Volver al listado de noticias

Artículos y noticias

El IVA, pero no sólo el IVA

01 de Julio de 2013

Por Alberto Fernández Torres.

El informe que fue presentado el pasado mes de marzo, en un acto público celebrado en el Teatro Coliseum de Madrid, acerca de los efectos del incremento del IVA sobre los ingresos y la audiencia de las artes escénicas trajo consigo una alarmante sorpresa y tres positivas novedades.

La alarmante sorpresa no fue que, según el informe, estos efectos hubieran sido devastadores; sino que hubieran sido tan devastadores: una caída del 33 % en los ingresos netos y del 31 % en el número de localidades vendidas en el último cuatrimestre de 2012 respecto del mismo período del año anterior, con su correspondiente corolario en forma de reducción de puestos de trabajo, descenso de los ingresos por derechos de autor, disminución en las cuotas pagadas a la Seguridad Social, etc. La verdad es que era de esperar un drama, pero no una tragedia.

En cuanto a las novedades, al menos relativas, fue ver que en el acto de presentación del informe promovido por FAETEDA se dieron cita los representantes de una quincena de asociaciones profesionales, escenificando así un fuerte apoyo sectorial a las conclusiones del estudio; que la reivindicación del sector, en contra de lo que a muchos administradores públicos le gusta suponer y propagar, no estaba basada en argumentos cualitativos y en diversos “me parece a mí que”, sino en datos contrastables y elaborados por una institución experta; y que una de las principales conclusiones del estudio no fuera ya que la aplicación de un 21 % de IVA resulta una medida injusta, dañina, irracional y antisocial… sino, además, literalmente ineficaz y contraproducente en términos recaudatorios: en el cuatrimestre citado, la Administración consiguió del sector escénico unos ingresos por IVA de algo más de 6 millones de euros… pero incurriendo en una pérdida de recaudación fiscal de más de 9 millones en concepto de menores ingresos por IRPF, mayores costes de desempleo, menores ingresos por impuesto de sociedades, etc.

En fin, lo que era imaginable: con el IVA del 21 %, se ha hecho un pan como unas hostias a costa del sector y de la ciudadanía.

* * * * *

Cuenta la leyenda que un economista, llamado Arthur Laffer, tuvo la ocurrencia de pintarrajear hace 40 años una servilleta durante una cena mantenida con el jefe de gabinete del presidente Gerald Ford (otros dicen que con Dick Cheney, asesor del futuro presidente George W. Bush; bueno, tanto da). En ella, trataba de ilustrar a su contertulio de que hay un punto en el que un descenso porcentual de la presión fiscal da lugar a un incremento en términos absolutos de los ingresos fiscales, y viceversa.

Su dibujo tenía la forma de una limpia campana de Gauss, es decir, algo así como la silueta de la joroba de un camello. A la derecha del punto más alto de la joroba, el tipo impositivo sube, pero los ingresos absolutos disminuyen, porque el elevado tipo disuade más que proporcionalmente a los agentes que se ven afectados por él; a su izquierda, el tipo impositivo baja, pero los ingresos se incrementan, porque el moderado tipo incentiva más que proporcionalmente la actividad de los agentes afectados.

En todo caso, y para que se hagan ustedes idea del espíritu que anima a Laffer, añadamos que, a finales del pasado mes de mayo, el sujeto fue portada del diario “El Mundo” declarando que “un solo Gobierno lo ha hecho muy bien en España: el de Aznar”. No sé si me entienden.

Obviamente, cualquier análisis no lineal de los fenómenos físicos, sociales y económicos (es decir, cualquier análisis serio de los fenómenos físicos, sociales y económicos) pone en solfa la curva de Laffer. Pero es que, además, la curva de Laffer dice que “hay un punto” en el que lo anteriormente expuesto ocurre, pero admite también que es incapaz de señalar, de manera siquiera aproximada, dónde se encuentra ese punto. Vamos, que la curva de marras es tan útil cómo decir que en el mes de diciembre lloverá en España, aunque no sabemos ni el día ni la hora.

En todo caso, lo curioso que puede venir al caso de este rodeo un tanto pedante es que la curva de Laffer, esa receta liberal urdida para justificar las bajadas de impuestos, puede valer también para explicar por qué el brutal incremento del 8 % al 21 % en el IVA que se aplica actualmente a los espectáculos escénicos en España (efectuado, por cierto, por el Gobierno de un partido que se reclama más o menos liberal) ha tenido un efecto fiscal contrario al que se quería conseguir. Parece, en efecto, que el tipo impositivo se ha situado en esa hipotética parte de la hipotética curva en la que el incremento de la presión fiscal da lugar a un paradójico descenso de los ingresos fiscales (de todas maneras, no nos hagamos ilusiones: el Ministerio de Cultura dirá siempre que la recaudación por IVA se ha incrementado en más de 6 millones de euros gracias al tipo impositivo del 21 %… al margen de que el coste fiscal de esos 6 millones haya sido de 9 millones: poner dos cosas en relación no resulta ejercicio fácil ni para un político, ni para un economista ultraliberal).

* * * * *

¿Hace falta decir que me sumo con todo entusiasmo y convicción a la exigencia de que se reduzca el IVA del sector escénico? Digo yo que no, creo que no y espero que no.

