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Reseñas de libros

Hay que deshacer la casa / Triste animal / El equipo femenino de la calle once

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Autor del libro: Sebastián Junyent / Javier Maqua / David Barbero. (Edición de Inmaculada López Silva)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2010. (Serie: Premios Lope de Vega, nº 19). 245 págs.

El Premio Lope de Vega llega a la, hoy tan añorada “culturalmente” por muchos, década de los ochenta. Las obras que ocupan este volumen son buena muestra de ese momento histórico. Recordemos que estamos hablando de una época en la que había muchas esperanzas puestas, ya que por primera vez desde 1936 un partido de izquierdas gobernaba España, comenzaba a producirse una descentralización del poder a través de los estatutos de autonomía, se buscaba una homologación con Europa, cultural y socialmente, se intentaba una modernización del país, es el momento de la “movida”... Tal y como nos señala Inmaculada López Silva: “un simple partido de fútbol parecía augurar un país nuevo” (p.9), como fue el famoso España 12 – Malta 1.

Sebastián Junyent, autor madrileño de ascendencia catalana, que, según César Oliva podría inscribirse en un grupo de autores que pretenden “un teatro español contemporáneo de la nueva situación social”, gana el premio en 1983 por unanimidad con Hay que deshacer la casa. Junyent refleja en esta obra de estructura clásica este panorama social y moral convulso de la España de los ochenta mediante sus múltiples referencias críticas al pasado reciente de la dictadura y al exilio de miles de personas, y a través de continuas alusiones sobre los usos de educación social, moral y sexual que marcaron la vida de toda una generación de mujeres. Laura y Ana, las dos hermanas protagonistas de esta historia, se vuelven a encontrar después de años para repartir la herencia de sus padres tras el fallecimiento de su madre. Ambas han sido educadas en los mismos valores nacional-católicos, y ello ha perfilado sus vidas por caminos igual de tortuosos pero completamente distintos.

Al año siguiente, en 1984, el jurado del Premio Lope de Vega declaró desierto el galardón, pero concedió dos accésits “ex aequo” a las obras Triste animal, de Javier Maqua, y El equipo femenino de la calle once, de David Barbero.

Javier Maqua con Triste animal lleva al lector/espectador al mundo rural, en un tiempo previo a la Guerra Civil. Nos presenta a modo de fábula y con cierto tono brechtiano que se da a lo largo de todo el texto, a una familia de feriantes que sobrevive gracias a la exhibición de una ballena muerta, la Gibosa, por las fiestas de los pueblos de la geografía española. Su vida de nómadas roza la marginalidad.

Este pasado, presentado de forma nostálgica, no es tan lejano, “hablamos de los años treinta y de todo el valor simbólico que rodea esa época, especialmente a través de la referencia, ideológicamente definitiva, a la guerra” (p.35) El empeño de Noé, el padre de familia, por llevar a la Gibosa a la capital simboliza la esperanza depositada en un futuro mejor. El estallido de la Guerra Civil cambiará las vidas de estos personajes. El final abierto que ofrece el autor, permite a cada cual sacar sus propias conclusiones e imaginar a su gusto el destino de estos “nómadas”.

Por último, David Barbero con El equipo femenino de la calle once, plantea las relaciones y roles que se establecen en un equipo de cuatro jugadoras de un deporte imaginario, el doble balón. El partido de la final contra el equipo de las “señoritingas ricas del Distrito residencial” (p.172) pondrá de manifiesto sus afinidades y rivalidades. La obra, que discurre en los vestuarios del polideportivo, a la vez que establece un juego entre el espacio representado y el espacio referido (el campo de juego), se divide en dos partes, correspondientes a las dos “mitades” del juego. Los personajes femeninos (Teresa, Ángela, Pat y Luissa) son prototipos “derivados de una lectura masculina de la sociedad” (p.43), como bien aclara Inmaculada López Silva en el prólogo, y los masculinos también, pero con una clara influencia del cine (el entrenador machista y duro, el presidente mafioso sacado de las películas de gánsters, el masajista simpático).

Esta comedia psicológica de apariencia frívola y final feliz, con ciertos tintes de postmodernidad (“el desenfado como estética, la utilización de personajes prototípicos pero referentes a clases muy concretas de una sociedad reconocible como urbana, o la asunción de un sujeto disgregado que se manifiesta en la coralidad de personajes” p.42), tan común en los ochenta, no evita reflexionar sobre el papel de la mujer y el hombre en esta época, y por supuesto, como sucede en los dos textos anteriores, sobre su momento sociopolítico. Al fin y al cabo, somos hijos de ese tiempo. No se las pierdan.

 

Inmaculada de Juan

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