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Artículos y noticias

Un paradigma del sistema

07 de Febrero de 2013

Por Juan Antonio Hormigón.

Gerardo Díaz Ferrán es un paradigma de lo que produce el sistema en su conjunto. Su imputación y arresto, una suerte de hundimiento en la profunda umbría del tánatos civil, se produjo por haber sido acusado de múltiples cargos que son bien conocidos, por lo que no voy a recrearme y enumerarlos de nuevo. Se añade a una larga lista en la que se incluyen los complicados en tramas de diversa factura y los que a título individual y/o con ayuda de otros, han montado auténticos mecanismos de expolio del erario público, fraudes fiscales, aprovechamiento doloso de sus connivencias con políticos venales, alzamiento de bienes, evasión de capitales, etc.

Lo de Díaz Ferrán adquiere sin embargo la condición de paradigmático por haber sido quien fue: presidente de la CEOE, la organización de los grandes empresarios, patronos o emprendedores, si se les prefiere llamar así, de España. Un individuo que fue elegido por sus congéneres de oficio en su Walhalla, y que se promocionó como dirigente máximo de la pandilla de empresarios prepotentes y rapaces. Los poderes políticos lo respetaban y sostenían sin pudor y rubor, tanto el PSOE como el PP. Un apoyo notable era el de Arturo Fernández, el presidente del empresariado madrileño. Persona de modales toscos y perfil de gañán trajeado, que no dudaba en su día en manifestar sus alabanzas hiperbólicas a Esperanza Aguirre por sus hachazos neoliberales.

Dos frases de Díaz Ferrán han quedado grabadas en la memoria de quien la tiene: “Para salir de la crisis hay que trabajar más y cobrar menos”, es la primera perla engastada en laureles de cinismo. La segunda: “La mejor empresa pública es la que no existe”. ¡Estupendo! De pronto, escucho en TVE a un economista energúmeno de la derecha tosca: “Díaz Ferrán no es un empresario, era un hombre que cultivaba las relaciones con políticos para sacar dinero, subvenciones y contratos… No era un empresario”. ¡Acabáramos! ¡No ganamos para sorpresas! Ahora resulta que no era un empresario… con lo cual el sistema ha cometido un error electivo pero no de substancia. El sistema siempre procura salir a flote, aunque en este como en otros casos, sea el que consiente y alienta su existencia, justamente porque es su substancia. Lo lleva en la masa de la sangre, que diría Unamuno.

Lo cierto es, digan lo que quieran los oportunos exculpadores de profesión, que este modelo de empresario que abomina de lo público porque quiere arramplar con todo el erario que le sea posible; “porque puede hacer el mismo servicio más barato”, dicen; es un personaje muy común. También lo tenemos en el teatro. Porque todo esto es únicamente para la obtención de beneficio personal o empresarial, no por interés general, y ese propósito se jalea y se elogia como un bien y una conducta ejemplar.

Por eso la supuesta baratura es tan sólo coartada que esconde la privatización y el negocio para lo que no debe ser tal. Así está sucediendo con la sanidad o la educación. Pero en el teatro igualmente. Un importante festival “externalizó” en su día la gestión. El empresario, para acrecentar su beneficio, sustituyó la plancha de escena de tres centímetros por otra de uno y medio. El problema surgió cuando se bailaba encima y en un salto de los que se hacen en ballet clásico -¿por qué saltarán si tampoco hace falta?-, el suelo se quebró y la bailarina sufrió una lesión seria. Pero los políticos concesionarios no exigieron responsabilidades a quien se ganó una perras disminuyendo la seguridad y la calidad en el trabajo.

Las famosas frases de Díaz Ferrán se completaban con el “todos sufrimos la crisis”, se lo oí decir, y de inmediato recabó comprensión para los pobres empresarios que lo pasan tan mal. Él se refería, claro está, a los grandes, a quienes le colocaron en la presidencia de la CEOE, no a todos los trabajadores que deben hacerse empresarios porque no tienen más remedio.

La expresión “todos sufrimos” ha hecho fortuna. Se repite una y otra vez para ver si alguien la cree, como si fuéramos tontos de baba. Pero ciertamente las capas populares y las clases medias, las que están pagando con sus impuestos la deuda bancaria y los desmanes de los grandes emprendedores, sufren en una escala que va desde el paro pertinaz hasta la reducción abrupta de sus sueldos y otras minucias. Pero los sectores de prepotencia económica, en absoluto: la venta de productos de lujo no ha descendido, ni sus bonos, ni sus festejos, ni su tren de vida. Y unos cuantos de esa casta se están haciendo de oro e incrementando sus fortunas.

Diaz Ferrán aparece en el imaginario popular incauto, como la imagen de quien se ha hecho a sí mismo. Son las mitologías que exhibe el sistema. Comenzó de cobrador de autobús a los doce años y acabó como gran empresario: copropietario y presidente de viajes Marsans. Hasta lo hicieron doctor honoris causa por la Universidad Miguel Hernández de Elche, ¡a dónde hemos llegado! Eso sí, el pasado 4 de diciembre, el Sindicato de Estudiantes de la UMH solicitó al rectorado que le retirara dicha distinción subrayando que no se podía "tolerar que se galardone a los culpables de la privatización y consecuente destrucción de la universidad pública desde la misma".

Su compinche Ángel del Cabo, fontanero de origen reconvertido en tiburón financiero y liquidador de empresas, es un caso parejo. Apariencia de señor solvente y de firme seriedad. Según dice su secretaria, una de sus frases predilectas era: "Haz lo que te digo o si no a la puta calle", cuando encargaba algo manifiestamente ilegal. La documentación que se le ha incautado es inaudita.

Estos personajes se nos han presentado como triunfadores, son los que han forzado la reforma laboral y esta aplicación de un neoliberalismo zafio y cruel, del que sólo se proyecta miseria humana, destrucción de bienes públicos que hemos creado gracias al esfuerzo de todo el pueblo, y sangrar implacables al erario público mediante procedimientos múltiples. Ellos se consideraban los más listos, pero esta vez los han pillado. No seamos optimistas que cualquiera sabe...

Por último, también ellos se consideraban liberales, de los que entienden el término como la libertad de hacer lo que les viene en gana para su propio beneficio. Al menos los cortejaban los políticos que así se definen, como si fueran benefactores de la ciudadanía y no quienes entierran sus logros sociales. Los que pretenden reducir el Estado al ejercicio de funciones de policía y defensa, pero poco más. Aunque ellos cobran pingües salarios del Presupuesto, con demasiada frecuencia con ignorancia notoria, pereza evidente e incompetencia en las funciones de las que son responsables. ¡Pobre liberalismo, en qué cenagal te han sumido los que tanto te evocan!

Díaz Ferrán y los que actúan como él, los que siguen su ejemplo, son la parte acerba y cruel, prepotente y desfachatada de esta sociedad y el sistema dominante. Son los que señalan a diestro y siniestro para ocultar sus débitos, sus oprobios y sus desmanes. Son los enemigos intrínsecos de la cultura porque su influjo puede hacer que los siervos se transformen en ciudadanos y acaben con su ignominia. A lo más compran cuadros para convertirlos en mera mercancía. Por eso me parecen el paradigma del sistema que padecemos.

 

Revista ADE-Teatro nº 144, Enero-Marzo 2013

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