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Artículos y noticias

La ADE y la crítica teatral

15 de Mayo de 2011

Por Manuel F. Vieites.

Hace algunos años en una rueda de prensa celebrada en el Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela, asistí a un espectáculo verdaderamente sorprendente, protagonizado por una de esas personas que concibe el periodismo como chismorreo, como habladurías de patio de vecinos, algo a lo que ya muchos medios, mal llamados de información, están acostumbrando a los más, con lo que la esfera pública se está convirtiendo en un enorme despropósito en el que abundan chafarrinadas y trampantojos para solaz de la afición que, emocionada, no pide más madera, sino más carne, más sangre y más cornamentas. Estamos a un paso de la Italia del “bunga bunga”.

En aquel aciago día, una supuesta reportera de un diario supuestamente serio formulaba a Peter Brook una pregunta que poco o nada tenía que ver con las artes escénicas, y más, mucho más, con el chismorreo. El maestro inquirió a la intrépida exhibidora de tamaña sabiduría si no tenía cosas más interesantes que preguntar, ante la vergüenza ajena de muchos de los presentes, que no salían de su asombro preguntando por lo bajo qué quién era la poseedora de tan enjundioso verbo, pues, por lo demás, la susodicha se paseaba entre cajas y en la platea como si fuera la mismísima encarnación de Talía.

No es la única, hay mas, incluso abundan, para sonrojo de muchas otras personas que hacen un trabajo notable e incontestable. No hablamos de los críticos, pues; hablamos de personas totalmente ajenas al mundo de teatro, con muy poco conocimiento de las artes escénicas, a quienes, a lo sumo, se les permite publicar crónicas y reportajes, pero que, por lo mismo, se presentan como si hubiesen ejercido la crítica teatral desde siempre, cuando a lo más que han llegado es a publicar noticias que bien cabría tomar en consideración para mostrar qué es lo que ni siquiera es información teatral. En ocasiones incluso cabría utilizar esos trabajos para enseñar a los futuros críticos qué es lo que no cabe hacer en el ejercicio de la crítica.

Son muchas las personas que en España ejercen la crítica teatral, y no sólo en los diarios de algunas capitales (Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Bilbao…). Son muchos los espacios en los que esa crítica se publica y no sólo en los diarios de las dichas capitales, sino también en otros diarios, pero igualmente en semanarios, revistas de análisis cultural y político o en medios mucho más especializados. Considerar la crítica teatral, e incluso la literaria aplicada al campo de la creación dramática, como patrimonio de alguno de los citados medios, puede ser una insensatez, porque incluso en la red existen páginas con formato diverso dedicadas a crear espacios alternativos por los que fluyen ideas y propuestas muy atinadas.

La crítica de teatro es plural, y ofrece muchos registros y formatos discursivos. Tan legítima es la reseña que se publica en The New York Times como algún enjundioso análisis que podemos leer en The Drama Review. Se puede visitar el “theatreblog” del diario The Guardian para ver como las voces de los unos conviven con las de los otros. También se puede ver, a modo de ejemplo y sólo de ejemplo, la página de Matthew Freeman. Nadie puede pues arrogarse el título de crítico en perjuicio de otros y en beneficio propio, porque para empezar habría que preguntarse de qué hablamos al hablar de crítica y de qué al hablar de información. Cosas diferentes que no son lo mismo pero que requieren formación.

De lo que no hay duda es que en la Asociación de Directores de Escena de España hay una sección de “teatrología” en la que se agrupan personas muy variadas que tienen en su haber una larga trayectoria en el análisis crítico de espectáculos, en muy diferentes medios de comunicación y en muy múltiples revistas especializadas. Algunas son personas reputadas en tal oficio, su firma es de referencia en estudios referidos a las artes escénicas en España y sus trabajos figuran reseñados en muy diferentes investigaciones. No daré nombres, pero la simple lectura de los asociados y asociadas en la sección de “teatrólogos” puede poner sobre la pista al más despistado. Diré también que la crítica teatral, o de espectáculos, es materia objeto de docencia y aprendizaje en un buen número de escuelas de arte dramático de España, y no pocos asociados de esta casa ejercen como docentes en tales menesteres en las dichas escuelas.

Tal vez uno de los mayores logros de la Asociación de Directores de Escena de España haya sido lograr esa pluralidad de asociados, que permite que en muy diferentes tiempos y espacios esta asociación pueda celebrar encuentros, seminarios, congresos y otras actividades que destacan por la visión integral que se ofrece del hecho escénico, al punto de que la asociación destaca precisamente por no ser un órgano corporativista, sino más bien una institución de la sociedad civil que se precia de su defensa de las artes escénicas desde una visión global de las mismas, ajena a cualquier pulsión corporativa. Una buena muestra de ello son sus Bases para un Proyecto de Ley del Teatro, que tantas personas todavía debieran leer para saber de qué hablamos, y para que ellas mismas sepan de lo que hablan al hablar de ciertas cosas, y puedan hablar con propiedad de las Bases..., al menos.

Esta revista, que es una de las mejores revistas de teatro del mundo, y a las hemerotecas teatrales me remito y también remito a los incrédulos, es un buen ejemplo de cómo la asociación ha sabido crear espacios de encuentro, comunicación, reflexión y debate que para sí quisieran otras muchas entidades y agrupaciones, nacionales y extranjeras. Pero también es un espacio de reflexión sobre espectáculos y creadores escénicos, de información y divulgación sobre las mil y una cosas que convergen en lo teatral, si bien el discurso utilizado no sea el que le es propio a la columna de un periódico; y todo ello desde el respeto, la tolerancia y el apoyo a la divergencia, pues sabemos bien que el pensamiento divergente está en la base de la creatividad, tan vinculada con la serendipia, que no conviene confundir con la ocurrencia: diferencia entre caos y desbarajuste.

La Asociación de Directores de Escena de España se ha convertido, con el paso de los años, en una especie de “casa común” de gentes del teatro que, más allá de sus legítimos intereses personales, defienden un interés general, el pleno desarrollo del sistema teatral, campo en el que todos los ejercicios profesionales han de ser posibles y han de gozar de pleno reconocimiento y legitimación, entre ellos el ejercicio de la crítica teatral, ámbito al que esta revista ha dedicado varios de sus números. Y por ello, a lo largo del presente año, esta Asociación presentará un “código deontológico” que más allá de orientaciones prácticas, metodológicas o teóricas que pueda contener, también sirva para promover el pleno desarrollo de una más de las muchas profesiones que en España todavía esperan su necesaria normativización y normalización. Todo ello sin ánimo exclusivista, tan sólo como un necesario ejercicio de posicionamiento, propio y además exigible, en una entidad que cree en la sociedad civil, en la pluralidad y en la tolerancia. En beneficio de todos y de todas, de la crítica y del teatro, también de unos medios de comunicación que quisiéramos menos amarillos o amarillistas.

Hay quienes dicen que en la Asociación de Directores de Escena de España no hay personas que ejerzan la crítica, y hay quienes les hacen caso. Me pregunto entonces qué he estado haciendo yo todos estos años en Faro de Vigo, periódico en el que vengo escribiendo crítica literaria y de espectáculos desde principios de los noventa. ¿O es que una página en Jeu tiene más valor que una plana en Faro? En fin…

 

Revista ADE-Teatro nº 135 (Abril-Junio 2011)

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