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Artículos y noticias

Elecciones generales: balance y conclusiones

01 de Abril de 2008

 

Por Juan Antonio Hormigón.

Por segunda vez he votado por correo en las últimas elecciones, pero fue la primera que no estuve en España la noche electoral. Mi hija Laura y su compañero Óscar Torrado bailaban dos días en la Opera de El Cairo y no me lo quise perder. Seguí el recuento en la residencia del director del Instituto Cervantes de allá, Javier Ruiz, acompañado de otros amigos. Después salí a hacer un breve recorrido por el Nilo para visitar los lugares emblemáticos del antiguo Egipto: Luxor, Karnak, Edfú, Abu Simbel, etc. No encontré periódicos españoles y no pude ver la Televisión Española Internacional. Tuve que conformarme con canales franceses e ingleses que apenas hicieron algún comentario poco relevante sobre España. Viví esos días pleno de apacible solaz, lejos de las chirimías chinchorreras que suelen acompañar los fastos electivos.

I

He querido empezar con este pequeño relato para que se comprenda que percibí el acto electoral y el recuento desde la distancia. Que conocí el resultado de la noche pero que después perdí todo contacto con lo que sucedía. Quizás gané en serenidad para poder hacer una evaluación ponderada días después, cuando el torbellino que siempre se produce en estos casos cediera en entusiasmo postizo.

El resultado electoral ofrece algunos balances evidentes: El PSOE ha sido el partido más votado con algo más de once millones de votos, seguido por el Partido Popular con más de diez. La diferencia entre ambos es de unos 900.000. La tercera fuerza más votada ha sido Izquierda Unida con un millón, seguida por Convergencia y Unión con 775.0001. A la vista de estos datos la primera conclusión es que ha aumentado la tendencia al bipartidismo, cosa nada estimulante desde luego.

No he establecido esta jerarquización de modo casual. Ese millón de votos ha dado a Izquierda Unida dos escaños, mientras con doscientos mil menos CiU ha obtenido once, el PNV con menos de la tercera parte (303.246), seis, y Esquerra Republicana de Cataluña con menos aún, tres. El partido recién escudillado, Unión Progreso y Democracia, obtuvo trescientos votos más que el PNV pero tan sólo un escaño, en tanto que el Bloque Nacionalista Galego con 209.000 obtenía dos y los mismos Coalición Canaria con 264.000, mientras que Nafarroa-Bai conseguía uno igualmente con tan sólo  62.000, cifra inferior a la alcanzada por la Coalición Andalucista que con 68.000 se quedó sin nada.

El cotejo de estas cifras demuestra por sí sólo que algo funciona incorrectamente en la democracia española. En un reparto de escaños que correspondiera a un sistema proporcional puro, el 3'80 % de IU le daría 14 escaños y a UPyD su 1'20 % le otorgaría 4 diputados, los mismos que al PNV. CiU con el 3'05 obtendría entre 10/11; ERC con el 1'17 % entre 3/4; CC con el 0'65 %, 2, y NA-BAI con el 0'24, ninguno. El 43'64 del PSOE se traduciría en 154 escaños y el 40'11 del PP en 140. Faltarían por redistribuir 17 diputados que corresponden a los restos de todos los demás partidos que participaron en las elecciones y no llegaron al 0'33 %, que es lo que se precisa para obtener un escaño. El reparto sería 8 para el PSOE, 7 para el PP, 1 para IU y otro para CiU. La distribución final daría 162 escaños al PSOE, 147 al PP, 15 a IU y 12 a CiU. Si se aplicara un umbral mínimo imprescindible para acceder al reparto aunque fuera del uno por ciento, dos de estos partidos quedarían fuera; si fuera el dos serían cinco; si el tres, que es el que rige actualmente en cada circunscripción, sólo restarían junto a los dos mayoritarios IU y CiU.

