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Artículos y noticias

No a la guerra, no al terrorismo

01 de Abril de 2004

Por Laura Zubiarrain.

Los terribles sucesos acaecidos en Madrid el pasado 11 de marzo y sus secuelas posteriores, nos han llenado de pesadumbre e incluso de zozobra. No hay que buscar excusas a semejantes reacciones: nunca había padecido nuestro país en tiempos recientes, desde la última guerra civil cuando menos, un embate violento de semejantes proporciones contra la población.

Estar contra el terrorismo, que no debiera ser confundido con las formas de combate y defensa de un pueblo cuando es sometido a la ocupación y la agresión, es algo de lo que deseamos quede constancia fehaciente en estas páginas. Pero al mismo tiempo es imprescindible plantearnos las raíces del problema, la lógica cultural de quienes actúan, los caminos más adecuados para superarlo y suprimirlo.

Una gran parte del pueblo español lo ha entendido claramente al proclamar tras los atentados del 11 de marzo su ¡no al terrorismo!, su ¡no a la guerra! Hemos descubierto de repente un pueblo español con un nervio cívico y una ponderación de los hechos de extraordinaria altura. Nada tiene que ver con esa imagen ficcional y deteriorada que las televisiones suelen construirnos con frecuencia para hacernos creer que somos un país de infranormales. No es así, aunque todo seguirá oculto de nuevo otro buen rato.

Las causas del terrorismo son varias y diversas. Guerras de agresión y depredación como la emprendida por Estados Unidos en Irak, no hacen sino acrecentarlas. Sobre todo porque la propia guerra y la ocupación en cada uno de sus lances, constituye un acto de terrorismo de Estado de proporciones gigantescas. Bush y Sharon, sus seguidores y adláteres, no entienden otra cosa que la demostración de fuerza y matar. Los cuatro mercenarios estadounidenses muertos en Faluya, son "vengados" con bombardeos indiscriminados sobre la población. Cuando esto escribo, se cuentan ya más de quinientos muertos, muchos de ellos niños y mujeres como es habitual.

Esta banda de extrema derecha que detenta el gobierno estadounidense, este grupo de agresores, obsesionados por el poder y el petróleo, no podrán nunca acabar con el terrorismo con métodos semejantes. Sólo lo alimentarán. Sojuzgar y humillar conduce siempre a la desesperación y eso, en determinadas culturas, propicia la inmolación. Nunca han entendido nada y no van a aprenderlo ahora. A gente así hay que apartarla con urgencia, como primera medida, de cualquier responsabilidad de gobierno.

Quizás haya suerte y veamos pronto a Bush respondiendo ante un tribunal internacional, a él y sus secuaces, por los desmanes cometidos y los crímenes que de ellos se derivan. En el de la historia está ya sobradamente condenado y como decía un diario español hace unos días, la foto de las Azores se incluirá en los libros de historia como ejemplo iconográfico de las decisiones criminales.

Nuestro no al terrorismo se une por ello a nuestro no a la guerra, que suele ser otra cara de la moneda.

 

Revista ADE-Teatro nº 100 (Abril-Junio 2004)

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