No obstante (y hablando así, sólo entre nosotros), advierto algún género de sombra en los argumentos que son subyacentes o que se han añadido a la reivindicación sectorial anteriormente mencionada. Me refiero, ante todo, a la sugerencia realizada de que el tipo del 21 % se baje hasta fijarlo en un 10 %, es decir, dos puntos por encima del que tenía antes del Real Decreto-ley 20/2012, de 13 de julio, que era de un 8 %.

Ya se me alcanza que la sugerencia se debe seguramente a la comprensible intención de formular una propuesta posibilista, pero lo cierto es que supone corregir una salvajada (21 %) para caer en un disparate (10 %), porque ya el 8 % anterior lo era. Como bien ha informado la propia FAETEDA, en estos momentos sólo Portugal (13 %), Finlandia (10%) e Italia (10 %), entre una muestra ampliamente representativa, compuesta por una docena de países de la eurozona,  aplican a la venta de localidades de teatro un IVA que iguale o supere el 10 %.

Yo no creo que el 21 % sea una medida injusta, dañina, irracional y antisocial. Lo que resultaba injusto, dañino, irracional y antisocial era el sistema impositivo que se aplicaba al teatro antes del 1 de septiembre de 2012; entre otras cosas porque, además, era excesivo, redundante y transmitía a la sociedad un concepto del teatro como mero bien de consumo. Lo que hay desde el pasado 1 de septiembre no es injusto, dañino, irracional y antisocial, sino simplemente una salvajada que transmite que el teatro es algo así como un bien superfluo o de lujo. Y por cierto, a fin de ser ecuánimes, recordemos que hubo varios Gobiernos socialistas que heredaron y mantuvieron sin pestañear ese sistema fiscal injusto, dañino, irracional y antisocial (según se ve, no me cansaré nunca de calificarlo como tal).

Que un Gobierno del PP trate al teatro como bien de lujo, mal está, pero es algo coherente con su ADN ideológico. Pero que un Gobierno socialista lo considerara un mero bien de consumo, no merecedor del IVA superreducido que se aplicaba a otras actividades culturales, resulta contradictorio con la ideología que ese Gobierno supuestamente mantiene (o con la supuesta ideología que mantiene, lo que ustedes prefieran).

* * * * *

En cualquier caso, a riesgo de no resultar simpático, permítanme que vaya un poco más lejos. Por realista y constructiva que parezca, en la propuesta de volver al 10 % (de “volver”, nada de nada, porque seguiríamos sufriendo un incremento del IVA) parece agazaparse la ilusoria e incomprensible ambición de regresar a los “good old times” de antes de la crisis, como se decía hace un par de años en medios financieros. Digo ilusoria porque, de una vez por todas, conviene que seamos conscientes de que, después de no menos de seis años de crisis y recesión, en nuestro sector nada volverá a ser como antes (quizá mejor, quizá peor; pero, desde luego, nunca igual); y digo incomprensible porque ¿qué tenían de maravillosos los “good old times”, al menos para la mayoría de los profesionales del sector, que nos hace suspirar ahora con tanta nostalgia?

Añadamos algo más. Entre 2009 y 2011 (es decir, antes del 21 % de IVA), las artes escénicas ya habían perdido 40 millones de euros de ingresos y 3,5 millones de localidades vendidas. Digamos también que en el primer año d.c. (después de la crisis), los datos “macro” del sector mostraron un sorprendente aguante que no fue aprovechado, ni por propios ni por extraños, para abordar eso que los economistas llaman untuosamente “reformas estructurales”. Y acabemos mencionando que el propio informe encargado por FAETEDA reconoce que hasta un 40 % del descenso registrado en los ingresos durante el último cuatrimestre del año 2012 se debe a causas diferentes del incremento del IVA, descritas por cierto con bastante imprecisión.

* * * * *

De modo que sí, que el IVA, pero no sólo el IVA. Bien está que el sector haga suya y común una reivindicación que no sólo es justa, sino eficaz. Pero no pensemos que el problema se agota ahí.

Dicen los economistas keynesianos —nada que ver con Laffer, ojo— que las reformas estructurales deben ser abordadas en tiempos de bonanza, porque las que se hacen en tiempos de crisis (que es cuando habitualmente se abordan), no las haces, sino que te las hacen. Ni en tiempos mejores, ni justo después del estallido de la crisis, cuando pareció haber unos meses de respiro, se hizo gran cosa al respecto; ahora se sufren las consecuencias.

No es fácil determinar cuáles puedan ser todos los “otros factores”, IVA aparte, que están haciendo que el sector se desangre desde hace varios años. Conocemos algunos muy relevantes: el descenso general del consumo privado, la reducción de presupuestos culturales, los impagos de ayuntamientos, etc. Sin embargo, rara vez metemos en la ecuación el que la ciudadanía no tenga la sensación de que el teatro esté siendo en estos años, al menos de manera generalizada, una vía para reflexionar sobre la crisis, sus consecuencias y sus posibles salidas; una vía para desvelarlas; y una vía para conseguirlas. Y, sin eso, su destino será convertirse a medio plazo, esta vez de verdad, en mero bien de consumo.

Bien está, ya se ha dicho, hacer de la reducción del IVA una causa común. Pero, si es sólo para tratar de volver a los “viejos y buenos tiempos”, para ese viaje sobran alforjas.

Volver al listado de noticias