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Artículos y noticias

El Teatro de la Comedia

01 de Octubre de 2015

Por Juan Antonio Hormigón.

Hace bastantes años, en 1998, siendo director general del INAEM Tomás Marco, el Ministerio de Cultura adquirió el Teatro de la Comedia de Madrid y lo incorporó al patrimonio público. Sus propietarios durante decenios habían pertenecido a la misma familia. Tirso García Escudero se convirtió en su empresario en 1899 y sus descendientes durante dos generaciones, lo administraron después.

No obstante el teatro tuvo desde sus inicios una ejecutoria importante. Se comenzó a construir en 1874 con el diseño arquitectónico de Agustín Ortiz de Villajos. Se inauguró el 18 de septiembre del año siguiente. La obra escogida para la ocasión fue El espejo de cuerpo entero que protagonizó Emilio Mario, y otras dos: El templo de la inmortalidad y Me voy de Madrid. El gran Emilio Mario (Granada, 1838 - Madrid, 1899), lo dirigió posteriormente durante años. Allí introdujo mejoras notables en la escenificación, siendo un connotado director de escena que caminó por la senda del realismo e incluso, en ocasiones, del naturalismo. Con él debutó una jovencísima María Guerrero, puso en escena obras de Pérez Galdós y Enrique Gaspar, y estuvo atento a incorporar al repertorio obras actuales y formas de organización ya experimentadas en Francia. Eso sí, todas las temporadas durante su ejecutoria se abrieron con La comedia nueva de Moratín, que era pronunciamiento y programa estético.

En 1986, el Teatro de la Comedia fue arrendado al INAEM para que fuera sede de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. El canon de arriendo no fue bajo. No obstante en 1998, la necesidad de hacer reformas estructurales en el edificio, propició que el Estado lo adquiriera en propiedad a un precio muy razonable, seguramente debido a las circunstancias que se habían concertado.

Tomás Marco además de ser un excelso compositor y una persona curtida en la gestión cultural, es un intelectual de gran altura y encomiable calado. Cursó estudios en Alemania en su juventud y eso le forjó una manera de entender la organización de la cultura que poco tenía que ver con la dominante en España. En algún caso me lo ha dicho de forma sencilla, tal como suele hablar. Igualmente me contó cierto día años después, en un estreno en el Circo Price, que la operación de la Comedia hubiera podido salir gratis al Estado si los responsables hubieran procedido con audacia. Él lo sabía bien porque suya había sido la iniciativa.

Con una concepción del Estado que quería quitarse de encima responsabilidades, más aún en el terreno de la acción cultural, algunos políticos puede que pensaran que aquello era un engorro, un compromiso más que les caía encima. El 30 de marzo de 2002 el teatro echó el cierre: había que someterlo con urgencia a un amplio plan de reformas. Las obras comenzaron pero nunca terminaban. Pasaban los años y los trabajos proseguían o parecían proseguir. Mas allá de que nunca se adjudicaron presupuestos adecuados, creo que hubo desidia y desinterés por parte de algunos responsables ministeriales. No todos, desde luego. Participé en una comida con uno de los ministros de cultura de antaño en el propio ministerio, a la que asistía el entonces director general del INAEM, y pude comprobar su interés porque los trabajos avanzaran a ritmo creciente. Era para él una cuestión prioritaria y así se lo hizo saber al director general que asentía.

Hubo desde luego más trabas de orden diverso y pudimos llegar a creer que la Comedia no volvería a abrir sus puertas en muchos años, o quizá que algún “iluminado” podía revenderla. No ha sido así para suerte de nuestro país, de los trabajadores del teatro y en particular para quienes creemos en la cultura y el teatro públicos, capaces de construir un repertorio, de ser espacios de indagación y ágoras cívicas para el encuentro de la ciudadanía.

También en este caso la dedicación de la actual directora general del INAEM, Montserrat Iglesias, ha sido decisiva. Gracias a su decisión y su tesón se han podido superar los últimos escollos y concluir la obra. Al fin, tras trece años de espera, el 20 de julio, el Teatro de la Comedia se presentó a los medios en un acto sencillo, que para alguno de nosotros estaba cargado de emotividad. La rehabilitación ha sido realizada por los arquitectos Araujo y Nadal.

La Compañía Nacional de Teatro Clásico cuenta de nuevo con su sede. El teatro en sí tiene sus virtudes y sus limitaciones, que obviamente la reforma no ha podido paliar. Está pendiente su dotación técnica completa. Pero se ha recuperado y puesto en funcionamiento el edificio para el patrimonio escénico público, se han construido nuevos y sugerentes espacios y todo ello constituye una noticia, no tengo duda, de extraordinario valor para nuestro empobrecido paisaje teatral. La CNTC se enfrenta a un nuevo reto pero a la par, a un estimulante impulso.

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