" -tema bien estudiado por Oliva
en otras monografías de referencia- abren su introducción
y aportan el marco imprescindible para los específicamente dedicados
a los autores y sus obras.
Oliva establece una metodología sistemática que se revela
esclarecedora y de gran utilidad para el estudio de ambos textos. Tras aportar
un apunte biográfico y un repaso general de la producción
teatral de los escritores, describe detenidamente las características
formales de los textos ahora editados, analizando su estructura, los elementos
escénicos y los acontecimientos dramáticos en ellos contenidos,
así como cada uno de los personajes que los componen, sin olvidar
tampoco los aspectos ideológicos y de sentido que se desprenden de
ambas obras. Incluye también numerosos datos sobre las circunstancias
de sus estrenos y la recepción crítica de los mismos.
En el caso de La galera, concluye su examen con un breve epígrafe
dedicado a presentar las relaciones entre la sociedad y la censura en la
España de finales de los cincuenta, especialmente pertinente para
entender tanto las prevenciones de Emilio Hernández Pino sobre la
acogida de su obra como los contenidos que la animan. Por su parte, el dedicado
a El teatrito de Don Ramón se cierra con algunas reflexiones sobre
el personaje creado por Martín Recuerda y su relación con
otros protagonistas de su producción dramática.
Una más que acertada recuperación, en suma, de dos textos
teatrales significativos del patrimonio literariodramático español
de posguerra, cuyo entramado parece perfilarse cada vez con más nitidez,
gracias entre otras a ediciones como las que viene desarrollando la ADE.
Federico Martínez Moll




