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Artículos y noticias

¿Qué teatro privado?

01 de Abril de 2009

 

Por Antonio Urzainqui.

La crisis económica y su incidencia en las actividades escénicas, ha traído aparejada la aparición de algunos profetas de las soluciones atávicas, servidas como novedades y ajenas a los comportamientos habituales en Europa. Todos parecen alabar las virtudes del mercado, hablan del teatro como mera mercancía, plantean la externalización de funciones de los teatros de carácter público, etc. Es evidente que por lo que toca al último punto, lo que se esconde es un modo de apropiarse de los recursos; la excusa: salvar los problemas de funcionamiento laboral que derivan de unos convenios firmados en su día por políticos incompetentes e irresponsables.

El señor Xavier Marcé que tiene un mercado en la cabeza, portavoz estratégico de la empresa catalana Focus, se explaya en las páginas de una publicación dedicada a ofrecer informaciones y publicidad de espectáculos disponibles, en la defensa de un mercadeo escénico de corte neoliberal. No excluye en su exégesis que se eliminen compañías por asfixia o quizás porque no queden bajo la égida de su grupo, nunca en aras de solvencia y calidad contrastada de sus trabajos. El teatro como expresión artística no existe para ellos, tan sólo la condición de mercancía a la que se le reduce y la venta que genere. Sus opiniones no pasarían de eso, si no fuera porque oficia de asesor de entidades decisorias públicas gubernamentales, lo cual hace que sus planteamientos adquieran una entidad de envergadura mayor. Son como el licor que Claudio destila en el oído de su hermano, el viejo Hamlet.

¿Pero de qué mercado hablamos? ¿Cuál es el paisaje soñado para los defensores de dicha opción, en apariencia de estricta observancia? ¿Hablan realmente de mercado o de otra cosa que tiene ese aspecto pero que está muy lejos de serlo? Un suceso reciente arroja cierta luz sobre la cuestión.

El Teatro Zorrilla de Valladolid, propiedad de la Diputación vallisoletana, se ubica en la planza central de la urbe, frente al Ayuntamiento. Su estado deplorable aconsejó su restauración integral. Se demolió íntegramente en su interior para rehacerlo. El resultado ha sido una nueva Sala Principal de 532 localidades y una Experimental de 60.  A ello hay que añadir una serie de espacios como vestíbulo, cafetería, salas de reuniones, oficinas y una biblioteca. Se trata en definitiva, cuando se concluya, de un teatro a estrenar.

La Diputación ha decidido ceder mediante contrato una parte de las instalaciones a una empresa privada para que lleve a cabo su gestión, programación y explotación. Dos documentos determinan las condiciones, características y procedimiento de selección de la empresa agraciada. El primero es el "Pliego de cláusulas administrativas para la contratación de la gestión y explotación del teatro Zorrilla"; el segundo el "Pliego de prescripciones técnicas". De ambos extraemos los datos que seguidamente se ofrecen.

En síntesis, las cláusulas del contrato determinan que la empresa adjudicataria deberá proponer una "programación variada, destinada al público en general". No existe ninguna cualificación específica de la misma, sino que se refiere a "representaciones teatrales, espectáculos de danza, audiciones musicales, proyecciones cinematográficas y cualesquiera otros de naturaleza análoga". Se hace tan sólo una mención a que se valorarán "los espectáculos dirigidos con fines didácticos al público infantil”. De hecho la empresa que ha obtenido la concesión propone en su programación obras protagonizadas por Pedro Ruiz y Arturo Fernández, por ejemplo.

Sí establece los mínimos en cuanto a "tipos de espectáculos" en la Sala Principal: dos de danza, tres audiciones musicales, cinco teatrales, uno de teatro lírico y dos infantiles por año. No parece un requerimiento muy exigente en verdad. De hecho, nuevamente la empresa adjudicataria ha propuesto cuatro veces más películas, veinticinco, que actuaciones teatrales, seis.

El adjudicatario, leemos, "garantizará la programación de un mínimo de 100 días al año", de los cuales 60 al menos deben realizarse en la Sala Principal. El plazo del contrato es de 23 meses, prorrogable por otros tantos en las mismas condiciones. Por todo este servicio, utilicemos este lenguaje dadas las circunstancias, la Diputación pagará 1.341.666,59 euros (un millón trescientos cuarenta y un mil seiscientos sesenta y seis euros con cincuenta y nueve céntimos), IVA incluido. Además la empresa explotadora de la concesión, retendrá el importe íntegro de los ingresos de taquilla. Estos son los aspectos básicos de los documentos citados, que contienen muchos otros aspectos relevantes que son accesibles para su lectura en internet.

A la adjudicación de este contrato para la "explotación" del Teatro Zorrilla, se han presentado cuatro empresas: Iniciativas Teatrales de Enrique Cornejo, FOCUS-Pentación Valladolid, Esarte SL y Cinegar SL; Barranco Producciones junto a Rayuela Producciones y Teatro del Azar; y Plural Multimedia y Ocio SL de Enrique Salaverría. La puntuación mayor la obtuvo la empresa de Enrique Cornejo, 95'58 puntos sobre 100. Unos y otros hablan de irregularidades o de las características nada halagüeñas del proyecto presentado por la empresa adjudicataria, pero esas cuestiones toca dirimirlas a las otras empresas contendientes, a  los agentes teatrales de la ciudad, a los diputados provinciales de la oposición, al periodismo de investigación o a los electores en próximos comicios. Allá cada cual con sus responsabilidades.

A nosotros no nos preocupa cómo se conceden estas prebendas disfrazadas de contrato, sino el principio que pretende justificarlas. Esto no es mercado en su acepción más elemental sino la facilitación de un negocio privado con dinero público, algo de lo que tenemos sobrados ejemplos en los anales oscuros de nuestro país. Eso sí, expresa y define sobre todo lo que entiende por política cultural la Diputación de Valladolid. Como conclusión evidente ejemplifica la ausencia de compromiso con una cultura pública, que priorice la calidad artística y su dimensión cívica creadora de conciencia democrática.

Con el monto de lo que dicha institución destina a este contrato, podría crearse una entidad pública teatral, regida por criterios culturales específicos, orientada hacia  públicos diversos, que asentara puestos de trabajo para los profesionales de la escena y articulara un discurso que la definiera. Una entidad pública teatral que tuviera una autonomía responsable en su funcionamiento y estuviera regida por los principios de buenas prácticas que ya ha aprobado el Ministerio de Cultura. Que no fuera un juguete para el capricho o el halago de los políticos, sino un espejo cultural para la ciudadanía.

Entre tanto, vemos con estupor cómo se entrega un millón trescientos mil euros de dinero público -el de los vallisoletanos en esta ocasión-, a un empresario, a lo que se  añade el monto de la taquilla al completo, para que programe un teatro de propiedad igualmente pública sin criterios precisos. Esto no se ve, puedo asegurarlo, en ningún país europeo. Aquí unos cuantos mienten y lo ocultan, porque no son los intereses generales de la cultura lo que les mueve, sino el de los suyos particulares y sus negocios. Por eso en estas cosas somos el hazmerreír, digan lo que digan y se jaleen cuanto quieran.

 

Revista ADE-Teatro nº 125 (Abril-Junio 2009)

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