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Artículos y noticias

Las peculiares explicaciones del señor Lassalle

03 de Diciembre de 2012

Por Juan Antonio Hormigón.

Escribo este editorial poseído por el dolor del cercenamiento cultural que amenaza mi país. Me debato entre la cólera y la depresión y sé que debo evitar ambas. Quizá lo propio sería hacer una “carta abierta” al señor Lassalle, Secretario de Estado de Cultura, pero aunque a él me dirijo prefiero no hacerlo de ese modo. Cuando escribo estas líneas veo su rostro un tanto compungido y detrás emerge como un espectro el holograma del señor Montoro, tan sonriente y dicharachero como de costumbre, siempre preocupado por “levantar a España”.

Puede que el problema radique en lo que el señor ministro entiende por lo que es España y lo que pensamos de ello algunos millones de españoles. Porque el señor Montoro representa día a día tan sólo los intereses de aquellos a quienes dedica sus desvelos: los grandes bancos, las grandes fortunas, las grandes empresas nacionales y transnacionales, antiguos y nuevos socios personales, a aquellos avispados que buscan hacerse con la privatización de los servicios públicos, etc.

El señor Lassalle compareció el día 8 de octubre en la Comisión de Cultura del Congreso de los diputados, y allí expuso las líneas maestras del Presupuesto de la Secretaría de Estado, dentro de los Presupuestos Generales. Su intervención no fue banal ni frívola en ningún sentido. Es persona de solvente formación intelectual y no vacila en mantener actitudes intelectuales dignas, sobre las que hizo reiterado hincapié en su discurso.

Hay una suerte de axioma inicial en su intervención, que puede consultarse en el Diario de Sesiones del Congreso, y que comparto plenamente: “la cultura ni es un lujo ni es algo prescindible, sino que (…) es una necesidad cívica”. Bien es verdad que establece de inmediato algunos límites: “que, eso sí, cede ante otras más urgentes e imprescindibles de atender en estos momentos, como son las pensiones, los subsidios de desempleo o las becas”. La afirmación inicial queda relativizada de inmediato y podríamos argüir: ¿Se dedica a eso realmente el dinero que se recorta a cultura? ¿No existen otros segmentos menos incardinados es nuestro ser nacional para hacer recortes? Por último: ¿Por qué recortar y no incentivar?

La exposición del señor Lassalle fue a la par un rosario de justificaciones por los recortes, así como de referencias a la distribución del presupuesto en sus diferentes apartados. Pero también de propuestas un tanto enfáticas respecto a un cambio de modelo respecto a la incentivación cultural. En todo momento defendió que no eran razones ideológicas las que movían tanto recortes como cambio de modelo. No voy aquí a entrar en pormenores sobre el asunto pero me sorprende que un profesor como él de Historia de las ideas y de las Instituciones, ignore que la ideología es consubstancial al individuo, y define su consideración del mundo y sus formas de comportamiento. En cualquier caso, por muy elemental que dicha ideología pueda ser, se trata de una cuestión compleja tanto en su configuración como en su mecanismo de instigación sobre los actos de la persona, que con frecuencia son contradictorios.

En definitiva, y esto es algo notorio, el señor Lassalle se define a sí mismo como liberal, por encima de cualquier otra orientación política o ideológica, y ese rasgo lo considera además esencial para salir de la crisis. En su libro Liberales.Compromiso cívico con la virtud (Madrid, 2010), escribe: “ante la mayor crisis de las últimas décadas urge recuperar la virtud y los valores, una tarea para la que los liberales están mejor capacitados que nadie…”.

Seguro que esa afirmación orienta sus acciones como Secretario de Estado. No obstante confío que la alusión a la virtud, tan ligada al mundo de la Ilustración, no se refiera a su vertiente moral sino a la intelectual, la que se configura mediante la capacidad de aprendizaje, diálogo y reflexión en la búsqueda del conocimiento verdadero, tanto en su dimensión teórica como práctica. De no ser así podría propender al fanatismo, cosa que parece harto difícil habida cuenta de la condición intelectual y el hábito de tolerancia que supongo caracterizan al señor Lassalle.

