Artículos y noticias

Sin ánimo de lucro

2009-11-01

 

Por Juan Antonio Hormigón.

Desde su fundación, la ADE ha sido una entidad cultural y profesional inscrita en el Registro de Asociaciones sin ánimo de lucro. Sus Estatutos desde un principio y en las diversas modificaciones introducidas con las pertinentes aprobaciones de su Asamblea General Extraordinaria, le han dotado de la capacidad de acometer un amplio abanico de tareas ligadas al desarrollo de las artes escénicas y la cultura.

Gracias a todo ello, desde hace años la ADE se ha definido y desarrollado también como una empresa cultural, si bien sigue sustentándose en la ausencia de ánimo de lucro. La Asociación tiene contratados a una serie de colaboradores fijos y otros externos, y paga sus nóminas pertinentes y su seguridad social; efectúa las declaraciones y abonos trimestrales del IVA, así como los derivados de las retenciones del IRPF; declara el impuesto de sociedades; abona la licencia fiscal como editora de libros y revistas; unos y otros llevan su número de registro en el ISBN y en el ISSN, etc. Nada que no haga cualquier otra empresa, sea una sociedad anónima, limitada, cooperativa o unipersonal. No hacemos sino cumplir con la legislación vigente en este terreno.

Lo sorprendente es que contribuyendo con los mismos impuestos que cualquier otra empresa, diversas convocatorias del Ministerio de Cultura para ayudas a la acción cultural o de infraestructuras, nos impidan, a nosotros y a todas las entidades sin ánimo de lucro, optar a las mismas, señalando expresamente que sólo pueden concurrir empresas mercantiles. Hay dos campos que nos afectan: el de las ayudas a la publicación de libros (Dirección General del Libro), y el de desarrollo de infraestructuras (Dirección General de Políticas e Industrias Culturales). En ambos casos las entidades sin ánimo de lucro quedan fuera de cualquier opción al respecto.

Las consultas que hemos llevado a cabo nos han insistido en sus respuestas en el posible carácter anticonstitucional de dichas normativas. Suponíamos que era así. Parece evidente que unas entidades que asumen el sistema impositivo y de relaciones contractuales con sus colaboradores igual que el de las empresas mercantiles, no pueden ser eliminadas porque sí de optar a un tipo de ayudas que afectan a su actividad.

Creemos que la noción “sin ánimo de lucro”, debiera ser un elemento positivo en la acción cultural y no algo que merece castigo, porque castigo parece ser lo que se les aplica en muchos casos. Este concepto se maneja no pocas veces de forma torticera, como si pretendiera desacreditar la labor que se lleva a cabo desde dichas instancias. Incluso se buscan apreciaciones pueriles respecto a quienes desarrollan la acción cultural desde entidades de este tipo, considerándolos unos ingenuos, unos cándidos o unos tontos de baba. No cabe duda que se equivocan de medio a medio. Sin ánimo de lucro no es sinónimo de pureza o idiotez angelical ante los recursos.

Muchas entidades que se acogen a este principio saben muy bien lo que cuesta mantenerlas, retribuyen en la medida de lo posible los trabajos de sus colaboradores y pagan con puntualidad a sus proveedores. Cuentan en ocasiones, eso sí, con aportaciones de trabajo voluntario o con las cuotas de quienes las integran. No eluden la obtención de beneficios que sean fruto de los servicios que puedan prestar a terceros o de la comercialización de los bienes materiales o intelectuales que generen. La diferencia estriba en que dichos beneficios revierten en la propia entidad para hacer posible su desarrollo y favorecer su emprendimiento en las tareas que lleva a cabo. Los beneficios no se reparten entre los componentes de la misma, como hacen quienes integran una entidad mercantil o unipersonal que trabaja para ello, sino que se establecen como bien del colectivo que los genera y propenden al beneficio social.

Dados los valores que se han privilegiado en la España de los veinte últimos años, no puede sorprendernos que esto sea así. No es difícil toparnos con cargos públicos que aluden antes a la cuenta de resultados que al valor y calidad de aquello que se realiza. Más aún, con frecuencia lo desconocen con total impunidad. Parece que el ánimo de lucro sea un bien en sí mismo que garantiza la seriedad de un proyecto. De hecho podríamos deducir que empresas dedicadas al latrocinio y el expolio de recursos públicos de forma directa o indirecta, disfrutan de gran prestigio social, de respetabilidad y de consideración por determinados poderes públicos, hasta que un día, ¡oh sorpresa!, se descubre que eran una cueva de ladrones con fachada digital. Puedo poner el ejemplo de Orange Market -los epítetos anglosajones son de gran porte-, pero hay muchas, muchas más.

En sucesivas ocasiones hablé con Directores Generales del Libro del Ministerio de Cultura, haciéndoles ver la sinrazón de la norma existente en el apartado de ayudas a la edición. Unas veces me respondieron que lo estudiarían; otras recurrieron al viejo y denigrante truco de no responder a mi carta y aducir que no la habían recibido; en ocasiones se cayeron de un guindo, reconocieron que era verdad lo que decía y que habría que hacer algo. Como es habitual en nuestro país todo sigue igual, como nuestra ley electoral que constituye un atropello antidemocrático a la voluntad de los votantes. Entre tanto, nuestras publicaciones han alcanzado hasta la fecha más de doscientos títulos, aunque para la Dirección General del Libro seamos no reconocibles. Entre tanto, estamos en plena reelaboración de nuestra página Web, para mejorar y simplificar sus prestaciones e incluir nuestra Librería digital ADE, que permitirá la adquisición de nuestros libros y revistas en países de difícil distribución. Tampoco la Dirección general de Industrias Culturales ha tenido a bien considerarnos susceptibles de percibir una ayuda para ello.

Todo sigue igual que siempre en este Ruedo Ibérico con sus Cortes de los milagros varias, porque los intereses de los “grupos amicales” o de quienes buscan su lucro individual se sitúan siempre por encima de quienes pretendemos que el trabajo se pague bien, los beneficios reviertan en la propia entidad y los bienes culturales producidos se difundan del modo mejor y más amplio en la sociedad.

El depredador económico suele disfrutar de más lustre mediático que quien pone su esfuerzo en un trabajo solidario, y en consecuencia así lo percibe la masa, esta sí candorosa o necia.

 

Revista ADE-Teatro nº 128 (Noviembre-Diciembre 2009)

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Artes escénicas e industria cultural

2009-11-01

 

Por Manuel F. Vieites.

