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Reseñas de libros

Amarás a tu prójimo / Little Brook. (Premio María Teresa León, 2006)

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Autor del libro: Amaia Fernández / Irene Mazariegos
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2007. (Serie: Literatura Dramática Iberoamericana, nº 53). 167 págs.

Un nuevo año volvemos a sentir a través de los textos de las 70 autoras que se presentaron a este premio, las brisas de ésta y otras tierras: Argentina, Estados Unidos, México, Costa Rica, Ecuador, Colombia, Chile y Panamá.

Amaia Fernández (Bilbao 1970), ganadora del premio, cuenta con otros tres títulos, que componen, con la obra ganadora, el total de su creación dramática: Hermanas, Estación de Autobuses yTurno de noche, mención especial del jurado de la convocatoria de este mismo premio en el año 2004.

En Amarás a tu prójimo, nos encontramos a través de tres únicos personajes con texto y algunas voces anónimas, “la ficción social” de un mundo fronterizo, donde los emigrantes, en este caso, pertenecientes a países actualmente del primer mundo, se ven obligados a abandonarlos para salir al encuentro de una oportunidad.

Siguiendo un orden cronológico, la autora va haciendo un desarrollo descarnado de una serie de situaciones que nos permiten seguir paso a paso la evolución de los personajes, sobre los que soporta el desarrollo argumental, al mismo tiempo que nos lanza sobre cuestiones tan universales como la lucha por la supervivencia ante la falta de recursos, la indefensión de los más desfavorecidos ante el negocio del transito de fronteras, la pérdida y depreciación de principios. En definitiva nos sitúa ante una de las caras más oscuras de la especie humana, aquella en la que el prójimo adopta el rol de demiurgo decidiendo el destino, donde la ambición se desborda irreverentemente sin límites.

David, protagonista e hilo conductor de la obra, se ve obligado a abandonar su hogar en busca de una oportunidad, que pueda liberar de un futuro miserable a su familia. Tras el intento frustrado de atravesar la frontera por su cuenta, llega a ese espacio donde el ser humano se convierte en mercancía clandestina, donde a cambio de dinero todo es “casi” posible. Siempre hay que controlar la vejez improductiva, las embarazadas que contienen el germen de los que podrán a aspirar a ser ciudadanos de segunda categoría, y otros elementos perturbadores que pueden poner en peligro la armonía de los que habitan el país soñado.

Teresa, solitaria mujer mayor, lleva tiempo instalada en la frontera, espiando la culpa de haber abandonado a su hija. Espera pacientemente reunir el dinero que la proporcione el poder pagarse el pase que la permita volver acercarse a ella, aunque sea manteniendo la distancia del remordimiento. Su habilidad con la pintura se convierte en el recurso que le conducirá a ello.

Robin es el encargado de dar y negar el visado de salida, su habilidad para negociar con los controladores fronterizos le ha convertido en el rey del negocio humano. Todos son necesarios para que la noria siga girando.

Una constante penumbra acompaña en su mayoría, el desarrollo de los diálogos que dejan entrever los conflictos psicológicos de los personajes, siempre acompañados de pequeñas acciones que muestran la precariedad y la atmósfera viciada  del entorno. La ambición y adaptación de David, que pasa de víctima a verdugo, marcará de una forma despiadada el desarrollo de la pieza. Quedará suspendido en un círculo vicioso sin escapatoria posible.

Quince escenas fracturanLittle Brook, de Irene Mazariegos (Valladolid 1977), accésit de este año. La autora recrea en su texto, cargado de referentes cinematográficos y literarios, el perfil de una pequeña y olvidada población inglesa, que utiliza la aparición de un náufrago, “Pianomán”, para salir del anonimato y proyectar los deseos y frustraciones de sus habitantes.

Las escenas llevan implícito un conflicto en desarrollo, nos introducen velozmente en el devenir de un cotidiano tintado en gran medida de aceptación, sueños estancos y el absurdo de una flemática realidad a la que los personajes se ven sometidos.

Los personajes son de lo más variopinto. Martha, joven cuidadora del psiquiátrico Little Brook, está enamorada de uno de sus pacientes, Joe, hombre que encierra un apasionante pasado viajero. Martha intentará convencerle para que escape junto a ella hacia Europa. Esto marca el comienzo de la obra y el principio de una cadena de intentos de huida. Murray, el director del psiquiátrico, dispuesto a magnificar la aparición de Pianoman con la firme intención de encabezar titulares y encumbrarse a la fama, enturbiando todo esfuerzo de esclarecer la verdad sobre éste. Rose Mary, mujer dedicada al cuidado de un padre enfermo que la ignora, y Malcolm Smith, hermano de ésta, periodista mediocre, que cegado por la posibilidad de conseguir un nombre confecciona y se convierte en cómplice de la farsa. La borracha, mujer sin nombre que espera ahogarse en alcohol, Samantha, loca empeñada en cuidar a los otros pacientes o romperles las piernas para que no puedan escapar de su lado... y así hasta un total de diecisiete personajes que configuran la caleidoscópica mirada que la autora consigue ofrecernos.

Diálogos mantenidos con el silencio del otro, monólogos, escenas cargadas exclusivamente de acción, sueños que se intercalan en el transcurso normal de la obra, ruedas de prensa, cartas de amor que en off acompañan una imagen silente, etc., soportan la estructura de este texto, que encuentra un intencionado y muy cuidadoso apoyo en las poéticas didascalias que la autora utiliza para colorear y sugerir con mayor fuerza el imaginario.

Felicidades desde aquí a las autoras y el agradecimiento por permitirnos disfrutar de dos muy gratos y diferentes paseos por la literatura dramática.

 Rosa Briones

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