Mucho habría que decir en torno al concepto de liberal, término cambiante desde el punto de vista histórico y de una versatilidad ahora evidente, según a lo que se aplique e incluso al territorio geográfico en que se emita. Pero no hablaré de eso ni de aspectos diferentes de su intervención, me centraré en aquellas cuestiones que afectan directamente a nuestro trabajo y al de otras entidades similares a las nuestras. Lo expuesto por el señor Lassalle pone en grave riesgo la existencia del leve tejido cultural que logró construirse a duras penas. Aunque planteara que “no hay más camino que afrontar con entereza cívica el contexto actual, dar la batalla a una realidad llena de dureza y dificultades, pero arrimar todos el hombro para sacar adelante el extraordinario talento creativo de España”. Mucho nos tememos que, como es habitual, unos pongamos el esfuerzo y otros sigan casi como siempre.

 

Las subvenciones nominativas

En consecuencia voy a centrarme en cuestiones planteadas por el señor Lassalle que afectan a muchos, y en particular a la Asociación de Directores de Escena de España. Sus comentarios más ácidos y acervos se dirigieron contra lo que denominó el “modelo de política cultural anterior”, supongo que atribuyéndolo a los gobiernos del PSOE. Un modelo, dijo, “inflacionado por inversiones planteadas -y lo digo así- a golpes electorales, sin contenidos sostenibles en el futuro, opaco en su financiación pública, deudor de clientelismos basados en subvenciones nominativas otorgadas sin ningún tipo de control ni transparencia, desasistido de redes de circulación, debido a la compartimentación competencial, y gravado por costes de gestión inflados por tutelas inaceptables de patrocinio político”.

Más adelante, al hilo de este asunto, añadió:

“Las subvenciones nominativas, cuyo largo listado era este en legislaturas pasadas (muestra un documento), y que evito tener que mostrar para que evidentemente algunos no vean el tactismo político presupuestario que caracterizó el trabajo de subvención que se desarrolló como política cultural y las directrices que marcaban estas en legislaturas pasadas, se subordina ahora a un modelo de subvención en concurrencia. El motivo de esta reorientación es que el régimen de subvenciones nominativas, que la ley establece como excepcional y extraordinario, se había generalizado”.

Contundente sin duda en sus juicios, el señor Lassalle dirigió sin embargo las baterías con fuego rasante, supongo que sin saberlo, hacia gobiernos sustentados por su propio partido, el PP, antaño. Le hablaré de nosotros: En 1998 planteé al Subdirector de teatro, Eduardo Galán, la conveniencia de establecer una subvención nominativa para la Asociación de Directores de Escena (ADE). Tras dieseis años de existencia y habiendo cumplido escrupulosamente con largueza los compromisos contraídos, consideraba que aquello era conveniente y necesario. Nos permitiría conocer el monto de la aportación del Ministerio, aumentar nuestra estabilidad y de ese modo diseñar de modo más preciso un programa de actividades y un presupuesto.

Galán, persona de teatro a la postre, me escuchó atento y me dijo que era un momento oportuno. Estaba de acuerdo con mi planteamiento pero además existía un contencioso con las ayudas del Ministerio en Cataluña que estará en la memoria de quienes lo padecieron, y este era un mecanismo para solventar el problema. Concluyó diciendo que lo iba a plantear y me respondería.

El director general del INAEM era en aquel entonces Tomás Marco, que además de soberbio compositor e intelectual sólido, conocía muy bien la estructura cultural y teatral alemana por haber vivido en aquel país. El Secretario de Estado de Cultura era Miguel Ángel Cortés, con quien mantuve posteriormente una excelente relación y que asistió e intervino en varios actos públicos de la ADE. Por último, la ministra de Educación y Cultura era Esperanza Aguirre y el Presidente del gobierno el señor Aznar.

Por cierto que un alto cargo ministerial me comentó algo que ahora conviene recordar. La señora Aguirre llegó al Ministerio con la intención de acabar con las asociaciones de los segmentos culturales por asfixia, negándoles las pertinentes contribuciones. La razón primaria era que se habían opuesto a la política cultural de su gestión en el Ayuntamiento de Madrid. Según testimonió el sujeto de la confidencia, todos le hicieron ver que no era conveniente ni apropiado, que esas entidades eran los interlocutores con los que tenían que hablar.

Al cabo de poco tiempo se concretaron algunas subvenciones nominativas entre las que estaban nuestra ADE, la Asociación de Autores de Teatro (AAT), la Asociación de Revistas Culturales de España (ARCE) y pocas más. Todas eran entidades sin ánimo de lucro, de larga trayectoria y probada solvencia, con dimensión nacional y proyección internacional.

