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Reseñas de libros

Baile de huesos

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Autor del libro: Belmonte, Elena. (Premio Lázaro Carreter, 2010)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2010. (Serie: Literatura Dramática Iberoamericana, nº 62). 79 págs.

Convertida en personaje casi desde los orígenes del teatro, la Muerte ha sido representada  frecuentemente como un carácter siniestro, cuya llegada se asocia al inexorable destino, al sufrimiento o a la ulterior y temida “justicia divina”. Si en la Alcestes de Eurípides se la presentaba como “enemiga para los mortales y para los dioses aborrecida”, la Dança de la Muerte medieval hizo de ella un ser vengativo que arrebataba a los humanos, mientras les recriminaba sus culpas con un deje de indudable sadismo. La ideología de la Contrarreforma ligó al personaje a los conceptos de pecado y condenación en los autos sacramentales barrocos. Su reincorporación a la escena de la mano de los simbolistas mantuvo sus ominosos rasgos, en la búsqueda del terror. Y ya en el siglo XX, quizá Alejandro Casona, con La dama del alba, haya sido uno de los pocos autores teatrales, que, sin despojar a la Muerte de su perfil amenazador, optó por conferirle unos rasgos más serenos y “humanizantes”, como peregrina resignada a su pesar a la soledad y la obligación de matar.

Este Baile de huesos, con el que Elena Belmonte ha ganado el premio internacional de literatura dramática “Lázaro Carreter, 2010”, ofrece una nueva vuelta de tuerca sobre la parca y sus actos, haciendo de ella un ser no sólo amable sino hasta divertido y entrañable.

La autora presenta a cuatro personajes detenidos en un espacio vacío, con apenas unas sillas, en lo que se configura como la antesala del más allá. Aguardan la llegada de la muerte mientras discuten, con impaciencia o con temor, en una situación inevitablemente heredera de Beckett y Sartre. Y cuando la tensión alcanza cierta temperatura, la aparición de la temida figura crea un contrapunto sorprendente: La muerte se presenta como “una mujer menuda vestida con sencillez (...). Lleva un bolso muy grande. Parece aturullada y nada más entrar, el bolso se le cae haciendo bastante ruido”. Para colmo, sabe que ha venido a llevarse sólo a uno de los presentes, pero no encuentra el papel en que lo tiene apuntado. A partir de ahí, la Muerte – o Caty, como gusta que la llamen-, comenzará una serie de conversaciones con los cuatro convocados, Tobías, Lisa, Mauro y Cora, a fin de conocer las circunstancias que les han llevado hasta allí y quién de ellos es el elegido.

No es cosa de desvelar aquí la solución al enigma planteado por la autora, pero baste decir que la Muerte, a ratos transmutada en psicóloga, maestra, e incluso confesora, cumplirá exquisita, pero también firmemente su cometido. Su carácter ingenuo es un rasgo añadido a la superioridad de su condición, aunque la gentileza de quien se sabe todopoderosa ofrezca nuevas oportunidades para la existencia de unos y acompañe suavemente en su último tránsito a quien le corresponde.   

Belmonte dibuja con habilidad en los cuatro “pacientes” unas personalidades reconocibles -quizá en algún sentido también previsibles-, con características individualizadoras. Frente a sus facetas públicas, los cuatro albergan anhelos y dramas íntimos, cuyo descubrimiento constituirá la acción principal de la obra. Les ofrece la posibilidad de contar, de contradecirse, de enfrentarse y huir. Y maneja sus diálogos dosificando el tono coloquial, con informaciones y ritmos que mantienen el interés del lector y le invitan a avanzar por sus páginas.

Baile de huesos posee el perfil de una comedia dramática, tierna y vital, que apela a la emoción y la esperanza, y cuyo objetivo último es invitar a la reflexión sobre los valores de la existencia.

 

Carlos Rodríguez

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