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Reseñas de libros

Obras dramáticas. Escritos sobre teatro.

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Autor del libro: María Teresa León. (Edición de Gregorio Torres Nebrera)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2003. (Serie: Literatura dramática iberoamericana, nº 39). 467 págs.

Una tradición, que ya va siendo extensa, continúa. Tenaz en su empeño por recuperar o por no perder la memoria histórica de nuestro teatro, la ADE sigue editando textos inéditos o de difícil acceso, escritos, sobre todo -aunque no exclusivamente- por las mujeres que han ido tejiendo una parte importante de nuestro entramado escénico e intelectual. Esta labor pone en entredicho algunos lugares comunes de fácil difusión, pero difícilmente sostenibles hoy. El primero de ellos haría referencia al papel de la mujer en la vida teatral y cultural española, ámbito en el que nos encontramos, al menos durante ciertos períodos históricos, con una amplia nómina de personalidades de interés  y de relieve. El segundo, siempre pesimista con las aportaciones de la cultura y del teatro españoles y con la falta de curiosidad intelectual de sus cultivadores, queda desmentido cuando consideramos el elevado número de creadores y de teóricos que reflexionaron con rigor o emprendieron iniciativas  entusiastas para renovar la escena española. Pero esos proyectos y esos debates existieron. Otra cosa es que las circunstancias políticas generadas por las dos dictaduras militares que han ocupado la mitad del siglo XX en España o la influencia, no menos tiránica y demoledora, de los grupos de presión ultraconservadores y de la inercia paralizadora de vastos segmentos sociales  a lo largo de todo el siglo hayan ahogado con demasiada frecuencia esos intentos reformadores o hasta revolucionarios.   

El nombre de María Teresa León es uno de los que había que sumar a esa estimulante lista de mujeres que consideraron al teatro como una de las tribunas desde las que expandir las ideas de cambio social y de reflexión histórica y también como un foro desde el que debía comenzar esa transformación política. Su biografía, como es bien sabido, está unida a la de Rafael Alberti, con quien compartió, además de la vida íntima, ideales sociales y estéticos, actividades teatrales, luchas políticas, viajes, utopías, derrotas, ilusiones y tantas otras cosas. Pero está unida también a la figura señera de don Ramón Menéndez Pidal, a través de la mujer del erudito, doña María Goyri, tía de María Teresa. Estas circunstancias, unidas a  sus propias inquietudes y capacidades, hicieron de María Teresa una mujer culta, intelectualmente curiosa, activa e indomeñable.

Gregorio Torres Nebrera, uno de los más reputados especialistas en la figura de María Teresa León y uno de los mejores conocedores de nuestro teatro, acomete ahora la empresa de publicar, y anotar de manera minuciosa y precisa, tres de los cuatro textos dramáticos firmados por la autora (el editor alude a un texto centrado en la figura de Goya del que no da más noticias), a los que añade dos guiones radiofónicos y una amplia colección de artículos sobre teatro. El libro incluye además un amplio y documentado estudio preliminar sobre la obra de la autora, firmado también por Torres Nebrera y centrado sobre todo en los textos que se recogen en el volumen.

A través de este abundante material podemos conocer la figura de María Teresa León, dramaturga, guionista cinematográfica, escritora de textos narrativos, biografías y ensayos, directora de escena, estudiosa y teórica de la escena, crítica ocasional de teatro, organizadora y animadora de actividades políticas y teatrales, etc., en suma, una biografía apasionante, caracterizada por su dedicación al teatro, a la política y a las letras, y marcada, como tantas otras trayectorias, por la guerra civil, el exilio y el deseo de un regreso que parecía dilatarse indefinidamente.

Los tres textos dramáticos incluidos en el presente volumen son Huelga en el puerto, La libertad en el tejado y Misericordia. Los guiones llevan por título La madre infatigable y La historia de mi madre.

Huelga en el puertoes un texto emblemático del teatro de agit-prop, escrito durante los años de la República e inspirado en un hecho real  y coetáneo acaecido en el puerto de Sevilla.  Su escritura revela, además de las inquietudes políticas de su  autora, sus preocupaciones formales y su capacidad de asumir riegos y de huir de lo trillado. En sus páginas pueden detectarse algunas técnicas propias del teatro documento. El texto, editado inicialmente por la revista Octubre, había sido publicado en la revista  ADE-Teatro, nº 35-36.