Las subvenciones nominativas al menos en nuestro ámbito, han tenido un gran control y transparencia, y el Secretario de Estado debía saberlo. En todas se exigía la presentación el programa anual de actividades a realizar y un proyecto económico de gastos e ingresos previstos. Igualmente se incluía una “Memoria” de todo lo realizado el año anterior, los certificados de estar al corriente del pago de la seguridad social y las obligaciones tributarias. Así mismo había que justificar el gasto realizado mediante facturas legalizadas. En los últimos tres ejercicios las cuentas han debido presentarse auditadas. ¿De donde saca el Secretario de Estado su idea la “ausencia de control y transparencia”?

Desde 1999, a lo largo de catorce años, la ADE ha mantenido escrupulosamente sus compromisos derivados de la subvención nominativa. En todos los casos hemos hecho más de lo que figuraba en nuestro programa, porque a lo largo del ejercicio surgían nuevas posibilidades. Surgían porque existíamos. Sería muy conveniente que el señor Lassalle no olvidara este aspecto crucial de la cuestión. Nunca hemos tenido el más mínimo reclamo por estos ni otros motivos.

Nuestros recursos propios han cubierto una parte del presupuesto superior a la que usted plantea. Hemos pagado el IVA y el Impuesto de sociedades del que no fuimos eximidos. La subvención nominativa nos permitía asegurar nuestra existencia estable. Gracias a ello hemos desarrollado acuerdos y programas con otras entidades públicas, sociales y privadas para proyectos específicos. Incluso un relevante grupo empresarial español colaboró con nosotros, era una forma de mecenazgo que también favorecía a Juventudes Musicales o la Asociación Colegial de Escritores, por ejemplo. Desgraciadamente hace unos años, hubo un cambio de objetivos y todas las colaboraciones concluyeron. ¡Ay!

Desde antes, la ADE se había definido a su vez como una entidad que junto a su condición asociativa profesional y de cultura, había orientado su cometido como empresa cultural. En consecuencia, además de los desempeños propios de nuestra condición societaria, hemos mantenido relaciones internacionales amplias, desarrollado programas de formación, seminarios y encuentros de reflexión escénica, dieciséis congresos hasta la fecha, proyectos de investigación que han desembocado en publicaciones diversas, etc. Así mismo hemos contribuido al debate cultural y teatral, siendo las aportaciones de mayor calado el Proyecto de Ley del Teatro, que elaboramos y presentamos en 2006; y el Código ético para los directores de escena de 2004.

En otros aspectos de nuestra actividad, hemos creado puestos de trabajo directos de contrato permanente, otros muchos indirectos, además de trabajos de colaboradores puntuales. Pusimos en pie en su día, en 1989, nuestra editorial Publicaciones de la ADE, que cuenta con 225 títulos en sus seis colecciones. Muchos de nuestros libros se incluyen en las bibliografías de los estudiantes de arte dramático en España e Iberoamérica. Hemos aglutinado una biblioteca de más de 13000 obras individuales y revistas, especializada en literatura dramática y teoría, práctica e historia del teatro. Disponemos además de una página web rediseñada hace un año, y vamos a iniciar en breve la edición de libros digitales.

Por otra parte creamos la Revista ADE-Teatro, que cumple ahora 26 años de existencia y alcanza su número 143, con cinco entregas anuales. En 2001 le fue otorgada la “Medalla de oro” por un jurado internacional en la Bienal de Libros y Revistas de Teatro de Novi Sad, la más importante en su género a escala mundial. La revista es desde luego el emblema máximo de nuestra entidad, nuestro medio de expresión y nuestro espacio de estudio y reflexión.

Siento cierto rubor al verme obligado a exponer todo esto que es bien conocido y constatable, pero sus afirmaciones me llevan a pensar que usted desconocía estos pormenores, de otro modo, dada su probidad intelectual, estoy convencido que las hubiera matizado sin duda.

 

Las propuestas del Secretario de Estado

En el apartado de soluciones o propuestas, el señor Lassalle argumentó de modo parecido, aunque lo que propuso no fuera muy estimulante:

Primero:

“Con carácter general, el ajuste presupuestario plantea la necesidad de evolucionar hacia un sistema más transparente y objetivo de apoyo a la cultura. Se apostará por un apoyo económico a la cultura a través de un modelo de subvenciones en régimen de concurrencia”.

Segundo, que no es repetitivo por azar:

“Con carácter general y siguiendo la línea de reformulación del modelo que les exponía, se reconduce el sistema de concesión de subvenciones nominativas y se invita a las entidades anteriormente beneficiarias a participar en las convocatorias pero solo en régimen de concurrencia y cuando pongan en marcha consignaciones presupuestarias oportunas recogidas en el presupuesto para 2013”.

