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Artículos y noticias

El ruido y la furia. Tres experiencias aparentemente inconexas acerca de la sustitución del sentido por el impacto sensorial de los efectos especiales

01 de Enero de 2005

 

 

Por Jaume Melendres.

En el curso de una reciente conversación con una niña de siete años de elevado coeficiente intelectual, entusiasta de Harry Potter, le pregunté si había entendido el argumento de la última película consagrada a este personaje, una historia que, a mí, me había parecido incomprensible debido a las complicadas idas y venidas de sus protagonistas por el túnel del tiempo. Ella me miró sorprendida y, después de un instante de vacilación (las preguntas de los adultos son maletas de doble fondo), contestó: “No del todo, pero me gustó porque pasé mucho miedo”.

Más recientemente todavía, en un debate en torno a Santa Joana dels escorxadors (Santa Juana de los mataderos), dirigida por Àlex Rigola y representada en el Teatre Lliure de Barcelona, un espectador -en nombre propio y en el de su esposa, sentada en silencio a su derecha- lamentó que la música sobrepuesta a la palabra actoral les hubiese impedido en muchas ocasiones oír el texto de Brecht pese a sus esfuerzos por escucharlo. Una de las actrices atribuyó este déficit al hecho desafortunado de hallarse en el sector de la platea opuesto a la zona del escenario donde los actores hablaban casi siempre, pero esta (a todas luces frágil) explicación técnica fue rápidamente aplastada por el responsable de la banda sonora con un argumento de verdadero calado filosófico: “Este es un espectáculo polisígnico”, dijo desde su impecable atuendo de dj, “y lo hemos hecho para que pueda entenderse incluso sin el texto”.

Al preguntar, más recientemente aún, a un creativo de publicidad si la extraña y creciente dificultad que yo experimentaba para entender un número cada vez más elevado de spots televisivos se debía a mi escasa conexión con la sensibilidad posmoderna o a la incompetencia narrativa de sus autores, obtuve la siguiente respuesta: “Ni lo uno ni lo otro. Hemos superado el viejo recurso de las mujeres sexys  enseñando los muslos desde el escote al bajarse del coche. Ahora construimos historias confusas para que usted no las entienda y vea el anuncio muchas veces, tratando de desentrañar un sentido oculto que en realidad no existe”.

 

Revista ADE-Teatro nº 104 (Enero-Marzo 2005)

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