Los resultados obtenidos con la norma electoral que ahora existe son sin embargo bien distintos. El PSOE ha obtenido 169, el PP 153, CiU 11, PNV 6, ERC 3, IU 2, BNG 2, CC 2, UPyD 1 y NA-BAI 1. La comparación entre el supuesto proporcional y las cifras oficiales demuestra a las claras que existe una clara distorsión entre la voluntad de la ciudadanía a través del sufragio y la cruda realidad fruto de unas normas que lo falsean hasta la desfachatez.

No obstante, como es fácil observar, los partidos nacionalistas no modificarían prácticamente sus resultados, salvo que se impusiera el porcentaje mínimo. Los que se ven patéticamente lesionados en su representación son Izquierda Unida y Unión Progreso y Democracia. El primero tiene una implantación nacional y el segundo aspira a ella. Estas formaciones que tienden a propiciar la cohesión, son curiosamente en las que se ceba todo el negativismo de la ley electoral existente. También conviene señalar que el bloque de izquierda, PSOE e IU obtendría la suma de 177 diputados, lo que supondría su mayoría absoluta.

II

Es curioso que estas evidencias se han ocultado casi siempre al cuerpo electoral. Algunos hemos aludido a ellas en diferentes ocasiones sin que se haya escuchado a nadie. Ninguno de los dos grandes partidos ni tampoco los nacionalistas que se ven privilegiados, han puesto en marcha una reforma electoral consecuente. Quizá en las pasadas elecciones sea cuando más se ha tratado la cuestión porque esta disparidad entre votos y escaños resulta escandalosa e incluso indignante. Posiblemente la razón estribe en que desde sus inicios, nuestra democracia tendió a la implantación del bipartidismo y la ley electoral se diseñó para que cumpliera dicho propósito.

Ello ha venido acompañado de otro proceder ajeno al espíritu y la letra constitucionales. Nuestro sistema electoral plantea la elección de partidos que proponen sus programas a la ciudadanía. Por eso están previstas las posteriores consultas del Jefe del Estado con los diferentes grupos para escoger un candidato a las Cortes que presentará a la Cámara su proyecto de gobierno en la sesión de investidura. Casi desde los inicios del periodo democrático, la elección de partidos se ha visto escamoteada por la de líderes que los suplantan y oscurecen. Hace tiempo ya que un político español de muy alto nivel y que hizo un trabajo magnífico en la Transición y los primeros gobiernos del PSOE, me advirtió de una corriente que tendía a la conversión de algunos partidos en meros clubes o plataformas electorales para apoyar al líder. A la postre parece que esto es lo que ha sucedido.

Eso ha sido además lo que han impulsado los medios de comunicación, las televisiones sobre todo. El planteamiento no difiere demasiado de las confrontaciones futboleras entre los equipos que se considera grandes, por eso se habla casi solamente de ellos y los demás es como si no existieran a escala nacional. En esta competencia de líderes subyace el imaginario de la elección de un caudillo del que todo se espera y al que igualmente se puede vilipendiar como responsable de todo. Tratamientos de este jaez ejemplifican la tentación o aceptación de una nueva forma de absolutismo. Todo ello a la par abordado con una simpleza e incluso frivolidad que aleje cualquier tentación de que la ciudadanía adquiera cultura política o caiga en la nefasta manía de pensar. En este último proceso electoral ante los "cara a cara" de los dirigentes de los dos partidos mayoritarios, alguna televisión ha planteado apuestas respecto a quién sería triunfador en el envite, aunque fuera tan difícil y aleatorio establecerlo con certeza.

En cualquier caso los resultados de la jornada del día 9 de marzo nos hablan de que el PSOE ha sido la formación más votada, aumentando en unos cuarenta mil votos los obtenidos en 2004. El PP lo ha hecho en algo más de cuatrocientos mil respecto a entonces. CiU ha perdido alrededor de sesenta mil, el PNV ciento veinte mil, ERC más de trescientos cincuenta mil, viendo reducido su apoyo a menos de la mitad del que tuvo. Ha sido esta la caída más fuerte y significativa. También CC ha perdido más de setenta mil votos. El BNG y NA-BAI se han mantenido en los mismos guarismos. Algunas otras formaciones se han visto igualmente quebradas y han perdido el diputado que tuvieron en la pasada legislatura. EA ha descendido en treinta mil votos y la CHA en cerca de sesenta mil, quedando reducida a unos magros treinta y ocho mil votos.