En el pasado XV Congreso de la ADE, celebrado en Las Palmas de Gran Canaria, se suscitó un interesante debate en torno a las industrias culturales y a la posibilidad de que las artes escénicas debieran o no ubicarse en ese ámbito, toda vez que la clase política, o un sector al menos, ha optado por hacerlo. El debate nacía a partir de una propuesta de Alex Rigola, que reclamaba se dejase de hacer uso de tal terminología, “industrias culturales”, sobre todo por parte de los organismos públicos con competencias en acción cultural. No le faltaba razón. En diferentes trabajos publicados a lo largo de los últimos años, en la Revista ADE-Teatro se ha insistido en el hecho de que las artes escénicas no debieran catalogarse como industrias, en tanto no siguen la pauta de la producción o la difusión industrial.

Con todo, no es menos cierto que esos organismos públicos aludidos han incorporado el término a sus estructuras organizativas, al punto de que las artes escénicas se han visto integradas en agencias de industrias culturales. Eso sitúa a muchos colegas con responsabilidades en la gestión de compañías u otros espacios y eventos en una difícil situación, en tanto deben actuar como si su campo de trabajo fuese una industria cultural, y la única vía de relación que les ha dejado la administración es ese territorio de las agencias en que la producción audiovisual, la producción editorial o la producción discográfica conviven con otras “producciones” que, como se ha dicho, exigen otros procesos de creación y difusión.

Cataluña se apropió del término industrias culturales por mimetismo con Quebec, y se crea el Instituto Catalán de las Industrias Culturales. Galicia, siguiendo el ejemplo de Cataluña, crea la Agencia Gallega de las Industrias Culturales, y el Ministerio de Cultura, siguiendo la misma senda del mimetismo, anunciaba no hace tanto la desaparición del INAEM y la creación de una Agencia similar. El ejemplo ha cundido, y por aquí y allá florecen organismos públicos que adoptan el sintagma en su denominación. Curiosamente países como Inglaterra, Canadá o los Estados Unidos de América, que no destacan precisamente por sus políticas de intervención pública en materia cultural, o sí pero de otra forma, siguen operando con denominaciones más acordes con la substancia del campo: “Arts Council”, “Canada Council for the Arts” o “National Endowment for the Arts”, respectivamente. Tal vez porque quieran separar las manifestaciones artísticas que se promueven desde esos organismos y la “industria del entretenimiento”, o “show biz”, con un marcado carácter comercial. Pero en países diversos, como Australia, por ejemplo, asoma el término “creative industry”, si bien el concepto está muy próximo al de “cultural industry”. Con todo, cabría un análisis en profundidad porque la extensión en el uso del término lleva pareja la crítica al mismo. También cabría considerar las manifestaciones de las que se ocupa el Arts Council del Reino Unido, y ver cómo existen otras organizaciones para otras manifestaciones tal que el UK Film Council.

Las razones de que las artes escénicas no puedan ser consideradas como industrias culturales se deben a la naturaleza de sus procesos de creación, difusión y recepción, de los que ya hablaron en su día William J. Baumol y William G. Bowen en un conocido estudio en el que acuñaban el sintagma “cost disease” (fatalidad de costos) como característica fundamental de las artes en vivo como la danza, el teatro, el circo, la ópera o el ballet, además de estilos musicales concretos. De todo ello ya se ha hablado en las páginas de esta revista en numerosas ocasiones y por extenso. No se trata ahora de reproducir cosas escritas al alcance de cualquier persona interesada en recuperarlas en los índices de nuestra revista.

Se trata, más bien, de señalar que el debate en torno a las industrias culturales no quiere convertirse en una cuestión bizantina, un diálogo de sordos o una pura disquisición terminológica. Quiere situar las artes en su territorio preciso para mostrar que unas requieren un tipo determinado de tratamiento en la acción de gobierno, y otras de otro tratamiento bien diferente, porque no es lo mismo la música rock que la música clásica, como también son diferentes la difusión del libro y la difusión de la danza. En el primer caso, la música rock permite pocos músicos para grandes aforos mientras que la música clásica convoca muchos músicos en espacios mucho más reducidos. En el segundo, el libro no lleva consigo al autor o al corrector de pruebas ni la prensa, en tanto la compañía de danza no sólo lleva al elenco sino a un conjunto de técnicos necesarios para la (re)presentación. En esas diferencias establecían Baumol y Bowen el denominado “cost disease”.

No podemos ser las víctimas de las trampas del lenguaje que a veces se utilizan en provecho de unos pocos. Es preciso exigir un uso adecuado de los conceptos para no confundir churras con merinas, aunque todas sean ovejas. Las industrias culturales tienen su razón de ser en los procesos de producción y difusión de un producto susceptible de ser seriado, con independencia de que un producto pueda atesorar una condición artística enorme. La impresión de Rayuela se puede hacer con costos cada vez más reducidos, debido al favorable impacto de determinadas tecnologías, en tanto los de la puesta en escena de Ricardo III aumentan día a día por las mismas razones. Y no deja de ser curioso que la Sociedad General de Autores de España se dedique precisamente a la explotación comercial de los productos culturales “industrializados”, porque ahí es donde está el negocio. Por eso, precisamente, ha dejado fuera de su negocio a los creadores de las artes escénicas.

Exigir a las administraciones un mayor rigor en el uso de conceptos tiene como finalidad el que entiendan que el Mediterráneo ya hace milenios que es mar conocido, e incluso que hace siglos que el petróleo se conoce. También persigue que la acción de gobierno en el campo de las artes se realice en función de aquello que hace que las artes sean lo que son y no otra cosa, o no cualquier cosa. Bueno es que determinadas actividades, sean artísticas o no, se aprovechen de las ventajas de una “industrialización” racional y cualitativa, pero las artes escénicas exigen otras políticas y otras orientaciones.

No pretendemos con esta nota analizar a fondo el problema ni resolverlo, tan sólo llamar la atención sobre su existencia. Y decir, para concluir, que debieran ser las administraciones públicas las que supieran cómo establecer los organismos más adecuados a cada ámbito de acción de gobierno. Hace tiempo que el término “de instrucción” fue substituido por el “de educación” tras la palabra Ministerio. Pues eso, que tal vez términos como “industria cultural” o “industria creativa” sean más propios de épocas ya pasadas, aunque no falte quien siga anclado al pasado.

 

Revista ADE-Teatro nº 128 (Noviembre-Diciembre 2009)

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Desolación: Exordio otoñal

2009-09-01

 

Por J. A. Hormigón.

