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Artículos y noticias

¿Y si todo fuera mentira? El predecible ascenso de los nuevos brujos

02 de Julio de 2011

Por MF Vieites.

 No hace tanto, noviembre de 2006, que Warren Buffett, especialista en amasar dinero, afirmaba ante la prensa, The New York Times, la existencia de las clases sociales y la pervivencia de la lucha de clases, confirmando finalmente que era la suya, la de los ricos, la que estaba ganando. No vendría a contradecir las tesis de Daniel Bell, de Francis Fukuyama, de Gonzalo Fernández de la Mora o de Jean-François Lyotard en torno al fin de las ideologías, de la historia y del pensamiento crítico, sino a confirmarlas, en tanto lo que todos ellos afirman y defienden es la lógica del capitalismo global que ha desarrollado un nuevo relato que a todas luces se presenta e impone como el nuevo dogma: la ineludible tiranía del mercado. Aquí no hay relativismo que valga.

Resulta curioso que la crítica posmoderna a los grandes relatos se oriente fundamentalmente hacia los derivados de la modernidad ilustrada, nunca hacia los generados por la modernidad liberal, defendida por Karl Popper en sus tesis sobre la denominada “sociedad abierta”, base de una auténtica sociedad dual. Hace tiempo que Pierre Bourdieu exponía en su conocido estudio La distinción, cómo el capital escolar o cultural de la persona deriva de su posición en el espectro social, lo que viene a mostrar en qué medida el capital económico conforma a los otros dos. La exclusión y la pobreza tienen causas económicas, de clase.

En efecto, los ricos son los que ganan, y no sólo eso, ganan incluso cuando en su afán de ganar nuevas cotas de mercado provocan crisis que acaban pagando los que menos tienen. Las hemerotecas están llenas de ejemplos de cómo aquellos ejecutivos que provocaron la quiebra de tantas entidades financieras hace unos años, abandonaron sus cargos con cuantiosas indemnizaciones, y sin rubor alguno. Un dato reciente y tal vez colateral pero muy indicativo apunta en esa dirección: la venta de berlinas y coches deportivos de lujo en España, según un reputado diario de noticias, vive momentos de verdadero esplendor en medio de la crisis general del sector y la activación del sector de segunda mano en muchos frentes.

Es curioso que agencias que valoran y prorratean nuestro futuro, cada día más incierto, y que hacen negocio con sus fluctuaciones, las de nuestro futuro, o que instituciones como el Fondo Monetario Internacional, no supiesen que la crisis se estaba desatando, mientras los gobiernos vivían ajenos a la necesidad de regular los mercados para evitar lo que finalmente ha ocurrido: en la actualidad son las fuerzas que gobiernan los mercados las que se han situado por encima de los gobiernos, dictando e imponiendo su ley. Se habla del Club Bilderberg pero es probable que haya otros foros y grupos que hayan tenido mucho que ver en este proceso imparable de empobrecimiento global que conlleva igualmente la disminución de cotas de participación de la ciudadanía. Los ataques constantes y permanentes a los sindicatos y el interés por laminar la sociedad civil apuntan en la dirección del objetivo más preciado, que no es otro que, por utilizar las palabras de Antonio Gramsci, generar una sumisión global legitimada por los propios sometidos. Durante muchos años se ha señalado que los países del socialismo real eran émulos del mundo recreado por George Orwell en su obra 1984, pero tal vez ese mundo horrendo sea más parecido al que ahora se está organizando, un nuevo orden mundial marcado por el asentimiento ante la reificación de todo. Por todas partes se ven signos de cómo se están deconstruyendo mitos como el del conocimiento, de la libertad o de la igualdad, en una estrategia mediática en la que intervienen muy diversos medios. Y cada día aumenta el dominio de Estulticia, de una cultura alienante para las masas que no persigue otra cosa que la reificación del ser, su conversión en objeto, y con ella la aceptación definitiva de la dominación.

Como ya señalamos en otra ocasión, en el libro de Jacob Hacker y Paul Pearson, el titulado Winner-Take-All Politics: How Washington Made the Rich Richer - and Turned Its Back on the Middle Class, considerado en los Estados Unidos de América como una de las aportaciones del siglo, se analiza una tendencia que se genera en los años setenta y que consiste simplemente en lograr el control absoluto del poder ejecutivo, del poder legislativo y del poder judicial, por parte de las fuerzas económicas para utilizarlos en su beneficio. La lucha de clases de Buffett. Los resultados están a la vista de todos. No olvidemos, por ejemplo, que la familia Bush tiene empresas petrolíferas, y el modo en que los beneficios de éstas se han incrementado con la invasión de Irak y con la aprobación de la explotación de las reservas naturales de Alaska. El Estado al servicio del lucro corporativo.