No quiero caer en ninguna “ofensa intelectual” como usted pidió a los diputados, pero utilizando un refrán castizo le diré que para este viaje no se necesitan alforjas. Se trata del sistema viejo y abierto a la arbitrariedad y puede que a mucha menor transparencia, con mayor posibilidad de caer en el amiguismo o el clientelismo político. La concurrencia general a que usted alude, priva de existencia estable a entidades que llevan muchos años demostrando su probidad, la entidad de su labor y el esfuerzo para llevarla a cabo.

Es encomiable su preocupación por la transparencia, señor Lassalle. Pero no es el mundo de la cultura el que más la precisa, menos aún porque las cantidades concedidas en esas subvenciones nominativas tan demonizadas por usted, son en líneas generales muy modestas, salvando algunas excepciones.Lo que no ha sido transparente en nuestra España es el funcionamiento de diferentes bancos y cajas, de entidades contratadas por partidos o administraciones públicas para el expolio del erario público, de subvenciones millonarias a otros segmentos de la economía, etc. Lo que también es cierto que las donaciones de empresas o particulares a partidos políticos, no pasan por el tribunal de cuentas… ¿No cree que convendría algo más de transparencia?

Tercero: En su respuesta al diputado de Izquierda Unida, señor Yuste, usted aseguró:

“Si usted echara un vistazo a todas estas subvenciones nominativas que han estado operando en este país, a instituciones y a fundaciones, que yo algunas ni las conozco, pero recibían su dinerito, como comprenderá, vamos a ahorrárnoslo, porque no sé si aquí existía realmente política cultural. A lo mejor inflaban la cifra, como las aldeas de Potemkin, pero no sé si realmente se estaba haciendo política cultural”.

Las palabras del señor Lassalle, no carentes de desdén, son injustas ante todo. Es preciso decirle que si existían instituciones o fundaciones que no cumplían con sus programas o estos no tenían la dimensión cultural requerida, era responsabilidad de los gobernantes controlar su fiel cumplimiento y establecer una ponderada valoración de los programas propuestos. Cuando el subdirector de teatro de aquel entonces, señor Galán, me pregunto qué es lo que quería, yo le respondí: “Que se nos valore por la entidad de nuestro trabajo”. Eso quisiéramos siempre y casi nunca lo hemos conseguido.

Por eso no considero lícito meter en el mismo saco a todas las entidades que tenían nominativas, como hace el señor Lassalle. Las hay posiblemente que tengan algún problema de los que apunta, pero el hecho de que no conozca a unas cuantas no puede ser causa por sí sola de su admonición. Quizá no lo sepa todo. Hay políticos y cargos públicos competentes y honrados: los hay honrados pero incompetentes; los hay competentes pero corruptos y los hay incompetentes y corruptos. Nuestro deber cívico es no confundirlos a todos y meterlos en el mismo saco, con el soniquete de que todos son lo mismo. Usted señor Lassalle, arroja la admonición y la sospecha sobre todas las nominativas sin ser capaz de establecer las diferencias. Como respeto su condición intelectual, debemos deducir que se debe a táctica política y no a ignorancia.

Cuarto: Casi en el mismo tono en otra respuesta:

“La mayor parte de las subvenciones nominativas y los gastos de fomento que le he descrito antes no van a las industrias culturales, iban a instituciones que no tenían mucho que ver con las industrias culturales”.

No sería nuestro caso, señor Lassalle, que al tener una editorial y una revista que comercializamos, entraríamos en el apartado de “industria cultural” tal como usted y otros denominan y a nosotros nos repugna hacer. Otras entidades no responden a ello y sin embargo merecen ser respetadas. La pregunta que debemos hacernos es si son necesarias, si sirven para constituir y mantener el tejido cultural.

Aprovecho para decirle que en los presupuestos presentados por usted, se conserva sin embargo la “nominativa” a la Asociación de Victimas del Terrorismo para “actividades culturales. Aparece reseñada en el apartado “Promoción y cooperación cultural”, valorada en 300.000 euros (este año fue de 370.000). No creo que el Secretario de Estado considere industria cultural a dicha entidad. Por otra parte, en el presupuesto del Ministerio del Interior, en el Programa 131M de la Dirección y Servicios de Seguridad y Protección Civil, se contemplan dos partidas, la 480 y 483, para subvenciones para asociaciones y fundaciones de víctimas del terrorismo, con 880.000 y 18.592.700 euros respectivamente. Los de la nominativa de cultura son para ellos una propina.