1

Un escritor dijo muchos años aquello que repetimos en ocasiones: "Son malos tiempos para la lírica". ¿Los hay buenos? Pero aquel escritor se refería al ascenso rampante del fascismo y a las persecuciones y calamidades que representaba. La situación no es la misma, puede que porque el color de las camisas ya no sea negro, pardo o azul mahón, y se prefieran los trajes de marcas decorativas, también los de señora, al uniformismo de batalla.

No puedo dejar de pensar en ello cuando medito sobre los avatares de la cultura. Hay casos en que se da un tipo de persecución administrativa que pretende controlarla en términos absolutos. Para los desmemoriados recordaré que tras la rebelión militar de 1936, el general Saliquet que acabó con la legalidad democrática en Valladolid, emitió un Bando poco después con la lista de libros que quedaban prohibidos. Sólo a manera de ejemplo señalo que en la misma figuraban todas las obras de Pérez Galdós o de Juan Ramón Jiménez. ¡Y se decían los salvadores de España!

Pero es bien sabido que existen otras formas de  agresión a la cultura, aquellas propias de un sistema económico que pretende reducirla a mercancía que se compra y se vende sin más. Este imperativo es mucho más sutil y no sólo define la consideración que una comunidad confiere a los dones culturales, sino que establece el sentido real de la gobernación democrática. Ya sé que esto es lo mismo que pedir peras al olmo en un país como el nuestro tan construido sobre apariencias y tan renuente a las convicciones veraces, pero al menos que no se diga en el futuro que nadie lo recordó en este presente.

 

2

Se prevén tiempos oscuros para la cultura, aún más. Los recortes presupuestarios que se anuncian van a repercutir de forma particularmente negativa en el segmento cultural, y me atrevo a añadir que de modo más preciso en el teatro. No hay que olvidar que España tiene uno de los presupuestos más bajos de Europa en este capítulo. Es tanto el desprecio gubernamental de cualquier apariencia que se ha mostrado respecto a la cultura como tal, tanta la ignorancia o deliberada ocultación de cómo funciona en la Europacomunitaria, que nadie alude con responsabilidad a lo que representa y supone, incluso en el campo económico. Detrás siempre late la consideración de oropel, mercancía o lustre turístico.

La crisis profunda de un sistema basado en un dinero ficticio y una ambición y voracidad obsesa de unos cuantos, ha traído esta catástrofe. Es sorprendente los esfuerzos mediáticos de quienes están comprometidos con los depredadores y cobran por ello, para difuminar a los verdaderos responsables y que parezca que son los asalariados los causantes del problema, o todos aquellos que justamente plantean la introducción de transformaciones y mecanismos de control de tanta desvergüenza depredadora. Pero el caso es que las consecuencias, el paro sobre todo, adquiere un volumen que cualquiera puede deducir como riesgo que desemboque en un conflicto social. Ahora vemos que se aró en el agua, se edificaron castillos en el aire, y aquellos "listos" y "príncipes de la fortuna", eran simplemente unos delincuentes. Los gobernantes miraban a otro lado y eran sensibles a sus cantos de sirena.

 

3

¿Qué culpa tenemos los ciudadanos? Quizá que no supimos votar a quien era más adecuado. ¿Pero había alguien que tuviera potencialmente dicha condición? Parece que el sistema aquí y ahora determina que quienes más formación tienen en las diferentes parcelas de la acción del Estado, deben quedar lejos de las tareas de la gobernación. Son las lacras de la derrota de la Ilustración: ¿Recuerdan mi editorial precedente?

Todos los días nos encontramos con propuestas o decisiones de los unos que cortan el aire, y nos hunden en un escepticismo abrumador. Todos los días oímos insensateces y barbaridades de los otros, emitiendo afirmaciones lapidarias respecto a cuestiones que son falsas y fáciles de comprobar: leer no parece un don frecuentado por unos y otros y los de más allá. Obviamente el horizonte ofrece signos de una desolación absoluta, que también supone un signo relevante de quebrantamiento social. Quizás no les importe porque se ve menos, pero asfixia nuestro ser como nación, que no es poco.

 

4

Me parece ridículo tener que escuchar a Rajoy equiparando el saludo romano del fascismo con el puño cerrado de socialistas y comunistas. Es ignorancia, ¡qué le vamos a hacer! Se ha olvidado de que la Unión Soviéticafue un componente sustantivo de los Aliados, junto a Estados Unidos y Gran Bretaña, cuando hubo que derrotar en una guerra terrible a los regímenes fascistas, excepción hecha del franquismo, que así nos va.

Encuentro ejemplar el discurso de Obama a las dos Cámaras legislativas estadounidenses, en defensa de su proyecto de seguridad social pública. Estuvo pleno de convicción, de razones, de informaciones y de sentido común. Sacó pecho ante la harka conservadora, blancos del partido republicano, que le exhibieron en carteles comparándolo a Hitler por pretender que la cobertura médica llegara a todos. Muy lejos aún, en cualquier caso, de lo que existe en Europa y que ni unos ni otros se atreverán a modificar. Las convicciones deben servir para encarar los problemas con solvencia e igualmente con decisión.

Este exordio otoñal no tiene ya ni tintes de ironía, sólo desolado escepticismo y también mucha rabia contenida ante lo que nos espera.

 

Revista ADE-Teatro nº 127 (Septiembre-Octubre 2009)

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Tardofranquismo y función pública

2009-09-01

 

Por Manuel F. Vieites.

No se entienden muy bien las resistencias probadas, proclamadas y aventadas de determinados creadores a abandonar el puesto para el que fueron nombrados por medio de un procedimiento arbitrario, discrecional y subjetivo: el dedo. Recuerdan formas de hacer de otros tiempos en los que la connivencia con el régimen, hablo de la dictadura de Francisco Franco y de otros muchos, permitía obtener y mantener cargos y todo lo demás. Tampoco se entienden las encendidas defensas de algunos plumíferos ante supuestos agravios cometidos en las personas que se aferran a la silla, podría decir poltrona, y no quieren soltarla, tal vez porque seguramente piensan que son las únicas personas capaces de desempeñar el cargo, lo cual no deja de tener su gracia, en tanto ese acto de autoafirmación supone la descalificación inmediata de cualquier competidor, cuando no una deslegitimación poco amable y razonable del otro, de lo que no es la misma mismidad.