Hay numerosos datos que vienen a confirmar la existencia de una gran alianza que tiene como objetivo el dominio global. Una de sus estrategias consiste en la vuelta atrás en las políticas educativas orientadas a favorecer que la escuela sea un elemento capaz de generar una igualdad de oportunidades real. Los ataques permanentes que sufre la enseñanza pública, la reducción de los ciclos de formación (como la desarrollada desde Bolonia) son muestras fehacientes de que la hoja de ruta se orienta hacia la instalación de un nuevo sistema educativo en el que el principio básico sea la segregación y el copago. La insistencia de tantas personas “de bien” en la importancia del “cheque escolar” para favorecer la supuesta “igualdad” y el derecho de los padres a elegir en “libertad” el centro de sus hijos, pero con la financiación del Estado, es una muestra más de las perversiones del lenguaje, y de los usos interesados que esas personas de “bien” están dispuestas a desplegar para alcanzar su objetivo, que no es otro que regresar a la sociedad estamental y piramidal. La verticalidad que defendía Karl Popper frente a la horizontalidad que reclamaba Habermas.

El problema, para nosotros, los humanos de a pie, es que todo ese nuevo orden se está construyendo sobre grandes mentiras, que se articulan haciendo un uso perverso del lenguaje, mentiras que permiten generar un simulacro mundial, lo que nos puede dar una idea de la catadura moral de quienes organizan la operación. Recordamos ahora aquellas “armas de destrucción masiva” en manos de Irak, que amenazaban con destruir el planeta, cuando la realidad es que entre los proveedores de armas a Irak estaban los Estados Unidos de América, Inglaterra o España. Pues bien, ese nuevo orden mundial que se preconiza consiste en una fabulación universal de personas que se consideran a sí mismas gentes de bien, amantes de la tradición y de los valores emanados de la tradición judeocristiana, y que como tales acuden en las fiestas de guardar a los templos de su comunidad presentándose como ciudadanos respetables, acompañados de amantísimas esposas, aunque todos ellos atentan un día sí y otro también contra el mandamiento en el que su dios les ordenó no levantar falsos testimonios, es decir, en el que les prohibió mentir. No referiré otras faltas de respeto a la ley de su dios, y de todos conocidas, pero tal vez debamos recordar la gesta inmunda de Marcial Maciel, fundador de la Legión de Cristo y tan amado de Juan Pablo II, gesta de violación y barbarie que se ha visto y se ve multiplicada todos los días por las mismas personas “de bien” que acuden a ritos varios fingiendo una piedad suprema.

Nada tiene que ver todo esto con el teatro, por cierto, pese al uso indebido de la palabra para referir conductas en las que las gentes “de bien” simulan hacer una cosa, cuando en realidad están haciendo otra. En teatro existe una convención mediante la cual aceptamos una realidad creada en escena, mientras que en la vida real no existe esa convención. Decir que la clase política hace mucho teatro no supone más que aceptar que mienten como bellacos, lo cual es impropio de personas que se quieren servidores públicos. Pero sería bueno, por el bien del teatro y por su buen nombre, no usar ese símil para referir esos usos y costumbres impropios de personas “de bien”. No hacen teatro, simplemente mienten. “Estudiado simulacro”, que cantaba La Lupe.

Para todas estas personas la mentira, el insulto y el falso testimonio se han convertido en la principal estrategia, lo que, como decíamos, nos informa de su catadura moral y de su indecible hipocresía. Es tal la acumulación de hipocresía, avaricia y lujuria, que en algunas de sus conductas observamos cómo se han situado más allá del bien y del mal, como si las leyes y normas que gobiernan las vidas de los humanos ya no tuviesen valor para ellos. Son los nuevos sacerdotes, los servidores del becerro de oro, los nuevos brujos que manejan la magia del mercado para mayor gloria de su verdadero dios: lucro y poder. Caminamos a marchas forzadas hacia nuevas formas de totalitarismo que se asentarán en el control que unos pocos van a ejercer sobre las vidas de la inmensa mayoría, lo que sin duda generará nuevos modos de una esclavitud más sofisticada. Incluso muchas estrategias de supuesta lucha contra la pobreza no persiguen otra cosa que cambiar pan por libertad. Ese es el caso de la organización denominada The Independent Institute, curioso nombre, en el que milita la flor y nata del neoliberalismo más ultramontano.

