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Reseñas de libros

Estamos quedando fatal / El cerco / La Sonrisa inacabada. (Premio María Teresa León, 2002)

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Autor del libro: Gemma Rodríguez / Rosa Figuero / Àngels Aymar.
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2003. (Serie: Literatura dramática iberoamericana, nº 38). 230 págs.

Bajo el título de “tres autoras, tres generaciones, tres textos”, María José Ragué nos presenta el mundo que circunda a las tres autoras de esta publicación que recoge el premio, el accésit y la  distinción del jurado, compuesto en esta novena edición de los premios María Teresa León por Ana Diosdado, Juan Antonio Hormigón, María José Ragué-Arias, Jesús Rubio Jiménez y Eduardo Vasco.

1.- Gemma Rodríguez, la ganadora de esta convocatoria, nos introduce a través de 35.4 (estamos quedando fatal) en la jungla laboral, reflejo de un poder masculino que se quiebra irremediablemente frente a una nueva concepción del poder. Ya no basta ser un hombre, además hay que ser joven, formar parte de esa media que se instala a los 35.4 años de edad en la cumbre directiva. “Alguna” mujer aparece en ese nuevo orden como habitante del pleno derecho también, pero no es el objetivo de la autora hablarnos de mujeres sino de hombres, en un entorno donde ellos mismos son víctimas de los propios hombres. 

Interesante el juego de planos con el que podemos adentrarnos, desde la acción y el conflicto, en el mundo de cada uno de los seis protagonistas principales de la pieza, cinco hombres y una mujer. Todo en la obra forma parte del continuum que va perfilando el inhumano engranaje empresarial, donde la acústica del exterior, voces de multitud en aumento progresivo según avanza el conflicto,  se cuela dentro de unas situaciones revestidas de una urgencia tan absurda como irracional, rasgos con los que la autora inteligente y sutilmente crea el eje de coordenadas de la obra.

La estructura se presenta fracturada en treinta y una partes que transcurren en una jornada laboral de nueve horas. Algunas de las fracciones son tan breves, que sólo encierran una frase con la que voluntariamente se crea un ritmo tan ágil como expectante. Los recursos para desarrollar tan cuantioso número de tránsitos, en su mayoría son sonoros, van desde leves voces del exterior, lecciones de los idiomas que impone el mercado, hasta una multitud manifestándose, como apunta esta sugerente acotación:

“El ruido de la multitud crece en intensidad hasta invadirlo todo. Fuera las calles se llenan de gente. El ruido del acero y el cobre penetra las grietas de una ciudad soñada. Miles de voces se funden en un solo grito para reclamar lo que alguien les dijo que era suyo. Un grito ficticio que golpea con fuerza la paredes del edificio y de todos los rascacielos...”

A través de monólogos y diálogos se muestra el derrumbe de esos personajes de una forma radical, su lenguaje y expresiones sugieren, más que dibujar detalladamente, el caos en el que se encuentran. Rompiendo en muchas ocasiones la lógica del discurso, y creando convenciones desde donde podemos oír el pensamiento del personaje, sin que los demás lo escuchen, como si pudiéramos adentrarnos en su interior y ser testigos de honor del doble juego de apariencia entre lo que se piensa y se dice.

La familia siempre vinculada a través del teléfono aparece reclamando una legitimidad que ocupa un plano puramente secundario. Lo femenino prácticamente ausente en su aspecto físico, tiene una constante presencia sonora, el interfono es el que da paso a las voces que encarnan la secretaria, la chica de correos, o las profesoras de idiomas.

El fumar se convierte prácticamente en el único acto de transgresión que les queda y se realiza clandestinamente en la azotea o almacén, vinculado accidentalmente a las víctimas de la persecución antitabaco y haciéndolas aparecer casi como “delincuentes” sociales.

La conciencia de culpabilidad por ser cómplices y ayudar a fomentar el mercantilismo como único valor humano, parece estar desterrada del colectivo, tan sólo asoma en Silvestre, personaje que acaban de deportar a Asia como recompensa a su no adaptación. 

“Comerse a sus hijos, hipotecar sus casas, eran muñecos de papel y les  hemos prendido fuego, nos hemos convertido en el ejército enemigo y ellos lo saben....”

 2.- Otro drama de muy diferente corte social, es el que plantea la obra ganadora del accésit. En  El Cerco de Rosa Figuero, la acción sucede en la habitación central de la casa de un humilde barrio señalado por la precariedad del entorno, la desolación y el abandono en el que conviven las familias, que pelean día a día por la supervivencia de una existencia marcada por la huella y el hastío de verse siempre rodeando la miseria.