Los cargos de libre designación tienen eso, que también son de libre destitución. Y está claro que eso no debe ser así, ni la libre designación ni la libre destitución. La designación debe hacerse mediante un concurso público que permita elegir proyectos y no personas, es decir elegir proyectos presentados por personas y no personas para que luego hagan su proyecto. Y elegir los mejores proyectos y los más adecuados a la institución de que se trate, para lo que las instituciones deben contar con un Consejo Rector, de Dirección, o Patronato, que fija la Visióny la Misiónde la Institución, sus finalidades y aprueba cada Plan Estratégico. Y ese Consejo o Patronato elige mediante concurso la persona más capacitada, cualificada y adecuada para el desarrollo de esa Institución y de sus finalidades. Así ocurre en muchos países en los que los directivos están al servicio de las Instituciones y no al revés.

Y cuando la designación ya no es libre, es decir, ya no se ejecuta con el dedo, sino que implica un procedimiento público, la destitución deja de tener sentido, porque el nombrado tiene un nombramiento con fecha de caducidad, que puede ser prorrogado o no, según lo establecido en el concurso y en el contrato. Y eso ocurre en muchas instituciones, tan importantes o más, que aquellas que ahora nos ocupan, como el Museo del Prado o el Reina Sofía. En algunas incluso el sistema es mucho más democrático, porque un director de una escuela infantil o un rector de una universidad, se somete a un proceso de elección en el que participa la comunidad escolar. No estamos equiparando instituciones ni reclamando un proceso de elección similar, sino comparando responsabilidades y actitudes, formas de ejercer la función pública. 

Para evitar arbitrariedades y discrecionalidades el Ministerio de Cultura y el INAEM pusieron en marcha un Código de Buenas Prácticas de aplicación obligada dado que la norma es letra del Boletín Oficial del Estado. La insumisión anunciada de algunos artistas y el apoyo decidido de alguna plumífera, nos recuerdan la actitud de la iglesia católica o del Partido Popular, y otras asociaciones de raíz tradicionalista y pensamiento ultraconservador, frente a la asignatura denominada Educación para la Ciudadanía. Másgrave todavía resultaría que desde el Ministerio de Cultura se muestre comprensión con esos casos, lo que supondría una invitación a conculcar la norma y la asunción de la idea de que ante la Leyhay ciudadanos más iguales que otros. Son voces conservadoras, en efecto, porque lo que pretenden es conservar el puesto, la silla, y lo que venga con ello. Lo que resulta realmente lamentable, porque las instituciones deben renovarse, para que sean dinámicas y se transformen de forma permanente.

Ellos y ellas parece que no entienden que las leyes y las normativas están para ser cumplidas; vivimos en un estado constitucional, monárquico pero constitucional. Y la constitución nos obliga a todos y a todas por igual. Por eso, normas como el Código de Buenas Prácticas, existente con otras denominaciones en muchos países, es un adelanto considerable, por lo que debemos felicitar al anterior equipo ministerial y a la comisión que lo elaboró, porque implica democratizar y hacer mucho más transparente el ejercicio de determinados puestos de vital importancia para nuestras instituciones culturales. Negar el Código de Buenas Prácticas es tanto como dar salvas a la trasnochada designación a dedo y a la práctica franquista del cargo vitalicio.

Pero hay cosas todavía peores, como esa manía de llevarse parte del patrimonio de la Institución, como si lo creado con cargo a la Institución, y con sus recursos, fuese un patrimonio personal. Esa confusión entre lo público y lo privado es sorprendente, porque los servidores públicos, y los artistas lo son en tanto desempeñen un cargo, se deben a la Institucióna la que sirven. Y si no es así, si están para servirse a sí mismos, a su ego y a su carrera, entonces la institución no merece ese nombre porque se convierte en chiringuito.

A veces da la impresión de que en este país hay muchas mentes y conductas instaladas en el tardofranquismo. A una de esas plumíferas, espíritu etéreo donde los haya, la pude ver hace años en Santiago de Compostela preguntando necedades a Peter Brook. El maestro se cansó y le soltó algo así como, “¿No tiene nada inteligente que preguntar?” El hecho de que tengamos miembras así instaladas también es una muestra del estado lamentable de nuestro sistema teatral y de la necesidad urgente de una regeneración. ¡Vaya país! ¡Lo que queda por hacer!

 

Revista ADE-Teatro nº 127 (Septiembre-Octubre 2009)


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La derrota de la Ilustración

2009-07-01

 

Por Juan Antonio Hormigón.

A veces las noticias nos llegan de sopetón, reclaman urgencia y este artículo editorial debe reducirse en aras del bien común. Así ha sido en este caso. El Instituto Metroscopia nos ha ofrecido los datos de una encuesta de opinión de alcance nacional. La importancia que revisten las conclusiones, en las que el teatro aparece como la actividad artística hacia la que los ciudadanos reclaman atención prioritaria por parte del Ministerio de Cultura, nos eximen de  otras explicaciones. Es obvio que hemos debido darle las páginas precisas a esta cuestión.

Después, con la presente entrega cerrada, se nos vino encima el golpe de Estado de Honduras. No es difícil establecer que la ADE rechaza con total contundencia este atropello a la legalidad constitucional de un país latinoamericamo. No hacemos sino sumarnos a las condenas adoptadas por Naciones Unidas, la Unión Europea, el Gobierno español e incluso el Jefe del Estado, que no suele pronunciarse tan expresamente en asuntos de esta índole.

Nuestros colegas hondureños nos han hecho llegar un comunicado de "repudio enérgico al golpe de Estado" y de "no reconocimiento al gobierno de facto representado por el señor Roberto Micheletti". Tenía prioridad a todas luces. Entre otras cosas porque a pesar del pronunciamiento en contra del golpismo de instituciones, partidos, Gobierno y Jefatura del Estado en nuestro país, la extrema derecha mediática visible, y la que lo es aunque se disfrace de cierto moderantismo, no ha perdido tiempo para el destilado de sus esencias. Hemos podido oír necedades bárbaras capaces de sonrojar a cualquier demócrata mediano que las escuche.

Otra vez el viejo argumento de que esta acción ha llegado antes de un golpe civil que se perpetraba por parte del Presidente Zelaya, ha vuelto a esgrimirse. Por tanto no es un golpe de Estado, dicen. Argumentos de este jaez se utilizaron respecto a la rebelión militar en España en 1936, remitidos a la Olimpiada Obrera que iba a celebrarse en Barcelona que no era sino excusa para iniciar la revolución. El llamado golpe civil consistía, eso sí, en la convocatoria de un referéndum, una consulta democrática. ¿No será que esos oligarcas y sus militares indecentes -decir gorilas es un insulto para los simios-, lo que temían era el posible resultado del referéndum?