 

La réplica de las oposiciones

Los diferentes grupos de la oposición debían dar la réplica, e incluso, por qué no, proponer alternativas a las propuestas del Secretario de Estado. La lectura de lo que dijeron en el Diario de Sesiones, muestra a las claras que no fue así. Todos cayeron en generalidades, no opusieron ninguna cifra diferente ni ningún planteamiento conceptual distinto. Incluso aceptaron las comparaciones del presupuesto de cultura con Francia, porque seguramente lo desconocían. Esto de la cultura exige estudio y planteamientos igual que la sanidad o la educación. Lo más retrógrado es considerar que las cosas se producen de forma espontánea.

Con todo, el representante de Izquierda Unida intentó mantener la dignidad en su cuestionamiento. La de Convergencia y Unió se limitó a reclamar cuestiones locales, es lo habitual. El episodio insólito lo protagonizó Torres Mora, portavoz de cultura del Grupo socialista. Este diputado por Málaga pretendió hacer un discurso de fuste con referencias al “infierno” de Dante, creyó que bastaba con los lugares comunes habituales y las verónicas de un verbalismo pretencioso, y sobre todo se arrancó con el parágrafo que sigue:

“Estoy muy de acuerdo con lo de cambiar las subvenciones nominativas por subvenciones concurrenciales. Le felicito, le animo y me parece que ese es el buen camino y lo mismo que puedo estar en desacuerdo con usted en otras cosas, en esta estoy de acuerdo, y si encima tenemos que hacer de la necesidad virtud, pues hagamos virtud de verdad, y me parece muy bien, pero, ¡ojo!, no nos hagamos trampas en el solitario nosotros. Una cosa es que las subvenciones nominativas se transformen en concurrenciales y otra cosa es que desaparezcan. Esto es como lo de la materia, que ni se crea ni se destruye, sino que se transforma. Bueno, pues no, aquí desaparece. Una cosa es que se transformen las nominativas en concurrenciales y otra es que desaparezcan y ese es un detalle que en física sería relevante”.

De verdad que después de leer esto no tengo palabras. Dando muestras de una ignorancia supina, del desprecio al trabajo de mucha gente durante muchos años y del esfuerzo por construir tejido cultural, este individuo apoya sin más una decisión injusta y discriminadora, cuyo calado no sabe y cuya idoneidad desconoce. Tengo derecho a dudar de que se hubiera leído los presupuestos. Como ciudadanos quisiéramos saber si el PSOE maneja criterios parecidos, si el partido al que pertenece apoya esta conducta, porque es verdaderamente desolador. Leyendo estas palabras oigo con mayor nitidez los gritos de la calle: “¡Que no, que no nos representan, que no!” Ellos sabrán a donde quieren ir.

No se queje usted señor Lassalle, con una oposición así puede usted decir lo que quiera porque tendrá sólo las respuestas que marque el guión. Parece que la teatralidad de la política parlamentaria haya llegado al máximo de ficción y al mínimo de contenido.

 

Final

Mucho tendría que argumentarle respecto al mecenazgo, pero lo dejo para otra ocasión por la notabilidad que el tema tiene para usted. En definitiva, con el mayor respeto créame, me permito decirle señor Lassalle, que la distribución del presupuesto y las medidas que usted ha propuesto anuncian una auténtica masacre para la cultura española.

Desde hace muchos años vengo estudiando las formas de organización y financiación del teatro europeo y asistiendo a encuentros y festivales en Europa. En nuestra revista hemos dejado testimonios de todo ello. ¿Usted cree que la famosa “marca España”, como a ustedes les gusta decir, se potenciará algo con lo que nos propone? ¿Usted cree que el microteatro, con todo respeto hacia quienes lo practican, puede ser ejemplo del teatro español? El problema reside, ya lo expresé hace mucho tiempo, en que los que nos dedicamos al arte escénico seguiremos aquí y usted un día se marchará para ejercer otros desempeños, pero el daño que ahora se haga nos hará retroceder casi medio siglo y destruirá lo que se ha podido construir.

Nunca hemos querido ser aduladores de los responsables políticos. Ellos deben hacer su trabajo, entendemos, y nosotros el nuestro como parte de la sociedad civil cultural. Desgraciadamente los titulares de los cargos públicos han preferido casi siempre la adulación de gentes, en general, carentes de respetabilidad y solvencia. Nosotros hemos preferido mantener la reflexión y el análisis antes que la adulación banal. Creemos que de este modo cumplimos con nuestro deber intelectual y patriótico. Estas líneas están escritas con estas intenciones y a ello nos atenemos.

Revista ADE-Teatro nº 143, Diciembre 2012

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