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Reseñas de libros

Nocturno / Silencio

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Autor del libro: Adrià Gual (Traducción de Ignasi García. Edición de Caries Batlle i Jordà)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2001. (Serie: Literatura dramática iberoamericana, n° 35). 195 págs.

Adrià Gual es un ilustre desconocido en el teatro de lengua castellana (o española, como quieran ustedes, que yo no hago distingos). Para todo estudioso del teatro español es un nombre bien conocido como uno de los impulsores en la península de la nueva concepción escénica que aparece a finales del siglo XIX y que culminará con el establecimiento de una nueva figura dentro del mundo teatral: el director de escena.

Adrià Gual y las veladas organizadas en Barcelona con su Teatre Intim son, no ya un precedente, sino una primera muestra de la nueva sensibilidad que, amparada en el Modernismo, vino a revolucionar el mundillo teatral español, además de ejercer una influencia perdurable en el teatro catalán, dentro del cual es una referencia inexcusable desde todos los puntos de vista.

Sin embargo, hasta la fecha no se habían dado a conocer al público hispanohablante sus obras dramáticas. Y, teniendo en cuenta el desconocimiento que hay por todo lo catalán en el ámbito castellano, el hecho de que se conocieran y editaran sus obras en su lengua no favorecía en nada su difusión por el resto de la península.

Por fin, gracias a la colaboración entre la ADE y el Institut del Teatre de Barcelona, tenemos una edición en castellano de dos de las obras dramáticas de Adrià Gual, dos obras de su primera época que nos muestran el peculiar mundo de sugerencias y veladas alusiones que caracterizó al Simbolismo de finales del siglo XIX y que se difundió en España con el nombre de Modernismo.

Las dos obras revelan la influencia de Maeterlinck, autor que ejerció un influjo determinante en todos los dramaturgos de su época, haciendo que los escenarios se llenaran de presencias impalpables, de veladas ensoñaciones, de extraños presentimientos en un clima de asfixiante sensualidad y espiritualidad morbosa.

 

Nocturno es una obra singular, una muestra inmejorable de la sensibilidad finisecular que pretendía crear un arte nuevo mediante la fusión de todas las artes en una obra que, como queria Wagner, reuniera música y palabra, y al estilo de Baudelaire, fuera capaz de suscitar en el espectador sonidos leves como carne de niño. Un auténtico drama simbolista, seguramente el primero de los que se escribieron en España. El subtítulo de Nocturno es bastante expresivo: Andante morado. Adrià Gual explica esta extraña denominación en el prólogo que inserta en la obra y que tiene el revelador título de "Teoría escénica":

"Como todo el que pinta, creo de forma evidentísima en la influencia del color, y una de las cosas que más me gustaría es saber aprovecharla para aplicaria al drama de una forma completa.

Si la del color me enamora, no menos me atrae la influencia de la música que puede desprenderse de las palabras a través de las situaciones dramáticas. (...)

Por el asunto, al alma; por el color, a los ojos; por la música, al oído." (pp. 73-74)

La historia es sencilla y a la vez compleja, inquietante e ingenua al tiempo, como un remedo de Pelle as et Mel/isande. En un tiempo indeterminado que tiene algo de Edad Media prerrafaelista, el caminante y su hermana llegan a la terraza de un castillo deshabitado. No se sabe de dónde vienen. No se sabe a dónde van. No sabemos si huyen o buscan algo. Solamente un loco los recibe entre las ruinas. Cae la noche. Ajenos el uno al otro, el caminante y su hermana se entregan a ensoñaciones que toman cuerpo en forma de hombre y mujer a los que abrazan con pasión. Con las sombras desaparecen los sueños. Una estrella que brilla en el cielo del crepúsculo parece señalar un camino, ofrecer una esperanza, pero está lejos, demasiado lejos. Adrià Gual ensayó en esta obra un curiosísimo sistema de notación expresiva que se basa en la notación musical y que permitiría al actor interpretar el texto de acuerdo con las indicaciones "Apasionado", "Con dolor", "Expresivo", etc. Se trata de un intento sin continuidad y que, por otra parte, no llega a sustituir a las acotaciones tradicionales, por lo que se queda en una mera curiosidad de una época tan dada a las innovaciones. Sin embargo, no debe pasarse por alto que se trata de un primer intento de transcribir las intenciones y el ritmo del espectáculo, no tanto para el lector como para el profesional del teatro, particularmente para el actor y el director. Es decir, se puede intuir en estas notaciones el primer atisbo de un libro de dirección, una manera de fijar los aspectos más volátiles del espectáculo teatral. No resulta extraño que sea obra de la persona que introdujo en España la noción contemporánea de dirección de escena.

Silencio, estrenada en 1898, es una obra más tradicional, aunque, vista desde la perspectiva actual, es una obra más conseguida, un drama de especial intensidad y de singular perfección técnica. En un hogar de Igualada se está velando a la dueña de la casa, la mujer del joven maestro que se encuentra destrozado por la muerte de su esposa. La criada, prima de la difunta y más joven que el maestro, muestra un dolor que no es sólo por la muerte de la señora. Un sacerdote, amigo de juventud del maestro, viene a acompañarlo. Pero el viudo descubre un secreto que acaba de desvelar: su mujer ha vivido y ha muerto amando a otro hombre. El sacerdote recibe una fortísima impresión, pero es capaz de sobreponerse y consolar al amigo con las palabras del oficio. El drama termina con las palabras de Mosén Oriol, repetidas con intención por la criada: "El mundo es de los que callan."

En una época en donde se enseñoreaban de la escena los gritos y los desmayos, Silencio es una obra revolucionaria, dominada por una contención que no esconde, sino que muestra con más precisión el dolor y la tensión de unas almas desgarradas por la frustración de toda una vida consagrada a la apariencia de la respetabilidad burguesa, una respetabilidad carcomida por la pasión, más terrible por negada.

La edición de estas obras, pulcramente traducidas por Ignasi García, está realizada por Caries Batlle i Jorda, que hace una amplia y documentadísima introducción, modelo de trabajo sobre la génesis y la recepción de unas obras que merecían ser conocidas por el lector castellano desde hace mucho tiempo.

Fernando Doménech

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