Todo ello muestra un claro descenso de la mayor parte de las opciones nacionalistas, desde las más dialogantes a las más radicales y grotescas. No obstante es difícil colegir si nos hallamos finalmente ante un cambio de tendencia que nos aleje de no pocos delirios mendaces y reinstaure la razón y el sentido en este país nuestro. La concepción de la lógica diversidad que existe en España, no tiene por qué articularse en una ansiosa búsqueda de la diferencia como algo positivo. Siempre he pensado que es más fructífero para todos resaltar aquello que nos une, porque nos proporciona más cohesión, fuerza y capacidad para abordar los problemas presentes y futuros o para un desarrollo armónico de España.

También ha sido notable el descenso de IU en trescientos mil votos. A pesar del falseamiento del resultado a que hemos aludido, esta coalición ha visto reducirse su apoyo electoral de forma ostensible. Quizá han pesado sobre ella el clima de enfrentamientos internos que han trascendido. Muchos de sus electores puede que hayan pensado que se trataba más bien de reyertas por el poder que de auténticos debates políticos respecto a su táctica y estrategia. Quizá no se ha hecho visible en la pasada legislatura cuál era su papel en la política española, apostando por algunas cuestiones que el gobierno ha desdeñado. Quizá soñó con que la presencia de algunos rostros en la recta final le garantizaran un cierto número de sufragios. ¡Qué ingenuidad perseverante la de esta izquierda desde antaño!: los rostros le dijeron simplemente adiós, porque ya estaban en otra cosa que era "su cosa", por la que siempre se movieron. Por otra parte, la rama vascuence de la formación le ha hecho un flaco servicio con los pactos establecidos con ANV, lo que le han producido desdoro y pérdida de credibilidad.

Sin embargo es evidente que IU ha sido víctima de la llamada al voto útil: "¡Votadme a mí porque si no vienen los malos!", arguyen quienes lo plantean. El miedo al otro es un medio coyuntural que logra victorias pírricas aunque no afianza los valores cívicos de la ciudadanía. Ojalá dejemos de incitar al miedo, utilizar el denuesto y la descalificación del contrario, de apelar a cualquier recurso aunque sea de un catastrofismo mendaz y grotesco, y se abra el campo a la confrontación de programas, propuestas, soluciones para la mejor gobernación de nuestro país. Entre tanto, el torbellino del voto útil ha campado a sus anchas e IU se ha visto abandonada por no pocos de sus electores, que creyeron era lo mejor para oponerse a quienes consideraban peligrosos e incluso perversos. Claro que la idea del voto útil halla su fructífero crisol en los desafueros contables de la ley electoral, a la que aludo de nuevo por ser un instrumento para el falseamiento democrático.

III

En efecto, como he señalado anteriormente, en el origen de esta notable contradicción entre la voluntad popular expresada en las urnas y el número de escaños resultantes, se encuentra la ley electoral en vigor. A ella se debe el establecimiento de la circunscripción uniprovincial, en la que al margen del número de habitantes existe un mínimo de dos diputados por provincia; igualmente instaura el uso de la denominada Ley d'Hont para efectuar el reparto de escaños. En algunos casos esta normativa conduce a que un diputado "cueste" un número reducido de votos en unos casos y  muchos miles en otros.