Por lo que puede oírse todos los días en boca de los energúmenos, algunos -como el director de un semanario- ya no se esconden de asegurar lo bien que vivíamos con Franco, produce estremecimiento pensar lo que dirían si en España se aplicaran medidas que pretendieran abrir un horizonte diferente a la rutina miserable que nos acuna con su hedor de mediocridad. Si con lo que ahora hay se dice lo que se dice, figúrense lo que se diría si hubiera aquí un gobierno ilustrado, de izquierdas y patriótico en el sentido sumo de la expresión.

Y por esto dedicaré la coda de este breve editorial, casi de circunstancias al calor de actualidades más urgentes, a una reflexión que es histórica pero que se vincula sin dificultad al presente. Durante el último año he retornado con cierta especificidad al periodo de la Ilustración, y más en concreto a la Ilustración española. Puede que con el tráfago de nimiedades que nos toca soportar a diario, en donde parece que a cada momento lo banal se  torna categoría, remembrar la Ilustración pueda considerarse una desmesura frívola. Pero en aquel periodo se gestó, a mi entender, la posible modernización de España y su fracaso fue una losa de atraso civil con que vivió nuestro país posteriormente, y llega hasta hoy.

Recordaré un personaje que me parece ejemplar por lo que hizo y lo que le hicieron: don Zenón de Somodevilla, marqués de la Ensenada (1702-1781), riojano y de familia hidalga sin recursos. Era un ilustrado pero se le ha considerado conservador. ¿Es cierto este calificativo? Reformó la Hacienda en términos positivos, estableciendo el impuesto sobre catastro, que no pudo aplicarse totalmente por la oposición de la alta nobleza. Creó el "Giro Real", procedimiento para la exportación de capitales y antecedente del Banco de San Carlos. Realizó obras públicas para mejorar carreteras y vías fluviales. Creó fábricas, impulsó el comercio con las colonias americanas cuya pretensión final era acabar con el monopolio, quiso acabar con la corrupción, etc.

Pero su gran proyecto fue el de conseguir que España dispusiera de una marina de guerra que pudiera parangonarse con la de Inglaterra. El asunto era de capital importancia para la defensa de nuestras costas, incluidas las de América y el Caribe en particular, y así mismo ser salvaguarda de los convoyes de mercantes que hacían la ruta atlántica. Ensenada puso en marcha una empresa que reunía científicos y técnicos de aquí y de Europa, una sabia estrategia respecto a los servicios secretos, concentración y formación de trabajadores especialistas, etc. Además dispuso la adecuación de los tres arsenales navales: Cartagena, Ferrol y la Carraca, que son los hoy operativos.

No lo haré largo aunque lo merece. Pues bien, este gobernante extraordinario que estaba construyendo un horizonte de dignidad y desarrollo económico para España, fue cesado por Fernando VI como fruto de miserables intrigas palaciegas. El instigador fue el Embajador Inglés, Keene, y participaron directamente Carvajal y Ricardo Wall. El primero, un ministro del gobierno; el segundo embajador de España en Londres. La historia es prolija; la excusa: que Ensenada había cursado órdenes de guerra a espaldas del Rey, pero dichos documentos nunca se han encontrado. La realidad: Inglaterra quería a toda costa que el plan de Ensenada fuera desechado y España dejara de construir barcos, garantizándose de este modo su dominio en el mar.

En julio de 1754 se consumó el golpe. Ensenada fue destituido, detenido y desterrado de la Corte. El gobierno pasó a dirigirlo un irlandés, Ricardo Wall, comprometido en la conjura. Todos los ensenadistas fueron desterrados a su vez, o relevados de sus puestos.  Los traidores habían triunfado en toda regla y los patriotas sucumbido a la insidia. Volvió a la Corte por un breve periodo en 1760, durante el reinado de Carlos III. Tras el Motín de Esquilache en 1966 fue  desterrado nuevamente, esta vez a Medina del Campo que fue su cárcel durante los últimos quince años de su vida.

El ejemplo es sencillo: desde entonces, con la derrota de los intentos de los ilustrados por el cerrilismo de la alta nobleza, la Inquisición los elementos retrógrados de la Iglesia y el apoyo de un pueblo mantenido en la ignorancia, el servilismo y el fanatismo, se garantizaba la promoción de los mediocres, el imperio de los mediocres, y esa mediocridad iba a presidir la vida española, con escasos periodos de Ilustración renovada. Entre tanto, los hijos más ilustres de España, los más sabios, los más eficaces, los más tesoneros, los más capacitados, los más lúcidos, los más generosos en el esfuerzo, los que sí querían el desarrollo de España en el progreso y la civilidad, se veían recluidos a estar en los márgenes. Y así nos ha ido y nos va.

 

Revista ADE-Teatro nº 126 (Abril-Junio 2009)

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¿Qué teatro privado?

2009-04-01

 

Por Antonio Urzainqui.

La crisis económica y su incidencia en las actividades escénicas, ha traído aparejada la aparición de algunos profetas de las soluciones atávicas, servidas como novedades y ajenas a los comportamientos habituales en Europa. Todos parecen alabar las virtudes del mercado, hablan del teatro como mera mercancía, plantean la externalización de funciones de los teatros de carácter público, etc. Es evidente que por lo que toca al último punto, lo que se esconde es un modo de apropiarse de los recursos; la excusa: salvar los problemas de funcionamiento laboral que derivan de unos convenios firmados en su día por políticos incompetentes e irresponsables.

El señor Xavier Marcé que tiene un mercado en la cabeza, portavoz estratégico de la empresa catalana Focus, se explaya en las páginas de una publicación dedicada a ofrecer informaciones y publicidad de espectáculos disponibles, en la defensa de un mercadeo escénico de corte neoliberal. No excluye en su exégesis que se eliminen compañías por asfixia o quizás porque no queden bajo la égida de su grupo, nunca en aras de solvencia y calidad contrastada de sus trabajos. El teatro como expresión artística no existe para ellos, tan sólo la condición de mercancía a la que se le reduce y la venta que genere. Sus opiniones no pasarían de eso, si no fuera porque oficia de asesor de entidades decisorias públicas gubernamentales, lo cual hace que sus planteamientos adquieran una entidad de envergadura mayor. Son como el licor que Claudio destila en el oído de su hermano, el viejo Hamlet.

¿Pero de qué mercado hablamos? ¿Cuál es el paisaje soñado para los defensores de dicha opción, en apariencia de estricta observancia? ¿Hablan realmente de mercado o de otra cosa que tiene ese aspecto pero que está muy lejos de serlo? Un suceso reciente arroja cierta luz sobre la cuestión.

