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Reseñas de libros

El Teatro del siglo XIX por dentro

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Autor del libro: M.J. Moynet. (Versión española de Cecilio Navarro. Edición facsímil. Presentación de Juan Antonio Hormigón. Prólogo de Jesús Rubio Jiménez)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 1999. (Serie: Debate, nº 10). 286 págs.

"El objeto de este libro es inicial al lector en los secretos del arte de la decoración y de la exhibición de las obras dramáticas en los grandes teatros. Los espectadores que asisten a la representación de una ópera, por ejemplo, o de una magia, ven sucederse cambios, transformaciones, efectos encantadores que les sorprenden y admiran, sin que la mayor parte de ellos se preocupe mucho de la invención, arte, ciencia y trabajo que han sido menester para producir en ellos todas estas ilusiones." (p. VII)

El libro que así se presenta se publicó con el título El teatro por dentro. Maquinaria y decoraciones en 1885 en Barcelona, dentro de la colección “Biblioteca de Maravillas” del editor Daniel Cortezo. Jesús Rubio, en su esclarecedor prólogo a la obra que nos ocupa, explica la naturaleza y difusión de este tipo de colecciones, de libros lujosamente editados con destino a la floreciente burguesía catalana. Junto con la “Biblioteca de Maravillas”, editó Daniel Cortezo la “Biblioteca de Artes y Letras”, la “Biblioteca Clásica Española” y otras, entre las que destaca: España. Sus monumentos y artes. Su naturaleza e historia.

Estas colecciones, que venían a llenar el ansia de conocimientos “pintorescos” de una clase ociosa, resultan hoy valiosos testimonios de lo que se conocía en España a finales del siglo XIX. Así , El teatro por dentro, que no es un libro técnico, resulta un documento inapreciable para conocer cómo era realmente el funcionamiento de un gran teatro en este siglo tan despreciado por las corrientes teatrales del siglo XX.

Y digo “gran teatro” porque el autor insiste constantemente en ello: "Suele suponerse que los teatros sólo apelan a procedimientos groseros; que las decoraciones se pintan a escobazos; que los actores están grotescamente embadurnados de blanquete y de almagro. Se habla de palacios de cartón, de paisajes imposibles, de oropeles, etc. Hay sin duda un fondo de verdad en esas apreciaciones, cuando se trata de empresas pobres, obligadas a servirse de personas vulgares, desprovistas de aptitudes, y aun extrañas al arte que profesan. Pero el teatro moderno, parisiense, que tiene por clientes a Francia entera y a las demás naciones, ha podido realizar maravillas de presentación en escena, gracias al tributo pagado por tan numerosa multitud de espectadores." (p.44).

“Maravillas de presentación en escena”. No parece exagerado, por tanto, que este Teatro por dentro se incluyera dentro de una “Biblioteca de Maravillas”.

Para guiarnos por este mundo maravilloso, el autor se introduce imaginariamente en el teatro "muy de mañana, a fin de poder examinar todo a nuestro gusto y sin que nadie nos estorbe". Después de despertar el conserje,"muy sorprendido de una visita a las siete de la mañana", el autor va recorriendo los distintos lugares del teatro que están normalmente ocultos a la vista del espectador: el escenario, el foso, la bóveda y el telar, los talleres, los almacenes, etc. La visita a todos estos locales le va dando pie para explicar la construcción de decorados, las tramoyas, el funcionamiento del telar, los efectos de sonido, las recientes innovaciones en la iluminación escénica, que empezaba a utilizar la electricidad... Todo ello está explicado sin excesivos tecnicismos, dado el público a que va dirigido, y salpicado de anécdotas y de ejemplos tomados de obras concretas, en general de las vistas por los espectadores parisienses en aquellos mismos años: "Otro (efecto) que movió a París entero fue el de los espectros, que se introdujo en una pieza del teatro del Chatelet, después de haberlo empleado en un célebre gabinete de física. Estaba basado en la refracción que se produce en los espejos no azogados, cuando los objetos que en él se reflejan están colocados en ciertas condiciones de luz. Lo que aumentaba el efecto fantástico de aquellas apariciones era que los personajes reales mezclados con los espectros, pasaban al través o por detrás de ellos sin dejar de ser visibles. El tablado del teatro estaba elevado de manera que dejara un espacio suficiente para alojar algunos personajes vivamente iluminados, cubiertos con los trajes que habían de revestir las apariciones. Estos personajes se reflejaban en un espejo sin estaño, ligeramente inclinado para no reflejar nada de lo que hay por encima en el teatro. El fondo en que se destacaban los personajes reales era idéntico al del teatro; con que la refracción no dejaba ver, en el momento preciso, más que los personajes." (p. 97-98)

Todo ello nos indica el grado de perfección y de innovación que había alcanzado este tipo de teatro, el gran teatro burgués de finales del XIX, en lo referente a decoraciones, efectos especiales y trucos en los que se utilizaban todas las técnicas al alcance de los ingeniosos “metteurs en scene” de la época. No deja Moynet de notar que tanto lujo había motivado críticas de los que se quejaban de que el aparato ahogaba la creación literaria. Y, efectivamente, el teatro moderno, el que abrió los caminos del teatro del siglo XX, se creó al margen de este paraíso de la tramoya que nos describe con tanta precisión como orgullo Mr. Moynet.

Con todo, estamos ante un documento de época del mayor interés. Ninguna reconstrucción, por bien documentada que esté, podría contar con tal inmediatez y conocimiento de causa lo que ha sido uno de los momentos más gloriosos del teatro considerado como gran espectáculo. La edición facsímil que ha hecho la Asociación de Directores de Escena permite disfrutar de la lectura de esta obra sin perder nada del discreto encanto del libro antiguo. Es de esperar que no sea éste el único facsímil con que nos regale la ADE.

 

                                                                                            Fernando Doménech

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