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Artículos y noticias

La LOE y las enseñanzas teatrales. Volver a empezar...

01 de Abril de 2006

 

Por Manuel F. Vieites.

Seguramente cuando este número de la revista ADE-Teatro llegue a las manos de sus lectores y lectoras, el Boletín Oficial del Estado habrá publicado ya la Ley Orgánica de Educación, que viene a sustituir a la Ley de Calidad. Una vez más, las noticias no son buenas para el campo de las enseñanzas teatrales. Una vez más, hemos de lamentar la atención escasa que se presta a las enseñanzas teatrales. La LOE reitera, de nuevo, la vieja discriminación negativa que han padecido las enseñanzas teatrales a lo largo de la historia educativa de este país. Y frente a las voces que seguramente dejarán sentir su malestar por las críticas que podamos formular a la acción de gobierno (como si fuese una deslealtad), hemos de señalar que diversos números de esta revista testifican que, con independencia de quien gobernase, siempre hemos mantenido la misma posición y el mismo discurso, porque entendemos que hay algunas cuestiones que, por su trascendencia educativa y sociocultural, deberían estar por encima de los credos políticos, y una de esas cuestiones es la regulación de las enseñanzas teatrales.

Lo dijimos en diversas ocasiones con el Partido Popular en Moncloa, cuando, por cierto, tantos y tantas callaban, o miraban para otro lado. Lo decimos de nuevo ahora, y con enorme pesar, con el PSOE en el poder. En líneas generales, seguimos como siempre (o peor). Pues, en efecto, no hay nada nuevo en torno a la necesidad de potenciar una mayor presencia en el currículo de Infantil y Primaria del área que denominamos Expresión dramática y que tantas potencialidades presenta en el desarrollo de competencias sociales, comunicativas o expresivas del alumnado, en el fomento de la creatividad, del pensamiento divergente o de la resolución de problemas. Pero tampoco hay nada nuevo en torno a la necesidad de potenciar una mayor presencia del área que denominamos Expresión teatral en Secundaria y Bachillerato, sobre todo considerando que se trata de una materia fundamental para garantizar la igualdad de oportunidades del alumnado que quiere cursar estudios superiores de Arte dramático. ¿Se han preguntado en el MEC dónde prepara las pruebas de acceso a esos estudios el alumnado de nuestros institutos? ¿Tiene ese alumnado las mismas facilidades que el alumnado que se examina de Selectividad? ¿Y si no tiene las mismas facilidades y oportunidades de preparación en los centros en que cursan Bachillerato, cómo se puede justificar esa discriminación negativa, esa conculcación del principio constitucional de igualdad de oportunidades?

Tampoco parece serio que, hasta el momento, no se hayan dado pasos para establecer estudios específicos de Formación profesional, a pesar de todo lo que se ha hecho desde el Institut del Teatre de Barcelona. Y no sólo no parece serio, sino que es sumamente preocupante que no se pongan en marcha titulaciones que sí existen en otros países europeos, lo que supone una clara discriminación de nuestro alumnado y de los trabajadores de los teatros, que se ven privados de optar a una titulación oficial, un hecho que no sólo impide su libre circulación por Europa sino que se puede convertir en un verdadero problema en su propio país. Más discriminaciones, y siempre negativas.

¿Cómo es posible que en materia de enseñanzas teatrales siempre estemos, no ya en el furgón de cola, sino inmovilizados en una estación por la que los trenes han dejado de pasar hace tanto tiempo? ¿Cómo es posible que los que gobiernan sigan empeñados en mantener, en el campo de la educación, aquellos cincuenta años de retraso que, desde hace tanto tiempo, nos separan de Europa? ¿Saben que los titulados superiores en Arte dramático son los únicos que no tienen posibilidades de ejercer la docencia, porque más allá de las propias escuelas superiores, las enseñanzas teatrales no existen en España? ¿Saben que en otros países sí existen, desde mucho atrás?

La LOE no nos deja como estábamos. Nos deja peor. Mucho peor, porque con ella se van nuestras esperanzas de cambio, esa ilusión tanto tiempo mantenida de que las cosas podrían cambiar algún día, mejorar algo, iniciar una ruta diferente. Nos deja con los mismos argumentos de siempre, pero un poco abatidos por el desaliento, convencidos de que, finalmente, ya no podremos ver cumplido aquel anhelo de regularización de unas enseñanzas que tanto podrían aportar en la consecución de aquel viejo ideal de una educación integral y transformadora, de una educación verdaderamente regeneradora. Nos deja sin esperanza, y profundamente defraudados. Y habrá quien piense que mejor estamos así, a ver si nos callamos de una vez y dejamos de dar la lata. Incluso, lo comentarán en privado. Pero no, no callaremos.