El Teatro Zorrilla de Valladolid, propiedad de la Diputación vallisoletana, se ubica en la planza central de la urbe, frente al Ayuntamiento. Su estado deplorable aconsejó su restauración integral. Se demolió íntegramente en su interior para rehacerlo. El resultado ha sido una nueva Sala Principal de 532 localidades y una Experimental de 60.  A ello hay que añadir una serie de espacios como vestíbulo, cafetería, salas de reuniones, oficinas y una biblioteca. Se trata en definitiva, cuando se concluya, de un teatro a estrenar.

La Diputación ha decidido ceder mediante contrato una parte de las instalaciones a una empresa privada para que lleve a cabo su gestión, programación y explotación. Dos documentos determinan las condiciones, características y procedimiento de selección de la empresa agraciada. El primero es el "Pliego de cláusulas administrativas para la contratación de la gestión y explotación del teatro Zorrilla"; el segundo el "Pliego de prescripciones técnicas". De ambos extraemos los datos que seguidamente se ofrecen.

En síntesis, las cláusulas del contrato determinan que la empresa adjudicataria deberá proponer una "programación variada, destinada al público en general". No existe ninguna cualificación específica de la misma, sino que se refiere a "representaciones teatrales, espectáculos de danza, audiciones musicales, proyecciones cinematográficas y cualesquiera otros de naturaleza análoga". Se hace tan sólo una mención a que se valorarán "los espectáculos dirigidos con fines didácticos al público infantil”. De hecho la empresa que ha obtenido la concesión propone en su programación obras protagonizadas por Pedro Ruiz y Arturo Fernández, por ejemplo.

Sí establece los mínimos en cuanto a "tipos de espectáculos" en la Sala Principal: dos de danza, tres audiciones musicales, cinco teatrales, uno de teatro lírico y dos infantiles por año. No parece un requerimiento muy exigente en verdad. De hecho, nuevamente la empresa adjudicataria ha propuesto cuatro veces más películas, veinticinco, que actuaciones teatrales, seis.

El adjudicatario, leemos, "garantizará la programación de un mínimo de 100 días al año", de los cuales 60 al menos deben realizarse en la Sala Principal. El plazo del contrato es de 23 meses, prorrogable por otros tantos en las mismas condiciones. Por todo este servicio, utilicemos este lenguaje dadas las circunstancias, la Diputación pagará 1.341.666,59 euros (un millón trescientos cuarenta y un mil seiscientos sesenta y seis euros con cincuenta y nueve céntimos), IVA incluido. Además la empresa explotadora de la concesión, retendrá el importe íntegro de los ingresos de taquilla. Estos son los aspectos básicos de los documentos citados, que contienen muchos otros aspectos relevantes que son accesibles para su lectura en internet.

A la adjudicación de este contrato para la "explotación" del Teatro Zorrilla, se han presentado cuatro empresas: Iniciativas Teatrales de Enrique Cornejo, FOCUS-Pentación Valladolid, Esarte SL y Cinegar SL; Barranco Producciones junto a Rayuela Producciones y Teatro del Azar; y Plural Multimedia y Ocio SL de Enrique Salaverría. La puntuación mayor la obtuvo la empresa de Enrique Cornejo, 95'58 puntos sobre 100. Unos y otros hablan de irregularidades o de las características nada halagüeñas del proyecto presentado por la empresa adjudicataria, pero esas cuestiones toca dirimirlas a las otras empresas contendientes, a  los agentes teatrales de la ciudad, a los diputados provinciales de la oposición, al periodismo de investigación o a los electores en próximos comicios. Allá cada cual con sus responsabilidades.

A nosotros no nos preocupa cómo se conceden estas prebendas disfrazadas de contrato, sino el principio que pretende justificarlas. Esto no es mercado en su acepción más elemental sino la facilitación de un negocio privado con dinero público, algo de lo que tenemos sobrados ejemplos en los anales oscuros de nuestro país. Eso sí, expresa y define sobre todo lo que entiende por política cultural la Diputación de Valladolid. Como conclusión evidente ejemplifica la ausencia de compromiso con una cultura pública, que priorice la calidad artística y su dimensión cívica creadora de conciencia democrática.

Con el monto de lo que dicha institución destina a este contrato, podría crearse una entidad pública teatral, regida por criterios culturales específicos, orientada hacia  públicos diversos, que asentara puestos de trabajo para los profesionales de la escena y articulara un discurso que la definiera. Una entidad pública teatral que tuviera una autonomía responsable en su funcionamiento y estuviera regida por los principios de buenas prácticas que ya ha aprobado el Ministerio de Cultura. Que no fuera un juguete para el capricho o el halago de los políticos, sino un espejo cultural para la ciudadanía.

Entre tanto, vemos con estupor cómo se entrega un millón trescientos mil euros de dinero público -el de los vallisoletanos en esta ocasión-, a un empresario, a lo que se  añade el monto de la taquilla al completo, para que programe un teatro de propiedad igualmente pública sin criterios precisos. Esto no se ve, puedo asegurarlo, en ningún país europeo. Aquí unos cuantos mienten y lo ocultan, porque no son los intereses generales de la cultura lo que les mueve, sino el de los suyos particulares y sus negocios. Por eso en estas cosas somos el hazmerreír, digan lo que digan y se jaleen cuanto quieran.

 

Revista ADE-Teatro nº 125 (Abril-Junio 2009)

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No hay que salvar a los bancos sino a la humanidad

2009-01-01

 

Por Juan Antonio Hormigón.

1

En 1958 los científicos chinos descubrieron la actividad terapéutica de la Artemisa Annoa, para el tratamiento de la malaria. En la Greciaantigua se utilizaba ya esta planta para el tratamiento de las disfunciones menstruales, algias y otras dolencias. En China desde hace mil quinientos años se conocía la acción de las infusiones de Artemisa contra la malaria, pero según la información proporcionada por TVE, fue a finales de los años cincuenta cuando los científicos de dicho país expusieron sistemáticamente sus capacidades para enfrentarse a una enfermedad que mata a millones de personas, treinta niños cada diez minutos por ejemplo.

Los Estados Unidos de América del Norte no aceptaron el descubrimiento. Eran años de lo que se ha denominado eufemísticamente Guerra fría, y no podía darse por bueno un hallazgo que viniera del "enemigo", aunque su aplicación supusiera salvar tres millones de vidas cada año. Por otra parte la industria farmacéutica con su ausencia de sentido social -al fin y al cabo, me dirán, es un negocio que sigue las leyes del mercado-, tampoco era demasiado proclive a asumir un producto que podía ser barato y benéfico para masas de población depauperadas y enfermas.