La libertad en el tejadodebió de escribirse, según suponen Torres Nebrera y Manuel Aznar, hacia la segunda mitad de los años cuarenta. La autora regaló el texto a su antiguo colaborador en las Guerrillas del Teatro, Salvador Arias. La libertad en el tejado había conocido dos ediciones recientes, de las que destaca la de Aznar Soler con un prólogo a cargo del citado Salvador Arias. La pieza constituye una suerte de auto sacramental laico, que recuerda a El hombre deshabitado, de Alberti, y que con una técnica vanguardista en la que se advierten ecos del expresionismo o del simbolismo, plantea una reflexión sobre el hombre contemporáneo en un mundo convulso. El texto, en tres actos, ha sido analizado pormenorizadamente por el editor en  el estudio preliminar.

Misericordiaes una adaptación teatral de la novela homónima de Galdós, a quien María Teresa conoció cuando ella era una niña y el novelista era ya un anciano. La escritora admiró siempre al maestro Galdós y la versión escénica de la novela tiene mucho de homenaje. El texto, que la autora había escrito pensando en María Luisa Ponte como intérprete del personaje de Benina, y a quien había regalado el original,  había permanecido hasta ahora inédito. El editor duda a la hora de fecharlo y lo sitúa en los años italianos, o quizás argentinos, de María Teresa León. Especialmente interesantes resultan los artículos incluidos en la última parte del libro. Son trabajos que María Teresa León escribió para publicaciones periódicas como Octubre,  Heraldo de Madrid, El mono azul, Nueva Vida o Defensa Nacional, fechadas en los años de la República y de la guerra civil, o en la publicación mexicana Todo (1935), o en la argentina Latitud (1945). Aparecen además tres artículos tempranos publicados en Diario de Burgos en los años veinte o tres fragmentos del libro Sonríe China. Algunos artículos aparecen teñidos por lo biográfico, como los referentes a las Guerrillas del Teatro o a los espectáculos montados en el teatro de la Zarzuela, o los que hablan de sus viajes a la URSS.

En estos textos la autora expone su concepto apasionado del teatro, un teatro que vincula a una labor cultural y pedagógica, a una renovación expresiva y a una función política. Sus ideas son siempre inequívocas, aunque en ocasiones puedan parecer discutibles, coherentes con su pensamiento marxista y con su visión progresista del arte. María Teresa se muestra siempre severa con el tono general del teatro español de la época, en lo cual coincide con tantos críticos, dramaturgos e intelectuales pertenecientes a diversas tendencias políticas y estéticas del momento. Acusa a ese teatro de mercantilista, irresponsable y anticuado y aboga por una renovación formal e ideológica del teatro, por una mayor calidad y exigencia de los textos, por un mayor rigor en las puestas en escena y por una mayor incidencia social, de manera que llegue a un público diferente de las intelectualmente mediocres aristocracia  y  burguesía que pueblan las salas.

Especialmente atrayente y lúcida es su comprensión del fenómeno de la dirección escénica, que alcanza un grado de profundidad y de precisión que probablemente no admite parangones con los trabajos de otros estudiosos españoles contemporáneos. María Teresa León muestra también un vasto  y riguroso conocimiento del teatro en la URSS, que provoca en ella entusiasmos sin límites, aunque editor contrasta esa visión idealizada y sin espíritu crítico, con otras opiniones más matizadas expresadas por otros observadores, como Max Aub, por ejemplo. A veces resultan sorprendentes algunas otras opiniones y trazos panorámicos ofrecidos por los artículos de María Teresa León, como sus reticencias ante las renovaciones formales de Meyerhold, su dureza con la evolución de la escritura de Hauptmann o el escaso calor con el que describe la tragedia clásica a la que contrapone vibrantemente la comedia de Aristófanes. Más pertinentes y sugestivos me resultan otros enfoques, como la crítica a La Barraca por su equivocado criterio político a la hora de seleccionar el repertorio, o el destacado papel que otorga a las escuelas soviéticas para la formación de actores, que implícita y explícitamente  propone como modelo a la enseñanza teatral en España.

Y, en definitiva, el conjunto de artículos ofrece una muy amplia información, completada siempre por las notas a pie de página del editor, acerca del teatro en España, en Francia y, sobre todo, en la URSS, cuya riqueza resulta deslumbrante a la autora.

Eduardo Pérez-Rasilla

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