Las enseñanzas artísticas superiores siguen como estaban, en tierra de nadie. La LOE, en ese sentido, nada aporta a lo ya dicho en la LOGSE. Y la verdad es que en el MEC lo tenían fácil. Aquel soberbio informe del profesor Embid Irujo contenía argumentos suficientes para hacer las cosas de otro modo. Pero, o no se ha querido o no se ha sabido ir más allá. En esa dirección, en la LOE hay mucho papel mojado, y es que ni hay espíritu ni hay letra (en la LOGSE al menos había espíritu, aunque luego la acción de gobierno fue la que fue). En la LOE sólo hay vagas declaraciones de las que puede salir cualquier cosa, y la experiencia acumulada en todos estos años nos dice que es muy difícil esperar algo bueno. Y ese algo bueno sería lo razonable, incluso lo exigible, pero ya sabemos que lo razonable, en educación, como en tantas otras cosas, llega a España, insistimos, con cincuenta años de retraso. La verdad es que resulta sumamente difícil hacer tan poco. Las asignaturas pendientes en lo relativo a las enseñanzas teatrales se acumulan legislatura tras legislatura en demasiados ámbitos. En teatro, y en materia de enseñanzas teatrales, la convergencia con Europa sigue siendo una utopía.

Con todo, y pese a todo, seguiremos en la lucha, porque nuestras convicciones son fuertes y están asentadas en bases muy sólidas. Seguiremos insistiendo en lo tantas veces dicho, e incluso nos permitiremos añadir nuevas propuestas, porque creemos en lo que hacemos y tenemos la firme voluntad de trabajar por alcanzar los objetivos que nos hemos propuesto: lograr la plena regularización de las enseñanzas teatrales en toda su diversidad y heterogeneidad y en todos los niveles y etapas, en consonancia con lo que ocurre en los países más avanzados de nuestro entorno sociocultural. Y aún sabiendo que todo cuanto podamos publicar en estas páginas también es papel mojado no dejaremos de escribir y proponer, porque, en efecto, al menos, nos queda la palabra, algo a lo que jamás renunciaremos.

Sabemos que muchas de las cuestiones que comentamos o reclamamos en estas páginas causan malestar en el entorno del Ciudadano Presidente, el Sr. Rodríguez Zapatero, pero desde estas páginas siempre nos hemos pronunciado con respeto y educación, algunas veces con contundencia pero siempre con rigor, con tolerancia y manteniendo las formas y las normas básicas de convivencia. Y desde esas mismas premisas entendemos que nuestra función, como parte de la sociedad civil, consiste en opinar, en comentar y en proponer, y a nadie debe ofender el que lo hagamos así. Es una obligación y una responsabilidad a la que no vamos a renunciar. ¡Ya quisiéramos poder deliberar, en el ejercicio de los principios republicanos otrora vindicados y hoy tan olvidados!

Decíamos que la LOE, pese a tantos aspectos negativos posee algunas virtualidades, que habrá que aprovechar y desarrollar para seguir trabajando por la plena normalización de las enseñanzas teatrales, en toda su diversidad, que queremos imbricadas en todos los niveles y etapas del actual sistema educativo, desde la Educación Infantil a la Universidad. Por ahí tendremos que comenzar.

La LOE, en efecto, en el ámbito de las enseñanzas teatrales, nos deja mucho peor de lo que estábamos, pero la falta de iniciativa del gobierno en algunas cuestiones ha impedido que el desastre sea mayor (¡y podría llegar a serlo!). Las enseñanzas artísticas superiores siguen en tierra de nadie, afortunadamente, y, si hacemos caso a la letra de la LOE, al menos se podría llegar a crear un Consejo Superior de Enseñanzas Artísticas, un ente que tal vez pudiese crear un nuevo marco, superior, en el que ubicar esas enseñanzas, superiores, siguiendo aquellas interesantes propuestas de Embid Irujo. Tal vez, entonces, fuese posible imaginar la puesta en marcha de los Institutos Superiores de Enseñanzas Artísticas, con todo lo que ello supondría en la legitimación definitiva de esas enseñanzas y de los centros que las imparten. Tal vez..., porque las referencias veladas a la Universidad que se dejan sentir aquí y allá, en el articulado de la LOE, hacen temer lo peor.

Esperaremos pues, mientras velamos argumentos y razones, a que la LOE se promulgue y para entonces volveremos de nuevo sobre el asunto, con propuestas concretas.

 

Revista ADE-Teatro nº 110 (Abril-Junio 2006)

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