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Artículos y noticias

Las trece rosas

01 de Octubre de 2006

 

Por Florencia Idiáquez.

El episodio de "Las trece rosas" es uno de los sucesos más tenebrosos y repugnantes de la inmediata postguerra española. En aquellos siniestros meses posteriores al fin de la guerra civil, la detención del responsable en Madrid de la JSU provocó el arresto en cadena de un numeroso grupo de muchachos entre los que había trece chicas. Siete de ellas eran menores de edad. Algunas pertenecían a las Juventudes Socialistas Unificadas, otras eran simplemente emisarias. Lo que sí compartían todas era su defensa de la República, su antifascismo y su deseo de alcanzar una sociedad más libre y más justa.

Aquellas trece muchachas al igual que sus compañeros masculinos, fueron salvajemente torturados siguiendo las técnicas que la Gestapo había enseñado a los franquistas, que incluían las descargas eléctricas. Fueron condenados a muerte el 3 de agosto de 1940 en un juicio militar sumarísimo, por "auxilio a la rebelión militar". Sería algo grotesco de no ser expresión del odio y la venganza que mostraban en toda su repugnante y siniestra ejecutoria sus verdugos, aquella mehala de criminales que se adueñó de España lanzando contra la ciudadanía las armas que custodiaban para su defensa.

Al amanecer del día 5 todos fueron fusilados en las tapias del cementerio del Este. En primer lugar los cuarenta y tres chicos, después las trece rosas. Una de aquellas jóvenes, Julia Conesa, dejó una carta escrita a su madre, con letra insegura y sentimientos de la más alta nobleza, que siempre me ha sobrecogido, en la que pedía: "Que mi nombre no se borre en la historia". Sabía que sólo se muere del todo cuando eres olvidado y todos ellos merecen un constante recuerdo. Las trece rosas eran Carmen Barrero Aguado, Martina Barroso García, Blanca Brissac Vázquez, Pilar Bueno Ibáñez, Julia Conesa Conesa, Adelina García Casillas, Elena Gil Olaya, Virtudes González García, Ana López Gallego, Joaquina López Laffite, Dionisia Manzanero Salas, Victoria Muñoz García y Luisa Rodríguez de la Fuente.

Esta historia estremecedora sobrecogió en su día a quienes leímos las primeras crónicas que se publicaron. El periodista Carlos Fonseca publicó en 2004 un minucioso relato y ha sido igualmente motivación de diferentes novelas e incluso a un espectáculo de danza teatro de la compañía "Arrieritos". Ahora Martínez Lázaro ha comenzado el rodaje de una película reconstruyendo dicho episodio. Un hecho así nunca debió suceder pero tampoco puede olvidarse. ¡Bravo por Martínez Lázaro!

Una historia como ésta hubiera podido ser ocasión de una gran obra literariodramática.  Quizás la exigencia de un gran reparto, el que no permite tratar cualquiera de las variantes temáticas de pareja, parejita o parejaza, que no haya lugar para que aparezca algún drogata mísero, etc., hayan sido elementos disuasorios. La existencia de una institución teatral pública, ocupada en la preservación de la memoria y alentada por el humanismo patriótico y democrático, hubiera podido alentar un proyecto así. Algo pasa porque no lo tenemos.

 

Revista ADE-Teatro nº 112  (Octubre 2006)

 

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