Volver al listado de noticias

Artículos y noticias

¡Ojalá que nos vaya bonito!

01 de Julio de 2008

 

Por Manuel F. Vieites.

Confieso que mi primer impulso fue titular está crónica con un somero “Por fin, la Ley”, pero conviene no precipitarse. Todavía queda un largo camino por andar antes de dar rienda suelta a las celebraciones, o a las lamentaciones. Es preferible recoger las palabras de José Alfredo Jiménez y con ellas formular un deseo de cambio, de transformación profunda con la que dejar atrás un pasado sombrío y encarar el futuro con ilusión y esperanza. Y que la Niña Blancade Hidalgo nos acompañe, que esta es una profesión periférica, arriesgada y atormentada.

El anuncio de que el Ministerio de Cultura, a través del INAEM, promoverá la elaboración de una Ley de las Artes Escénicas y la Músicaes una noticia excelente para la inmensa mayoría de las gentes del teatro. Como lo es, igualmente, el Plan Estratégico que ha elaborado el INAEM para el período 2008-2012, y que supone una declaración de principios e intenciones sumamente oportuna, por lo que debemos felicitar a los responsables de su redacción, comenzando por el titular del departamento, el señor Juan Carlos Marset.

En tal tesitura, evitamos pensar en clave de pérdidas o ganancias, porque está claro que con una buena Ley quien de verdad sale ganando es el Teatro; y si el Teatro gana, se supone que todas y todos saldremos ganando, en tanto esa Ley sirva para normalizar, regularizar y desarrollar el sistema, y caminar en la senda de la convergencia con Europa.

Entonces, no estaría de más señalar algunas cuestiones que tal vez puedan facilitar que lo que hoy es apenas una esperanza se convierta en una realidad en la que nos podamos reconocer y reconfortar. Son cuestiones de carácter conceptual y teorético, que debieran iluminar el proceso de concepción y redacción del documento. Señalaré, a modo de simple recordatorio, algunas de las más relevantes porque ya hay suficientes materiales publicados, algunos propios y muchos ajenos, como para afrontar ese reto con garantías de éxito.

En primer lugar, está la noción de sistema, en tanto las políticas de desarrollo de las artes escénicas o de la música no cabe concebirlas como actuaciones sectoriales o parciales, porque la historia de estos últimos años muestra que tales medidas no son suficientes para lograr objetivos estratégicos, ya que el desarrollo de una parte depende del desarrollo del todo, y viceversa. Como hemos podido ver tantas veces, la recuperación de un teatro puede acabar por no ser más que la simple restauración de un inmueble (política patrimonial), sin otra incidencia en el sistema teatral (política teatral) que el aumento del patrimonio arquitectónico del Estado, de una Comunidad Autónoma, de la Diputación, del Ayuntamiento o de la Cajade Ahorros de turno. En esa dirección, de poco sirven las medidas de apoyo a la creación si no se desarrollan medidas de fomento de la recepción, líneas de trabajo que incidan en la visibilidad y la valoración positiva del teatro. Una política teatral que se proponga el fomento de las artes escénicas y de la música debe tener, en consecuencia, una dimensión integral y global, porque el todo es mucho más que la suma de las partes. Y esa lógica sistémica, como ya se ha dicho, implica la participación de instituciones varias, desde el Ministerio de Cultura al Ministerio de Educación, desde las Comunidades Autónomas a los Ayuntamientos. Por eso es tan importante ese Pacto por el Teatro, o Pacto por la Cultura, que se ha reclamado desde estas páginas.

La participación del Ministerio de Educación resulta especialmente trascendental por cuanto la visibilidad del teatro depende de una política educativa que promueva tanto el valor pedagógico de la Expresión Dramáticay de la Expresión Teatral(como herramientas fundamentales en el desarrollo de competencias básicas y en la formación para la ciudadanía), como su incidencia en el desarrollo de hábitos de relación del alumnado con el acontecer cultural y de participación en el mundo de las artes y la cultura. El Ministerio de Educación todavía tiene pendiente la puesta en marcha de un proceso de normativización y regularización de la enseñanza teatral y de fomento de la presencia del teatro en los centros educativos, ámbito en el que España lleva un retraso acumulado de más de cien años, que ya es decir. La convergencia con Europa es, a día de hoy, pura utopía.