En España la situación es dantesca pues parece como si habitásemos el Infierno de Dante. La mentira y el insulto desaforado se han convertido en España en la estrategia global de todos aquellos que apuestan decididamente por la sociedad dual, aquella que tan bien organizó el dictador Francisco Franco con la ayuda de la España negra, la misma que cegó el progreso durante todo el siglo XIX y buena parte del XX. Bastantes medios de comunicación y una parte importante de la clase política, de esa clase política que ahora se apresta a tomar el poder, insisten una y otra vez en la necesidad de caminar en esa dirección, la vuelta a la sociedad dual, y por eso, por ejemplo, odiaban la LOGSE, tal vez la Ley de Educación más progresista que hayamos tenido. Poco importa que a veces sus discursos parezcan ser otros, pues cuando anuncian la necesidad de recortes y de control de gasto ya sabemos bien en qué van a recortar y qué gastos nunca van a controlar. Recordemos que muchas empresas de muchos poderosos, los mismos que hoy reclaman medidas liberalizadoras, han aumentado sus emporios gracias a una contratación de obra pública (o privada encubierta) que en muchas ocasiones aumentaba exponencialmente sus costos, incluso cuando su utilidad era más que cuestionable. Véase el aeropuerto de Castellón, disparate jaleado y justificado por la prensa de derechas sin un atisbo de arrobo.

Es la hipocresía y la obscenidad de quienes se envuelven en la bandera de la “democracia” y al mismo tiempo desprecian la democracia, de quienes dicen defender a los trabajadores y luego reclaman el despido libre. Los mismos que jalean esas nuevas formas de escribir la historia, que finalmente acaban por convertir a Francisco Franco en un demócrata y a Manuel Azaña en un tirano. Lo ocurrido con el Diccionario de la Real Academia de la Historia nos muestra cómo la evolución histórica en España se podría resumir como la transición entre el franquismo y el neofranquismo, y es tal el frenesí de las nuevas hornadas de franquistas confesos que en muchos medios ya se hacen panegíricos para mayor gloria del sanguinario dictador y de sus muchos cómplices y secuaces.

Un tal Fernández, que gobierna el Banco de España, pide los españoles esfuerzos y sacrificios ante una crisis que no han provocado, mientras cobra del erario público un salario que causa espanto y que le genera un plan de pensiones que en nada se compadece con sus demandas de austeridad y contención del gasto. Y volvemos a lo que antes decíamos, hay personas que se sitúan en otra dimensión, “iluminados” que están por encima del bien y del mal. En una situación similar están otras personas que sin el mínimo sonrojo reclaman austeridad y buen gobierno cuando acumulan cargos y salarios que superan con mucho la nómina que recibe, por ejemplo, el Presidente del Gobierno. Curiosamente parece que el tal Fernández sea en realidad quien gobierne los destinos económicos del país, pues todos los días reclama del gobierno medidas y más medidas que suponen un incremento permanente del paro y la perdida constante de derechos sociales, cuando se decía que esas medidas “liberalizadoras” generarían el efecto contrario. De nuevo las mentiras, y es que una sociedad dual es mucho más fácil de manejar. Cuanto mayor sea el número de parados y cuanto menor sea su poder de negociación, más posibilidades tendrá el capital de imponer su ley. Y una parte importante de la clase política está al servicio del capital, como nos muestran los expresidentes del gobierno de medio mundo, contratados por las mismas corporaciones a las que tantos servicios prestaron. 

España tiene muchos problemas, que la crisis ha agravado de forma considerable. Y entre esos problemas está sin duda el de una clase política que día a día da muestras de no estar a la altura de lo que la situación demanda. La mayoría de los partidos están instalados en el despropósito y el desatino, tal vez porque en sus dirigentes pese más la carrera personal que el servicio público. No es de extrañar que la clase política sea una de las mayores preocupaciones de una ciudadanía que cada vez lo es menos, porque el concepto de ciudadanía se opone al de servidumbre e implica la existencia de derechos y deberes, y al paso que vamos aumentarán los deberes y se laminarán los derechos. Y, como decía Gramsci, con el beneplácito, es decir, con el voto, de la mayoría.

Llega pues la esclavitud. Arturo UI, ¿recuerdan? Y ante eso sólo cabe la rebelión, una rebelión total y global. Tal vez  el 15M sea el comienzo.

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