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Reseñas de libros

Misiles melódicos / Vitalicios

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Autor del libro: Sanchis Sinisterra, José. (Prólogo de Itziar Pascual)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2016. (Serie: Literatura Dramática Iberoamericana, nº 76). 204 págs.

Inquieto, fronterizo y también -¿por qué no?-, transgresor, José Sanchis Sinisterra es uno de los creadores teatrales que llevan marcando la creación literariodramática en nuestro país, no sólo con sus propias obras sino con un amplio magisterio ejercido en talleres y en su Teatro Fronterizo, lleno de vías y preguntas que sirven a las siguientes generaciones como estímulo y reto para la escritura dramática.

La escritura de Sanchis es siempre nueva, en la medida en que él mismo ha marcado una trayectoria en la que los retos y las hipótesis formales -que nunca deja de plantearse-, le hacen visitar interesantes territorios literarios, en los que se adentra con talante de explorador y cierto espíritu de funambulista teatral.

En este volumen, Sanchis Sinisterra recoge dos obras que, junto a su ácido humor y la mordaz crítica de la violencia y la desigualdad social, suponen sorprendentes incursiones por géneros mestizos.

Misiles melódicosaparece definido por su autor como “tragicomedia musical”. Y como corresponde a una obra lírica, establece su desarrollo con un buen número de escenas cantadas para las que, no obstante, existe una justificación dramatúrgica en el propio argumento.

Un magnate de una gran empresa armamentística española se despierta afectado por una extraña enfermedad: en vez de hablar, canta. En tanto que busca solución para esta afección, que pronto revela su origen psicológico, Zulueta –tal es el nombre del personaje- obliga a cuantos le rodean a cantar con él para no sentirse tan extraño. La imposición se extiende a los miembros de su consejo de administración: los altos ejecutivos de las armas entonan así sus voces, mientras discuten sobre la venta de sus mortíferos productos. Y será precisamente el patrocinio de eventos musicales la actividad cultural que elegirá la empresa como coartada ante las protestas de los pacifistas.   

Evidentemente, el planteamiento, que genera situaciones cómicas y absurdas, tiñe la obra de elementos de parodia y grotesco. Su humor adquiere en ocasiones perfiles metateatrales, como sugiere el propio protagonista:

«Porque si sigue la cosa / y me pongo varonil, / caeremos en la fosa / del más vulgar vodevil.// Y ya que estoy enredado / en un embrollo mayor, / mejor me lanzo en picado / a un monólogo interior.» (pag. 95)

Sanchis introduce remedos de zarzuela, de copla, de cuplé y hasta de opereta. Pero sobre todo, inocula su denuncia del uso de la guerra como motor de la economía:

«Se trata del tema de los niños soldados... Dispongo de datos realmente impresionantes. Más de medio millón enrolados en ejércitos regulares de... ochenta y siete países. (...) ¿No rompe el corazón ver a esas criaturas, en general desnutridas, manejando unas armas que a menudo son más grandes... y hasta pesan más que ellas? Fusiles, ametralladoras, rifles de asalto, lanzagranadas... Pues bien: ¡fabriquemos tallas infantiles! Estamos ante un mercado emergente que no podemos ignorar.» (pags. 47-48)

Y de esta forma, el musical se convierte en un mecanismo ficcional con el que establecer la reflexión sobre la doble moral con la que se desarrollan las prácticas mercantiles en la sociedad democrática.   

Vitalicios, por su parte, recibe la muy ajustada denominación de “sainete negro”. En esta ocasión, su argumento presenta a unos funcionarios encerrados en el quinto sótano de un ministerio –que ha sustituido el departamento de cultura por el de “festejos populares”-, donde seleccionan los nombres de una amplia nómina de artistas de diversas disciplinas, beneficiarios de los “Premios vitalicios”. Sólo que, a la luz de las órdenes que llegan del exterior, el lector advierte un giro inesperado y siniestro al sentido de sus decisiones: La elección debe segar esta lista, cuyo mantenimiento se ha vuelto insostenible, con mecanismos expeditivos.

El humor se sumerge aquí en planteamientos kafkianos, de una lógica alterada en un mundo al revés, que hace fluir su estilo hacia la sátira macabra sobre circunstancias que imperan en el nuestro.

Laten en las situaciones y las réplicas de este texto los mundos de Pinter, de Azcona y Berlanga, y por supuesto de Beckett, uno de los autores de cabecera de nuestro autor. Sanchis fustiga, desde la risa, a los poderes políticos y su falaz comportamiento hacia el mundo de la cultura.

El volumen cuenta con un clarificador prólogo de Itziar Pascual, que analiza y desvela algunas de las claves contenidas tanto en estos dos títulos como en otros de la amplia producción dramática de Sanchis Sinisterra. Un autor que sigue siendo imprescindible para nuestro teatro.

 

Federico Martínez-Moll

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