Sólo treinta años más tarde se reconoció el valor de la Artemisacomo preparado contra la malaria con resultados excelentes. Hace años ya que se investiga en la materia, con la oposición de las multinacionales farmacéuticas que siguen intentando silenciarlo. Su intención comercial es seguir colocando los antibióticos que fabrican aunque son ineficaces. En el extremo contrario y gracias a la inversión pública, el Centro Tecnológico Agroalimentario de Extremadura lleva adelante un importante proyecto de implantación de la Artemisapara la fabricación de fármacos contra el paludismo. Es una iniciativa destinada al beneficio social.

Esta es la naturaleza del sistema en que vivimos. El negocio se supedita a cualquier consideración humana. Si hay que eliminar población y vender, da igual que se lleve a cabo mediante las guerras o privándoles de terapias que respondan a las pandemias que padecen o quizás, en ocasiones, se les provocan.

Contaré algo personal. Hace años ya, un cardiólogo al que conozco bien y fue compañero mío en el colegio y la universidad, me habló del carácter benéfico del vino tinto tomado con moderación: una botella a la semana, dijo, para la prevención de enfermedades cardíacas. Y añadió: "No podemos decirlo porque los americanos (estadounidenses) se niegan; son muy puritanos". Ahora esta cuestión es comúnmente aceptada.

 

2

Hemos vivido distantes e impotentes la barbarie padecida por la población palestina de Gaza. Hemos padecido aquí la sinfonía de plumíferos y tertulianos que defendían con ardor el derecho de Israel a defenderse, aunque lamentaban con jeremíaco cinismo la cantidad de niños muertos. Algunos sin embargo mostraban su queja: "Siempre nos enseñan las mismas imágenes". Quisieran, como hizo la administración Bush, matar y que no se vea. Los muertos, y más de una forma tan despiadada, suelen provocar náuseas y cólera en la población, eso es lo malo de estas cosas. Recuerdo la imagen de uno de estos personajes del sexo femenino, que denunciaba con énfasis que los niños israelíes en sus colegios tienen el refugio bajo sus pies. Y no le daba vergüenza considerar que los palestinos sólo tenían las bombas y la muerte a su alrededor. ¡Cómo no le iban a molestar las imágenes!

Se ha calificado la respuesta como "desproporcionada" por parte de quienes no son abiertamente de extrema derecha. Son ganas de seguir con los eufemismos. No voy a comparar cifras, ni a hacer balances. Quién no quiera ver que las fuerzas israelíes responden con ametralladoras, artillería y blindados a quienes les lanzan piedras; que al lanzamiento de cohetes de poca eficacia se le opone bombardeos de violencia feroz y sostenida, con ataques por mar, con artillería, más blindados e infantería invasora, poco hay que decirles. De todos modos ese es el escenario preferido para este tipo de mentalidad: ellos tienen la fuerza y la aplican cuando quieren y donde quieren, y nadie los detiene, y les importa un pito tanto la opinión pública internacional como las tímidas peticiones de los gobiernos europeos.

Todo esto es importante recordarlo pero se ha insistido sobradamente en ello. La cuestión es por qué esta atrocidad sin límites se ha podido ejecutar ahora con tanta impunidad. Lógicamente se ha aludido a la proximidad de las próximas elecciones como causa principal: los candidatos hacen méritos ante los electores apoyando ciegamente los bombardeos. Es cierto sin duda, pero no hay que olvidar que lo hicieron los días justos anteriores al fin de la presidencia de Bush. La Ministrade Exteriores de Israel pudo ir a visitar a Condoleezza Rice un minuto antes de que desapareciera del cargo, para recibir su apoyo explícito. Del mismo modo, declararon el alto el fuego tres o cuatro antes de que tomara posesión el nuevo Presidente Obama. A nadie se le ha pasado por alto la siniestra utilización de estas fechas y plazos.

No obstante, la necesidad de consumir armas ha sido igualmente decisiva. La fabricación de armas es uno de los rangos que se consideran productivos en los datos macroeconómicos, es el primero en Estados Unidos. Pero para que los fabricantes vendan es necesario que se las compren los gobiernos con recursos del erario público, no se olvide, y si los almacenes están llenos no hay nada que hacer. Hasta que esta miserable situación no se resuelva, seguirá habiendo guerras para poder vender armas que se les pagarán con dinero de los contribuyentes. ¿No ha sido éste uno de los elementos básicos de la crisis que se originó en Estados Unidos y ahora padece el mundo?

Todo ello nos permite afirmar que el gobierno israelí es de una amoralidad extrema, así como de una carencia de ética que lo enajena de todos aquellos países que utilizan criterios civilizados en sus actuaciones. Lo malo de estas carnicerías, como en otros casos, es que los muertos no son partidarios de los discursos filosóficos, sólo saben que han sido asesinados.

Para certificarlo basta recordar unas imágenes emitidas por TVE y que no se volvieron a repetir. En un monte frente a la frontera con Gaza, un grupo de israelíes, jóvenes muchos de ellos, se habían reunido con mesas y máquinas de café, quizás también música, a ver cómo se bombardeaba el territorio palestino. Al fondo se veían las grandes humaredas provocadas por las bombas y los incendios. Era un espectáculo obsceno y repugnante el que ofrecían aquel grupo de individuos.

La reportera se dirigió a una muchacha para que le diera su opinión y ésta, con rostro risueño, no dudó en afirmar: "Lo mejor es que los maten a todos". La respuesta me sobrecogió. ¿Conoce esa criatura lo que ha sido la historia del pueblo judío? ¿Qué les enseñan en las escuelas de Israel a sus niños y jóvenes? Esas imágenes me trajeron a la memoria la de aquellas señoras que se consideraban la "gente de orden", que iban a hacer punto en los lugares en que los fascistas fusilaban a quien se les venía en gana en la Guerraincivil española. También ellas y ellos hubieran querido matar a todos, aunque hay cosas que se sueñan pero que son imposibles. Qué pensará esta gente que toma café y comenta entre risas la extinción, de los dictados de su dios. Entre esta gente y los nazis que quisieron hacer lo propio con su pueblo, hace tiempo que no existe diferencia.

