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Reseñas de libros

Goldoni: mundo y teatro

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Autor del libro: AA.VV.
Madrid: Publicaciones de la ADE, 1993. (Serie: Debate, nº 4). 494 págs.

Son varios ya los libros publicados el año pasado por la A.D.E. para conmemorar el Bicentenario de Goldoni, y no quiero dejar de señalar la buena hechura de las ediciones hasta ahora aparecidas, el interés indiscutible de la esperada traducción de las Memorias, que están en camino, y la utilidad crítica de este libro del que ahora brevemente me voy a ocupar. La primera parte recoge una serie de ensayos acertadamente seleccionados, la segunda es un teatrografía, una laboriosa recopilación de datos sobre toda la obra goldoniana a la que me referiré al final.

La selección de ensayos está encabezada por la edición del Prefacio del autor a la primera colección de comedias, de 1750, que es el texto básico donde Goldoni explicó con detenimiento los resortes de su poética teatral hasta ese año 1750 y que afecta de lleno a la etapa de la reforma e ilumina aspectos de interés sobre la Historia de su teatro. Su edición resulta esencial no sólo porque difunde un texto decisivo, sino también porque sobre la base de las ideas en él expuestas por el escritor, los ensayos sucesivos de Fido y Baratto están haciendo constante referencia a su problemática, desde el momento en que ambos han sentado las bases de la lectura sociológica que se ha venido haciendo en las últimas décadas del teatro del veneciano. El estudio de F. Fido, Le commedie e iI borghese in società es de 1957 y se incluyó en su libro Guida al Goldoni, Turín, Einaudi, 1977; y los de M. Baratto, que se complementan de manera importante entre sí, son «Mondo» e «Teatro» nella poetica del Goldoni, Venecia, Stamperia di Venezia 1957, reeditado en el 64 y en el 71, y el posterior Goldoni, vent'anni dopo recogido en el volumen póstumo La letteratura teatrale del Settecento in Italia, Venecia, Neri Pozza 1985, donde se publica con notas que aquí faltan.

Si estos tres estudios, ya históricos y vertebrales, trazan, como digo, la lectura sociológica del teatro goldoniano en sus líneas fundamentales, los ensayos traducidos a continuación enlazan consecuentemente con esa vertiente sociológica y van más allá, ofreciendo una visión enriquecedora de la problemática de la crítica y valoración del teatro del escritor. El trabajo de G. Herry, Una poética puesta en acción, repasa los aspectos básicos de la poética del autor al hilo del proceso de la reforma, con lo que resulta inevitable el enfoque del enfrentamiento que la defensa de su poética (en “Il teatro comico” y otros escritos en este sentido) y su actitud polémica, y su éxito, provocaron en Venecia con el abad Chiari, el conde C. Gozzi y el crítico Baretti. En este repaso de la italianista francesa se destaca una vez más hasta qué punto Goldoni estuvo involucrado en las turbulentas aguas del teatro real de su época, y salen a la luz algunos de los problemas más íntimos, más personales de la lucha psicológica que el autor debió sostener consigo mismo a través de los años, la tensión con que vivió tanto sus limitaciones como el feroz ataque de que fue objeto por parte de sus enemigos, sólo superado, creo yo, por el esencial optimismo de su carácter, que le aleja y le hace por lo tanto superior al esencia pesimismo de Chiari, Gozzi y Baretti, que señala bien G. Herry. Surgen datos interesantes en estas páginas acerca de la historia de este enfrentamiento, visto desde la perspectiva también de la ideología, personalidad y actitud literaria y social del trío de feroces y encarnizados enemigos. Se enfoca así uno de los aspectos más apasionantes de la historia del teatro veneciano del siglo XVIII, donde, aunque están en juego postulados poéticos, criterios estéticos, ideales y técnicas, destaca, sobre todo, su vertiente humana y la intensidad de estas vivencias.