En segundo lugar, debiéramos recordar que el edificio teatral es un elemento central del sistema, desde el que se promueven o en el que convergen las interacciones de los elementos del mismo. La propia etimología del vocablo nos remite a ese lugar desde el que se puede ver, pero también define lo que se ve desde el punto de observación. Una de las medidas más necesarias para el desarrollo del sistema consiste en convertir los teatros, salas y auditorios, al menos los de titularidad pública, en centros de creación, en espacios en los que la compañía titular del teatro (que no propietaria) pueda desarrollar un proyecto estable para una ciudad o una comarca. Así ocurre en Francia, en Alemania, en los Estados Unidos de América o en Inglaterra. El lema ,“Un teatro, una compañía”, debiera informar e inspirar los trabajos de elaboración de la Leyy presidir las negociaciones, acuerdos y consensos entre las Administraciones Públicas, en las que debieran participar, además de los de Educación y Cultura, los Ministerios y las Consejerías de Trabajo, Innovación y/o Industria, en tanto estamos hablando de la configuración y consolidación de un tejido productivo que puede tener un rol fundamental en la generación de riqueza, material e inmaterial, bienestar y puestos de trabajo, sin olvidar las dinámicas de innovación e investigación ( I+D+i ). Y esto no es una idea propia; proviene, de antiguo, de las instrucciones de la Unión Europeaa propósito de la necesidad de potenciar el sector terciario, en el que sitúan los servicios culturales.

En tercer lugar, hay que establecer medidas efectivas para luchar contra la precariedad en el empleo y por la estabilidad, para desarrollar todos los bancos de trabajo que se puedan derivar de la regularización de la música y las artes escénicas, y de nuevo la idea de sistema nos parece especialmente relevante. Y aquí habría que vincular estabilidad con buenas prácticas, calidad y excelencia, porque la mejora permanente en la creación y la difusión es imposible desde la precariedad actual, y mucho menos la investigación o la innovación. Es aquí donde los Ministerios y las Consejerías de Trabajo, Industria, Ciencia o Innovación podrían promover líneas conjuntas de actuación, en consonancia con diversas directrices europeas que insisten en las virtualidades de la creación y difusión artística y cultural para generar puestos de trabajo y promover nuevas oportunidades de ocio y tiempo libre.

En cuarto lugar, es fundamental establecer líneas de promoción de nuestras dramaturgias: las presentes, las pasadas…, y las futuras. Poseemos un patrimonio literario de primera magnitud y una y otra vez nos vemos gratamente sorprendidos ante la recuperación de un autor que se había perdido u olvidado en los manuales de historia de la literatura dramática, sin olvidar a tantos autores o autoras que asisten impotentes al silencio escénico de sus creaciones. Como decimos en otro lugar, ese silencio sólo se podrá superar cuando los teatros sean espacios de creación.

En quinto lugar, se deben considerar políticas transparentes referidas a recursos humanos, de modo que para cada puesto se pueda contar con la persona más cualificada y adecuada, primando los principios de publicidad, mérito, experiencia y capacidad. Es necesario poner coto a la discrecionalidad en la provisión de puestos de trabajo, de terminar con la arbitrariedad en la designación de puestos de responsabilidad en la gestión de las estructuras e instituciones del sistema teatral; la función pública tiene mecanismos suficientes para adecuar los mecanismos de selección del personal a las necesidades del puesto a desempeñar. También es importante poner límites al desempeño de un cargo y establecer mecanismos transparentes en su renovación, como ocurre en todos los ámbitos de la administración pública, donde tienen una duración limitada, incluso en el número de las renovaciones.  

Finalmente, se hace especialmente necesario saber buscar los puntos de encuentro y las especificidades de los campos convocados: música y artes escénicas. La Leydebe atender las demandas de carácter general pero sin olvidar las demandas específicas, que ni son las mismas ni siempre son convergentes. Se precisa un trabajo de encaje muy fino dadas las complejidades de elaborar líneas de actuación que supongan una puesta en valor de los campos señalados que no fomente discriminaciones, ni positivas ni negativas, pero que atienda las necesidades reales de cada ámbito de creación y difusión, con planes estratégicos en cada caso. Y aquí pueden aparecer dificultades, si además se convocan o inducen corporativismos. Porque podría ocurrir que al amparo de la demanda de la creación de una compañía residente en cada teatro público, alguien diese en reclamar, por lo mismo, la creación de una compañía de danza o de una orquesta sinfónica en los mismos teatros.

Para llegar a la Ley, y para llegar a una buena Ley, queda un camino largo y tortuoso, pero será posible hacerlo con el apoyo y la colaboración de todas y de todos. Y que, al final, nos vaya bonito, bonito de verdad, por el bien de los teatros y para su arreglo definitivo. Buenas noches…, y buena suerte.

 

Revista ADE-Teatro nº 121. (Julio-Septiembre 2008)

Volver al listado de noticias