¿Qué hacer? Antonio Elorza escribía no hace mucho que es preciso que Israel vuelva a las fronteras de 1967, para que pueda darse una solución al conflicto. Estoy de acuerdo. Los gobiernos israelíes han hecho caso omiso de todas de las resoluciones de la ONU, las de la Asamblea General, claro está, porque en el Consejo de Seguridad siempre los Estados Unidos han impuesto su veto. Por eso creo, como otros muchos, que los gobiernos de los países que defienden la civilización y el derecho internacional deben decirle claramente a Israel: Hasta aquí han llegado. Deben impedirles que actúen con impunidad, como si existiera una especie de culpa colectiva que les permite hacer lo que quieran. Justamente es por eso, por esa conducta, por lo que acabarán enajenándose de los gobiernos, porque de gran parte de la ciudadanía ya lo están.

 

3

No soy dado a enaltecer de forma gratuita la acción del Gobierno de España, más bien intento no perder mi sentido analítico, pero me escandalizan las operaciones de agitación y descrédito emprendidas por los agentes mediáticos de la derecha extrema. Desde que esta crisis se instaló con todas sus consecuencias, la campaña obedece a una sistemática denigración del Presidente del gobierno en la que todo vale, al igual que de varios de sus ministros. No es un asunto banal, sino que refleja muy bien lo que algunos entienden por acción política o periodística, que al fin y a la postre sólo es mediática,

He dicho muchas veces, no se me cansen, que hacer oposición no es estar en contra de todo aquello que los que gobiernan proponen, sino hacer análisis críticos y aportar soluciones alternativas. Los electores tienen derecho a saber cuáles son los proyectos para la gobernación de aquellos por los que vota. Esta práctica es casi inexistente en España, por mucho tono altisonante que se dé a lo que se dice. A mi parecer, el Partido Popular comete el error notable de hacer una crítica acerba del gobierno, al que hace responsable de la crisis, sin proponer ningún plan propio a la situación. ¿Pero alguien puede proponer un plan? ¿Hay alguien que encuentre una salida al laberinto?

La cuestión consiste en que esta crisis, hasta donde podemos colegir, se inició en los Estados Unidos por problemas en apariencia ligados a la especulación bancaria, pero fruto de los procedimientos ensalzados por aquellos deplorables "neocons" y todos quienes siguieron sus pasos en el ancho mundo, el sr. Aznar y sus fieles en grado sumo. Excepto la administración Bush que permitió todos los desafueros imaginables, los gobiernos del mundo se han visto arrastrados por la hecatombe estadounidense. Los episodios locales, que los hay, son minucias en relación a la substancia de los hechos. Incluso es legítimo pensar sin el menor asomo de política-ficción, si la crisis no ha sido inducida por quienes pretenden erigirse en gobierno mundial en su empeño por limpiar las caballerizas con vigor hercúleo, pero esta es cuestión para otro momento y carecemos de datos precisos. En estas circunstancias, el PP debería celebrar el hecho de no gobernar, porque sólo podría hacer lo mismo o provocar graves situaciones de violencia social.

Sin embargo se ha adoptado una línea argumental en que además de calificar al señor Rodríguez Zapatero de "mentiroso" pertinaz -¡cuánto calvinismo oculto circula!-, se le hace responsable de todo. Hay espacios televisivos y radiofónicos dedicados a largar sin cuento ni medida, sin datos ciertos y puras opiniones de barra de bar, en los que se le acusa de todo lo que sucede. Hasta del mal tiempo y las nevadas he oído decir, lo juro.

Es de suponer que el PP quería atraer intenciones de voto de la situación, pero para ello se ve obligado a contar con los extremos más derechistas de la turba liberal-conservadora -¡qué magnífico frenesí el de esta denominación!-. Y burla burlando, estos energúmenos cuyo fin era ante todo el de derribar al señor Rajoy de la presidencia del PP, aparecen ahora sin máscara. Por eso han llegado a esgrimir el interrogante "¿donde está la oposición?", cuando Rajoy pretende establecer algún acuerdo estratégico con el partido gobernante.

La situación es grotesca. Muchos consideramos al señor Rajoy como persona ponderada aunque no lo votáramos, y gentes de su partido o en los aledaños sociológicos pretenden destruirlo y humillarlo. Podemos no votarlo pero lo respetamos, cosa que ese quiste ultraderechista no hace. Creyendo que sirve a sus propósitos obsesivos de ocupar el poder, han propalado toda suerte de profecías catastróficas que han servido para crear una sensación de miedo entre quienes no debían tenerlo. No dudan en hacer trabajo de agitación para denunciar que los sindicatos no se alzan en pie de guerra, como si hubiéramos olvidado lo que dicen cuando simplemente se movilizan.

Esta situación no tiene salidas en solitario y nadie vislumbra cuál puede ser la colectiva. Los gobernantes no cejan en su ilusión de mantener lo existente, aunque se haya hundido en el desdoro y la miseria, aunque la contribución del Estado se solicite a gritos por quienes quisieron reducirlo a escombros. Los límites entre lo público y lo privado se desdibujan siempre a su gusto y a su favor. Quienes determinaron entre gritos triunfales que se privatizara todo, Repsol o Iberia, por ejemplo, pretenden que se comporten y se les trate como si fueran públicas. Los bancos mismos, dedicados a hacer negocio, son entidades privadas que hacen lo que responde a sus intereses. Otra cosa es si debe ser así, si los ciudadanos deben tolerar que ciertas entidades dedicadas a su lucro privado tengan consideraciones privilegiadas sin llegar a un acuerdo que confiera una inequívoca dimensión social a sus actividades.

Habría que buscar, para hallar salidas al laberinto, opciones que cambiaran el sentido de muchas cosas, muy en particular del sentido de la vida y la felicidad. Antes, a todo esto se lo denominaba: soluciones revolucionarias. ¿Pero tiene alguno de los gobernantes europeos el valor cívico y político de enunciarlas? Para vergüenza de todos, quienes representan los rostros de esta crisis se van a ir de rositas como nos descuidemos.

No obstante les recordaré que los reunidos en Davos, tan entusiastas del mercado y con el negocio puesto entre las cejas antaño, han concluido lo siguiente en su último encuentro: La causa de la crisis ha sido el capitalismo salvaje, la búsqueda de beneficios a corto plazo y a costa de lo que sea. Proponen recuperar el valor del trabajo y el esfuerzo -¡cuántas veces lo habremos dicho en estos desérticos páramos repletos de "listos"!-. Por último, lo más contundente: No hay que salvar a los bancos sino a la humanidad.

Apliquemos de inmediato este programa y verán ustedes como las medidas que se requieren son revolucionarias, o cuando menos contundentes y tenaces. Verán ustedes también los estragos que provoca entre las gentes aprisionadas por la mentalidad generada por lo que se ha hundido. ¡Ironeia!

 

Revista ADE-Teatro nº 124 (Enero-Marzo 2009)

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