Para cualquier ciudadano que posea convicciones democráticas veraces, las pasadas elecciones crean notables zona de duda e incluso sonrojo respecto a la condición del sistema. La ley electoral vigente se ha convertido en una forma de alterar y desviar el voto emitido por una parte de ciudadanía. En repetidas ocasiones he formulado la necesidad de cambiarla por otra que refleje de forma más veraz el número de sufragios obtenidos por las diferentes formaciones. Curiosamente los más interesados han guardado incomprensible prudencia respecto a la necesidad y urgencia de adoptar dicha decisión. La propia IU tan sólo ha aludido a ello en la pasada legislatura, pero no ha hecho campaña con razones y argumentos para que se cambiara. Ahora parece que se ha extendido la opinión de que modificarla es algo ineludible, pero permítaseme que tenga mis dudas respecto a si llegará a hacerse. La sociedad civil debería igualmente pronunciarse porque lo que está en juego es la legitimidad democrática que aun viéndose preterida puede ser evidentemente muy legal.

¿Fue un extraño azar quien fabricó esta ley? Nada más incierto. Su elaboración fue fruto de un calculado propósito de marginar a ciertas formaciones de izquierda, el PCE en su día, y tender paulatinamente hacia el bipartidismo. En el diseño de los ordenadores del Departamento de Estado de los Estados Unidos y puede que en alguna de sus agencias, que en tan gran medida manipularon nuestra transición, imponer una ley de estas características tenía una importancia suprema.

Esta información no tiene nada de secreta. En uno de los capítulos de una serie de TVE sobre los años de formación del Príncipe Juan Carlos de Borbón, apareció un personaje, creo que era Álvarez de Miranda aunque no estoy seguro, que habló sobre los encuentros del futuro monarca con diferentes aconsejadores. En una de las reuniones celebradas a tal efecto, el Príncipe mostró su inquietud sobre las consecuencias de introducir el sufragio universal en el proceso democrático que se preveía. Uno de los asistentes cuyo nombre también lamento no recordar, apostilló: "No es un problema; eso se resuelve con la ley electoral que se haga". El visionado de aquel programa puede informar de los nombres que he olvidado.

La Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General, sancionó aquello en los términos que he mencionado.  Las cuestiones relativas a la atribución de escaños están recogidas en su Título II, Capítulo III, Sistema electoral, y más en concreto en los Artículos 161-163. Estos son los que deben ser modificados para que el número total de votos de cada formación se refleje de forma más justa en el número de escaños. Fue algo premeditado y diseñado para que la izquierda no tuviera espacio, a la manera estadounidense.

La ley vigente no sólo tiende a reforzar el bipartidismo sino que posibilita la existencia de mayorías absolutas con un 48% de los sufragios emitidos, lo cual las convierte en relativas de forma notoria. Por otra parte, las experiencias que ha habido en España de gobiernos de mayoría absoluta, han creado en amplios sectores del país notables reservas e incluso rechazo a que vuelva a darse en las actuales circunstancias una situación similar. Es comprensible que los partidos consideren más cómoda y tranquila una situación así, pero para muchos ciudadanos representa un mal recuerdo y para la democracia fue siempre una ciénaga en la que la razón sucumbió con frecuencia.

Es cierto también que las mayorías de este tipo son necesarias para llevar a cabo grandes transformaciones sociales, pero hasta la fecha no ha sido utilizadas en este sentido. Más bien han servido para que pasara a primer plano la prepotencia de los gobernantes, cuando no a excesos de simple chulería barriobajera; de ausencia de control real de sus iniciativas y actuaciones o a la adopción de decisiones tan inicuas como embarcar a nuestro país en una guerra abyecta y monstruosa como la de Irak. No han sido las únicas.

Las elecciones abren una nueva etapa legislativa. Como es habitual siempre, cuando esta entrega aparezca es muy posible que exista ya un nuevo gobierno. Es una de las servidumbres a nuestra periodicidad. Esperemos que todo sea para bien.

 

 

Notas

1.- Las cifras están tomadas de la web del Ministerio del Interior con un 99'99 % del voto escrutado.

 

Revista ADE-Teatro nº 120 (Abril-Junio 2008)

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