Las continuas lluvias vuelven a provocar el obligatorio y necesario desalojo, como paliativo de urgencia ante los previsibles efectos de la riada. Pero en esta ocasión Antonio, el abuelo de la familia -el padre se encuentra en prisión-, se opone a abandonar su casa desobedeciendo el mandato municipal, revelándose de esa manera ante la inoperancia del gobierno, y no dando lugar a verse tratados como borregos, hacinados junto a otros vecinos o a que, como en otras ocasiones, se produzca el saqueo de sus escasas pertenencias. La tensión máxima del conflicto  aumenta cuando, una vez que el peligro es inminente, el abuelo obliga al resto de la familia a apoyar su drástica decisión aun a costa de sus vidas.

La falta de fe en los responsables del poder político, “mira que novedad ¡si ustedes nunca pueden nada... son pura promesa nomás... Yo te conozco bien a vos... ¿Cuántas veces se te ha llenado la boca con el cuento del “proyecto para desviar el agua”? ¿Cuántos años hace que pasa lo mismo en esta zona...? Claro... cuando el agua aparece para barrer con todo... se preocupan de la gente. No me hagan reír...”, y la defensa a ultranza de la dignidad como valor estandarte ante la indefensión absoluta, son dos de los grandes pilares sobre los que se asienta este retrato desgraciadamente familiar y conocido, que con una sencillez tan aplastante como efectiva lleva a cabo esta autora argentina. Los personajes protagonistas se convierten en la muestra de tres generaciones que abarcan el presente, pasado y futuro. Representando el pasado están Antonio, Paco y Ema, que a pesar de su vejez juegan la baza más radical de enfrentamiento al poder dominante. En el presente está Luisa, madre de la familia, tan desgastada por el esfuerzo de conseguir algo de comida con la que mal alimentar a la prole, que no le resta energía para nada más. El futuro está formado por Chela, joven que a toda costa quiere huir de la miseria, al precio que sea, aunque para ello deba prostituirse y Lito, su hermano, con demasiado futuro por delante y muy poca esperanza como para arriesgar la vida en una batalla que antes de empezar da por perdida.

 3.- Recuperar la memoria, el exilio, enfrentarse a acontecimientos de la infancia que  permanecen sin resolver en la edad adulta, todas estas cuestiones tejen el argumento de La sonrisa inacabada de Àngels Aymar. Texto escrito en catalán y castellano obedeciendo a las lenguas en las que se expresan sus protagonistas dependiendo de con quien se comuniquen.

Desde el off se da cabida a casi la totalidad de los poemas de las once escritoras, con las que Aymar comparte esta historia  que comienza entre poemas, canciones y fotografías del pasado frente a las que sus protagonistas femeninas Amanda y Marta, recuerdan un tiempo compartido hasta que el enfrentamiento, sin entender por qué,  de sus dos madres las separó, generando entre ellas no sólo el exilio físico sino también el afectivo. Exilio que también se vio obligado a vivir, después de la guerra civil, el padre de Roberto. Roberto conoció a Amanda en Francia, mientras ésta asistía a una conferencia sobre uno de sus libros. En la actualidad se ve perseguido por la sombra de la sospecha del plagio, del cual le intenta defender Joe, último de los personajes en aparecer, abogado y amigo de Roberto, que también juega un poco las veces de receptor curioso por el pasado de las mujeres y posibilidad amorosa del presente.

Sobre una estructura cronológicamente ordenada, se insertan poemas y canciones que rompen el ritmo de la narración, creando paréntesis, que nos introducen en un mundo cargado de metáforas, donde los sentimientos se suspenden sobre imágenes y nos dejan adentrarnos a través de la palabra en la subjetividad de las emociones. Hay algo de romántico en este texto que alude con frecuencia a la muerte

“ ...Allá, envoltada d`enormes figures de pedra signades pels artistes, amb lápides de totes les mides i epitafis tópics, altres alliconadors amb volumtad de pervivéncia o irónics i venjatius...Tot un món. El dels oblidats. Un jardí artificial amb flors que no varen néixer per merci-se sense ser disfrutades”

Sin grandes pretensiones y con un carácter bastante intimista se cierra esta obra que fundamentalmente se convierte en un homenaje a todos aquellos hombres y mujeres que se vieron obligados a abandonar su lugar de origen y que no dejan de buscar su identidad en un ambiente de exilio y aquellas autoras cuyas voces, sentimientos, conforman Sonrisa inacabada.

“R.- no entendiste. Nosotros no tenemos esa libertad de elección. llevamos el peso de quien trabajó toda si vida rescatando la memoria de sus antepasados. Ella de sus mujeres invisibles para la historia, yo de aquellos que las bombas dejaron atrás. ¿cómo vamos a desprendernos de esa herencia que oímos contar día tras día desde chicos?”

 Rosa Briones

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