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Reseñas de libros

V. S. Meyerhold. Textos teóricos

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Autor del libro: Vsevold Meyerhold. (Edición de Juan Antonio Hormigón)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 1992. (Serie: Teoría y Práctica, nº 7). 656 págs.

La obra y los escritos de Meyerhold forman parte de la eclosión revolucionaria que durante algo más del primer cuarto de siglo sacudió todos los cimientos de las sociedades europeas en todos sus órdenes. Lo que se denomina "vanguardia" no es sino la "fractura" intelectual y artística de una crisis social, política y económica del modo de producción capitalista. Esa fractura está irremisiblemente ligada a esa crisis. La hegemonía burguesa del naturalismo (siglo XIX) es contestada y descubierta en su elemental paradoja: al intentar “reproducir” todo en la escena o en la escritura teatrales (los caracteres, la naturaleza, los objetos...), al intentamos "hacer ver" todo, ocultaba la realidad dominante que precisamente no puede verse sin transformar el discurso (las relaciones de poder, los valores clasistas, las formas de dominación o las estructuras “abstractas” que legitiman y mantienen el orden burgués). Esto es, “hacemos ver” para que no veamos nada. La fractura estética que se inicia con el impresionismo y que llamamos vanguardia entrará en los primeros veinte años del nuevo siglo en una dinámica contradictoria cuyo resultado será la escisión en dos corrientes opuestas, lo que en otra parte hemos llamado “vanguardia burguesa” y “vanguardia comunista”.

Meyerhold rompe su vinculación con el naturalismo (que había conocido perfectamente al trabajar con Stanislavski) en 1902. Ya en 1904 introducía “decorados de luz” y a partir de ese momento su obra y sus textos van a estar alimentados por lo que él llamo “anti-ilusionismo” (es decir, por una oposición absoluta al juego “vercegando”, entre otras cosas). Es pues el concepto de “realidad” el que genera toda la obra del director de escena ruso. Y es en el interior de este mismo concepto en el que se dan, como constituyendo un nudo ideológico, todas las luchas que durante casi cuarenta años van a atravesar su obra.

El libro que se reedita ahora (apareció en 1972 en la editorial Comunicación en dos volúmenes) ha sido reorganizado por su editor quedando básicamente dividido en dos partes: la teórica y la práctica, cada una de ellas ordenadas cronológicamente. Al margen de que no parezca conveniente esta diferenciación (hubiese sido preferible un corpus que Hormigón define como teoría y práctica unidas), lo cierto es que leyendo estos artículos, conferencias, notas de dirección..., asistimos a las tensiones que su proyecto anti-naturalista produjo en el seno de ese concepto que Meyerhold prefirió convertir (para evitar equívocos seguramente) en “productivismo”, “biomecánica” (p. 229) o “constructivismo” (p. 282). La misma tensión aparece en los escritos de Kandinsky para el que “abstracción” era igual a “realismo”. Ciertamente el pintor ruso parte de la crítica vanguardista burguesa a las concepciones naturalistas burguesas y así no es extraño que en una entrevista con Paul Westheim (1922) titulada ¿Un nuevo naturalismo? respondiese que “el naturalismo está llamado a allanar el camino del arte abstracto” (1).

Meyerhold, sin embargo, y contra sus propios inicios en la “convención consciente” (época en que está absorbido por Maeterlinck y la “espiritualidad” simbolista), empieza de la nada, ¿un grado cero del teatro? (el texto será solo un elemento más), esto es, reconoce que todo arte es una producción y, pues, los elementos-materiales son formas que deben ser compuestas, construidas. El “director” se convierte así en “autor” (de ahí el nuevo sentido de “dramaturgia”). A la vez, sus puestas en escena enseñan una nueva gramática (p. 245 y ss.): es un proceso de producción al descubierto. Ataca así lo que en teoría estética se denomina “borrado de discurso” que hace el “ilusionismo” naturalista (esto es, no mostrar las “señales” de la producción). Su teatro desemboca en la vanguardia comunista para descubrir que el lenguaje es, con palabras de Sanguinetti “una dislocación, es decir, una manera de interpretar lo real: una idelología” y, como concluirá el escritor italiano “entonces, puedo muy bien decir que en una sociedad burguesa el lenguaje naturalista representa la normalidad de la sociedad burguesa” (2). Re-presenta (vuelve a presentar), pero para Meyerhold la caída de la imitación (ruptura con la mímesis aristotélical es dejar entrar en escena -en este caso- lo “no-dicho”, lo “anormal” que designa la burguesía (lo “no-dicho”: el discurso, lo ideológico). Esta “nada” de la que parte explica su afán de “indagación”, de investigación que Hormigón precisa acertadamente y le permite integrar en el montaje todo lo que la estética burguesa había seccionado y clasificado en su afán científico. Para Meyerhold no hay especificidades del teatro al margen del actor y de la construcción escénica.

La diferencia entre “pintar” elementos “abstractos” en una tela “vacía” sometidos a una “armonía” (la idea de composición pictórica como música es de 1912, De lo espiritual en el arte): Kandinsky, y poner en "relación grupos humanos (composición) con “actores-ingenieros” en un espacio “vacío” enseñándonos lo que “novemos” en la sociedad (es- tructura social): Meyerhold marca la distancia entre ambas vanguardias.

El lector de estos Textos teóricos encontrará en este libro materiales para la historia de una vanguardia, reflexiones y propuestas teatrales que hoy forman parte de los trabajos de muchos grupos y actores de Latinoamérica, EE.UU., Europa y Asia.

En ese nudo dialéctico e ideológico en que se convirtió el "realismo-realidad" para Meyerhold se advertirán los ecos de Appia, Maiakovski, Brecht, y las disonancias con Gordon Craig, Tairov... El propio editor propone el estudio de estos imprescindibles textos reunidos aquí y de sus propuestas teóricas (p.e. lo "grotesco" p. 192) con las ideas escénicas e Valle-Inclán o Brecht.

Aún cuando la edición tiene algunos problemas importantes (la ausencia de fotografías que harían innecesarias algunas descripciones de sus puestas en escena, o una actualizada bibliografía, por ejemplo), la larga y cuidada "Introducción" de Hormigón y sus presentaciones a distintos bloques de artículos nos precisan y contextualizan la elaboración teórica y las prácticas escénicas del director ruso. Algunos "guiños" en el texto del editor (por ejemplo la idea de que la palabra completa la dramaturgia meyerholdiana p. 67-68) sugieren que este libro en su momento supuso una intervención en el debate estético-ideológico que entre 1965 y 1975 existió en el panorama teatral español. Las posiciones naturalistas de ese momento son hegemónicas hoy. Si bien no existen en estos momentos condiciones para una nueva fractura estética probablemente volver a Meyerhold sea, en último caso, presentarse en el futuro.

 

César de Vicente Hernando

 

(1) KANDINSKY.- La gramática de la creación futura, Barcelona, 1987, pp. 64-65.

(2) SANGUINETTI.-Por una vanguardia revolucionaria, B. Aires, Ed. Tiempo Contemporáneo, 1972, p. 59.

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