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Reseñas de libros

Matilde Landa no está en los cielos

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Autor del libro: Iglesias, Agustín. (Presentación de Manuela Carmena)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2016. (Serie: Literatura Dramática Iberoamericana, nº 75). 202 págs.

Bucear en la realidad y la ficción se convierte en un ejercicio de poética dramática, que intenta dibujar el mapa de la memoria desarticulada de una mujer y por ende del territorio que habita.

Otras dos mujeres participan con su voz en este libro: Manuela Carmena, que realiza una breve presentación de la obra en la que nos invita no solo a disfrutar de su lectura, sino también de la reflexión a la que incitan los diálogos de este texto; y Karmele García Salmón, que nos introduce en el universo de este hombre actor, autor y director teatral con el artículo titulado, El teatro de Agustín Iglesias Novillo: una reflexión sobre el individuo y la sociedad actual.

No es desde la necesidad de crear héroes o víctimas desde donde parece escribir Iglesias, sino desde el reconocimiento a una mujer comprometida con su presente, participe del Comité Nacional de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo, vinculada al Socorro Rojo Internacional, que en 1936 ingresa en el Partido Comunista y participa de forma activa en la evacuación de niños y niñas hacia Rusia... Es desde la ética sociopolítica y el humanismo de Matilde Landa, desde donde arranca el texto de Iglesias, con la intención de poner en valor y dar visibilidad a esos otros paisajes humanos que ocupan menos espacio en la mayoría de los libros de historia.

Esta publicación es una invitación a asomarnos a esas páginas de la crónica de este país, recuperadas en las encrucijadas de la memoria, que han servido de guía a Juan Antonio Hormigón para escribir su amplia introducción en este volumen Matilde Landa: una ciudadana ejemplar; Hormigón comparte su investigación sobre el personaje y su entorno con un trazo decidido y certero, que genera una atmósfera propicia para adentrarnos con mayor profundidad en la ficción dramática.

También incita a la inmersión en la pieza dramática contar con algunos fragmentos de las 29 cartas que Matilde Landa escribió a su hija entre 1937 y 1941, donde se recoge la voz de nuestra protagonista que, como apunta Hormigón, describe mediante procedimientos metafóricos su propia realidad y crea algunos personajes como el de Elvira, que no es otro sino ella misma con su nombre de guerra

«De Elvira buenas noticias. Pero ¡qué cosa le pasan a esta chica! Creo que en 2 días la han castigado ¡4 veces! Y la última porque cuando sus padres le estaban regañando muy serios, ella se echó a reír. Y claro, se desesperan…Y uno de esos cuatro castigos ha sido prohibirle escribir en dos meses; pero… seguro que ella se reirá siempre, porque es así, ya la conoces.»

Matilde Landa no está en los cielospresenta una pluralidad de planos tanto en su estructura como en su secuencia narrativa. “Combate en seis asaltos o episodios”, es como califica Iglesias la obra, que dividida en un total de 16 escenas, nos dan la pauta del ritmo que plantea la estructura de la pieza, para crear la ficción de los encuentros reales que mantuvieron Bárbara Pons, miembro de Acción Católica, con Matilde Landa durante su encarcelamiento en la prisión de mujeres de Can Sales de Palma de Mallorca.

Este laberinto espacio-temporal y dialéctico planteado por Iglesias, está transitado por tres personajes, las dos protagonistas que acabamos de citar y un Actor convertido en narrador y árbitro del combate.

También son tres los bloques que conforman el contenido de la obra: el que transcurre entre los años 1941 y 1942, cuyo núcleo dramático encierra el intento de someter y convertir a Matilde al catolicismo.

«Bárbara.- No se puede vivir sin freno ni temor de Dios. Sin Él la existencia es un  infierno, los demonios nos invaden. Nada bueno es posible sin la presencia del Buen Dios.

Matilde.-¡El Buen Dios!, y con esas palabras os consoláis. En el nombre del Buen Dios disteis un golpe de Estado, permitisteis que canallas sin entrañas abusasen de  inocentes, que las tropas africanas violasen mujeres…».

El compuesto por los diálogos que el Actor mantiene con el público, que nos permiten conocer los sucesos históricos ocurridos en el pasado según avanza la ficción, al tiempo que nos plantea reflexiones desde el presente utilizando la voz de otros escritores como Heiner Müller, Zizek, Walter Benjamin, etc.

«Actor.- ¿Cómo cohabitamos los vivos con los muertos? se pregunta el poeta John Berger. ¿Qué relación mantenemos? Antes de que nuestra sociedad se deshumanizase los vivos anhelaban alcanzar la experiencia de los muertos. Era su mayor deseo: adquirir su memoria, compartir sus conocimientos... Quizás la memoria de los muertos sea una forma de imaginación en la infinitud. Tan poderosa que, a veces, logra romper los muros del olvido en el sueño, en el silencio, en lugares como este, el teatro…».

Y por último el bloque en el que se entabla un diálogo a tres bandas, transgrediendo las pautas dramáticas, donde el Actor asediado por la curiosidad de las mujeres les habla del momento presente, de cómo los ideales y la sociedad se han ido transformado

«Actor.-... El capitalismo pactó con los gobiernos socialdemócratas y los sindicatos creando el Estado del bienestar. El muro de Berlín fue el símbolo de la separación de dos visiones del mundo…

Bárbara.-Los países comunistas suprimieron las libertades, persiguieron a la Iglesia…

Matilde.-¿El comunismo suprimió libertades?

Bárbara.-¿Por qué te extraña tanto? ¿No lo hizo ya Stalin con los juicios de Moscú? Ejecutando y mandando a Siberia a todos sus camaradas. Os callasteis asesinando a todos los que lo denunciaron, como a ese Andreu Nin. Igual que os tragasteis doblado el pacto de Stalin con Hitler…».

Más allá de lo que el autor pone en boca de sus protagonistas, antes de comenzar cada asalto nos lanza un guiño firmado por figuras masculinas -curiosamente no aparece ninguna cita de mujer-, sobre las que se asienta nuestra historia y cultura: Thoreau y Emerson, Trotski, Cristo, Carlos Marx, Heiner Müller y Lenin, que, además de encerrar el contenido de las escenas, nos extiende una invitación a navegar fuera de ella.

Cabe destacar la variedad de estilos con los que Iglesias ha imaginado y dado forma a su texto, cómo desde esa diversidad nos invita a bailar al son del discurso crítico y poético de una manera totalmente fluida, la fusión de los datos históricos con el sentir de los personajes van tejiendo un recorrido perfectamente trazado, un camino lleno de recovecos desde los que imaginar y reflexionar, que se cierra de forma circular con la misma frase que comenzó:

«Actor.- Un enemigo es alguien cuya historia no has escuchado…».

Rosa Briones

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