El último artículo publicado, Del abad Chiari a Giorgio Strehler, de L. Lunari, enlaza bien con el trabajo de Herry y complementa el discurso en él iniciado. Lunari representa con gran lucidez las líneas vertebrales de la historia de la crítica goldoniana, desde los primeros críticos dieciochescos hasta casi nuestros días, desde la crítica positiva (pero parcial e insuficiente) de Gasparo Gozzi y Melchiore Cesarotti, a la crítica negativa y destructiva de los citados e Gozzi, Chiari y Baretti, que sentaron las bases de la opinión critica posterior, en uno y otro sentido, con sus ventajas, sus limitaciones, y sus enormes carencias. Salta después Lunari a las páginas criticas de De Sanctis, que dice «deben ser consideradas como las principales responsables de las interpretaciones negativas heredadas en nuestro siglo» y enturbiadas más aún por «las interpretaciones que se han hecho de los escritos de De Sanctis» (pág. 233).

De De Sanctis a Croce, Lunari traza una útil y sintética trayectoria de opiniones criticas, entre las que destaca, curiosamente, la valoración positiva del italianista ruso Givelegov que en 1933 editó una antología de comedias goldonianas en ruso traducida al italiano en 1953 y que sirvió para reafirmar en la crítica italiana el contenido ideológico, moral y social, de la reforma. Y más cerca ya de nuestros días, señala Lunari algo de sumo interés: para una adecuada valoración de la aportación goldoniana, dice Lunari, «no basta la lectura de la palabra escrita, sino que se debe ver la palabra unida a su realización completa en el escenario, completarse con el elemento gestual, tan evidentemente esencial para el arte dramático» (pág. 243). Esto tiene, en mi opinión, dos básicas repercusiones de tipo crítico, entre otras que podrían señalarse: una consecuencia de tipo histórico, porque, como dice Lunari, si De Sanctis y Croce hubiesen ido más al teatro, habrían tenido «una comprensión más humana del oficio, que les habría hecho comprender cómo una reforma no se realiza a través de una intuición sin condiciones, sino que se adecua continuamente al público que la presencia y a los actores que la ponen en práctica» (pág. 243) La segunda consecuencia que quiero destacar es el entronque que esta afirmación de Lunari permite establecer con las últimas tendencias de la semiótica teatral explicadas con detenimiento por De Marinis en su esencial Semiótica del teatro y en su concepto del «texto espectacular» que privilegia a la obra llevada a espectáculo y valorada esencialmente como espectáculo, como realización espectacular. No cabe duda de que este planteamiento semiótico, además de llevar a un análisis puntual del texto, (puntualidad que muy a menudo ha faltado en los estudios de los críticos que ha citado Lunari) ofrece nuevas y sobre todo útiles perspectivas metodológicas que pueden ir iluminando parcelas de la producción goldoniana (un ejemplo muy llamativo son los válidos trabajos de B. Anglani, con quien hay que contar) que permitan llegar a visiones totalizadoras más amplias, pero sustentadas en el análisis puntual.

Lunari subraya «la critica de hecho» que supuso el trabajo de Visconti y de G. Strehler representando obras clave de Goldoni, como una aportación más a la lectura crítica de su teatro, y destaca como último ejemplo la puesta en escena strehleriana de Le baruffe chiozzotte, que los espectadores madrileños hemos podido ver en octubre del 92, y hace una atinada crítica de ella que merece la pena leer (ver las págs. 250-2), donde destaca la incorporación del pueblo a la escena como una demostración más del «esencial optimismo goldoniano, por su profunda fe en el hombre y en la historia, por su completa bondad» cargada tanto de compromiso social como de convicción moral.

Los datos recopilados en la Teatrografía serán de gran utilidad para el mejor conocimiento y difusión de la obra de Goldoni en España, y también, como apunta Hormigón, para la dinámica de las representaciones del autor en España; para su confección es de suponer que haya sido de enorme ayuda la nunca suficientemente elogiada edición de G.Ortolani, y espero que en una medida muchísimo más modesta, la cronología elaborada por mí en mi estudio sobre La locandiera. Las sinopsis argumentales tienen siempre una indiscutible utilidad orientativa, y toda aportación de datos, y más una empresa de este tipo, tienen siempre un carácter ingrato para quien las confecciona, pero enormemente grato para quien luego puede servirse de ellas.

 

 

María Hernández Esteban

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